Recordando a mis crush

PRIMER STRIKE (EDITADO)

Realmente este chico me estaba ganando en todos los sentidos, también era un niño por dentro, así como yo.

—Muéstrame tu biblioteca y soy toda tuya

—Lamentablemente no tengo biblioteca, pero… ¿tal vez funcionen éstos deliciosos sándwiches que preparé con mis manos? —Sonrió sacando dos sándwiches de la canasta de pic nic.

—Mmm… no, lamento decir que sin biblioteca el síndrome de Estocolmo no funciona, pero gracias por el sándwich. —Le dije frunciendo la nariz y negando con la cabeza.

—Al menos lo intenté. —Dijo tirándose en el césped.

Me uní a él, recostándome en el césped, cerré mis ojos y puse las manos entrecruzadas sobre mi estómago.

—Es realmente relajante aquí—Le dije suspirando.

—Me alegra que te gustara, la mayoría de chicos lleva a sus citas a cines o a lugares concurridos, donde no se puede hablar, aquí, aunque estemos callados podremos sentir que estamos el uno al lado del otro.

Tomó mi mano y la agarró contra su pecho. La sorpresa hizo que jalara mi mano atrayéndolo hacia mí.

Con su rostro a 5 centímetros del mío no escuchaba nada, sólo el palpitar de mi corazón. Sentía su aliento olor a café. Se acercó sonriendo y luego se detuvo a un milímetro de mis labios.

—No olvides que soy un caballero— Dijo retirándose poco a poco de mi rostro, con una sonrisa maliciosa en sus labios.

Yo quedé en shock, muda y pálida.

—Ahora ¡Despierta! —Me sorprendió lanzando una uva que sacó de la canasta.

—Ah, resultaste chistosito—Respondí lanzándole otra uva que pudo atrapar con la boca.

Continuamos toda la tarde riendo y dándonos cuenta cada vez más que no teníamos muchas cosas en común, pero podíamos estar horas hablando, sin aburrirnos el uno del otro.

Subimos a su coche para retornar a nuestras vidas rutinarias. La verdad es que me habría encantado congelar este momento para siempre.

Llegamos a mi casa y llegó el momento de despedirnos.

—Espero que la hayas pasado tan bien como yo, porque me la pasé increíble. —Sonrió y tomó un mechón de mi pelo para ponerlo detrás de mi oreja.

Le encantaba jugar con mis sentimientos a este hombre, ¿Acaso no se daba cuenta qué estaba despertando en mí? —Bastardo…

—La pasé mejor de lo que imaginas— Le dije lo más seductora posible.

—No me pruebes, ya te dije que soy un caballero— Sonrió maliciosamente.

Le sonreí de vuelta y lo imité poniendo uno de sus rizos detrás de oreja. —Hasta pronto—Le dije abriendo la puerta del coche, me bajé y antes de cerrarla le dediqué una sonrisa.

Él me devolvió la sonrisa y agito sus dedos en señal de despedida.

No movió su carro hasta que yo entré a mi casa. Realmente merecía llamarse caballero.

Cuando por fin entré a mi casa y supe que se había ido pude deslizar mi espalda lentamente por la puerta, hasta llegar al suelo, y suspirar profundamente. Sí, así es, como una colegiala enamorada.

No me culpen, les dije que era la segunda vez que alguien me invitaba a salir y no podía creer que ésta vez todo había salido perfectamente.

Sabía que me estaba emocionando muy rápido, pero… al demonio las cosas buenas hay que disfrutarlas mientras duren… porque puede que mañana ya no estén.

Lunes 8:00 am…

Las clases, tan normales como siempre.

No me malinterpreten, era una buena estudiante, sólo que algunas materias no eran mi fuerte, y realmente me apetecía pasar de ellas.

Llegó la hora del puente entre clases, y fuimos con Daria a almorzar. —Adela no compartía las clases de ese día con nosotras.

—Y bueno… ¿Cómo va el asunto con Doggie? —Sonrió pícaramente levantando las cejas y pinchándome en las costillas con sus dedos índices.

—Auch, auch. — Me quejé de los dedos puntiagudos de Daria.

—Te cuento si paras de hacer eso. —Dije cubriendo mis costillas de sus ataques.

—Es que nunca me cuentas nada si no te saco la información yo misma. —Me imputó con ojos de cachorro regañado.

—Sabes que eso no es cierto, por eso eres una de mis mejores amigas. —Le respondí cruzando los brazos en ademán de regaño.

—Pero haber, cómo te lo puedo explicar. Es un chico demasiado perfecto— Me cubrí el rostro con las dos manos

—Ay, vamos que no creo que sea para tanto— Puso los ojos en blanco.

Y tenía razón, tal vez no era como yo lo estaba viendo, pero ya tenía decidido que iba a disfrutar mi historia, así fuera breve o durase un buen tiempo.

—Tal vez tienes razón, pero es un chico diferente a los que estoy acostumbrada. Dije, y en ese momento sonó mi celular con un mensaje de texto.

“Espero que podamos salir de nuevo”

Puse el dorso de mi mano, flexionando los dedos sobre mis labios para ocultar mi sonrisa.



Magic_girl

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En el texto hay: chicklit, crush, primer amor

Editado: 14.06.2020

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