¿quién es mi madre?

Capítulo 2

En la dirección de la secundaria estaban los gemelos, y el señor Rafael los miró furioso al verlos, y luego de que el Director le explicara lo que había sucedido, les dijo:

—¿En qué estaban pensando? Ustedes saben bien que me es difícil salir del trabajo para venir aquí, ¿Cuál de ustedes empezó el pleito?

—¡Él! –dijeron al unísono, señalándose en uno al otro.

—Vamos muchachos, no tengo tiempo para esto, ¿por qué se estaban peleando?

—¡Por tu culpa! –dijo Julián.

—¡Eso no es cierto! –dijo Esteban.

—Cálmense ya, a ver Julián, ¿por qué es mi culpa?

—¡Nos abandonaste! ¡Te fuiste de la casa!

—Eso no es cierto, yo no los abandoné, aquí estoy nada más me llamaron.

—¡Quiero que te vayas! ¡No quiero verte más! –dijo Julián, saltando de su silla.

—Yo no sé qué les habrá dicho su madre.

—Ella no nos ha dicho nada –dijo Esteban.

—Vámonos para la casa, creo que debemos hablar.

—¡Yo no voy contigo a ningún lado! –dijo Julián.

—¡Camina de una vez Julián o no respondo!

—No seas necio –dijo Esteban–, no es momento de retar a papá, vamos a la casa a ver qué está pasando.

Comenzaron a caminar hacia el automóvil y se dirigieron a la casa. Julián salió corriendo y entró azotando la puerta. Teresita se asustó por el ruido, y más aún al sentir como Julián corría furioso hacia su cuarto. Rafael entró junto con Esteban y miró preocupado y molesto a su esposa.

—Ve a buscar a tu hermano, tenemos que hablar –dijo Rafael con voz firme.

El chico caminó apresuradamente a su habitación, y comenzaron a oírse los gritos de Julián negándose a salir.

—¿Qué fue lo que pasó? –preguntó Teresita.

—Se pelearon en la parada del autobús y en la escuela, y todo por tu culpa, ¿qué les dijiste?

—Yo no les dije nada, no sabía si te arrepentías y regresabas.

—No me mientas, tú los estás poniendo en mi contra, me haces culpable de nuestro fracaso.

—¿Nuestro fracaso? Tú eres el que ya no soportas vivir con nosotros.

—¿Con nosotros? No metas a los niños en esto.

—Tú los metiste ayer cuando te fuiste en la noche.

—Ahora resulta que el hecho que me acuses de tener una amante, no tiene nada que ver con que me haya hartado de ti. ¡Yo me estoy matando para darles la vida que tienen!

—Entonces vete, yo cuidaré de mis hijos sin tu ayuda.

—¡¿Tus hijos?! –gritó Rafael–, por favor, ellos son ¡mis hijos!, en cambio solo uno de ellos es tuyo.

—¿No somos gemelos? –dijo Esteban con lágrimas en los ojos.

Los padres intercambiaron miradas y Teresa vio con odio a su esposo, y él se acercó a Esteban para hablarle.

—Claro que son gemelos, lo que pasa es que me gusta fastidiar a tu madre.

—¿Es por eso que somos diferentes? Los gemelos siempre son iguales.

—Eso no es cierto –dijo Teresita–, a veces nacen gemelos de sexo diferente, y como nacen al mismo tiempo de la misma madre, se le llama gemelos aunque sean diferentes.

—¿Es por eso que se separaron? ¿Por qué uno de nosotros no es su hijo?

—Los dos son mis hijos –dijo Rafael.

—¿También somos tus hijos mamá? Papá dijo que uno de nosotros no lo era.

Los ojos de Teresita mostraron que su respuesta al decir que sí no era cierta. Julián rompió a llorar, corrió hacia su habitación y cerró la puerta con llave, ante la mirada confusa de su hermano Julián.

 



M.R.Fernandez

#1570 en Otros
#533 en Relatos cortos
#81 en No ficción

En el texto hay: familia, gemelos, adn

Editado: 31.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar