Recovery

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Dilruba:

Por suerte había llegado temprano, los chicos me habían apoyado con algunas cosas que no entendía y que Luu no había alcanzado a explicarme, según sabía, el pequeño había nacido tres semanas antes de lo previsto, sin embargo, se encontraba perfecto, eso era algo que me daba mucho gusto.

El día había transcurrido normal, me había divertido mucho, a pesar de los dos accidentes. Los becarios se habían portado súper bien conmigo, e incluso habíamos quedado de salir el fin de semana ya que pagaban el viernes.

- Adiós Dilu –dice Amanda, una de las becarias tras despedirnos en la puerta del edificio.

- Adiós Mandy, Ethan, Jake –alzo la mano para decirles adiós, tenía un mensaje de uno de mis ex compañeros de la facultad, decía que necesitaba verme, seguro se había enterado del accidente.

- Hola Dilruba –la voz de un hombre me distrae del móvil, volteo a verle y me doy cuenta que me parece conocido, aunque no podría decir de dónde.

- Hola, ¿cómo sabe mi nombre? –pregunto alzando una ceja–, ¿quién es usted? –Por extraño que pudiese parecer, no tenía miedo de él.

- Soy Atum, quizás no te suene de nada mi nombre pero, si me acompañas al parque, te explicaré todo con lujo de detalle –me sonríe amable, era joven pero, hablaba y se movía como alguien mayor.

- Esta bien, y sólo voy porque no siento que vaya a dañarme –digo mirándole seria, además tenía mis habilidades, eso me daba ventaja.

- Vamos –me sonríe divertido, seguro no esperaba tanta sinceridad. Asiento y comenzamos a caminar, comenzaba a sospechar que ese compañero de la universidad, era este hombre extraño.

Me siento en una de las bancas frente a una pequeña fuente, recién comenzaría el espectáculo de la fuente danzarina.

- Entonces, eres Atum y me enviaste ese mensaje, no te recuerdo de la facultad así que imagino que no es así, aunque la verdadera pregunta es, ¿qué quieres? –le miro observar la fuente con atención.

- Soy Atum, Dios creador de todos los Dioses y de todas las cosas, y tú mi pequeña Dilruba, eres la nueva Diosa de la Esperanza y las segundas oportunidades, escogida por la antigua Diosa, Umet –dice con calma, asiento, quizás de ella era la voz que escuche en aquella ocasión–. Ella sabía por todo lo que habías pasado, además de lo mucho que tu madre creía que estarías bien, jamás perdió la fe y se dio cuenta que tú, entre muchas personas entenderías lo que se sentía la desesperación y la sensación de pérdida –me mira con una expresión tan serena, que no puedo evitar sonreír.

- Cuando ayudo a alguien, al escuchar como suplican y como piden, me pregunto si así habrá sonado mi madre, entonces no puedo evitar intervenir, sólo que no puedo evitar apartar la vista de quien me necesita, supongo que eso es parte de mi trabajo, ¿no? –sonrío de lado, él asiente.

- Ella sabía también, que tu sentido de la justicia sería fuerte e inquebrantable, y tenía razón, fue por eso que se te permitió ser una Diosa humana, algo que juré jamás permitir pero, Umet era una mujer sabía, habría confiado mi vida sin dudar –sonríe con nostalgia, ¿podría ser que ellos...?

- Gracias pero, no creo que sólo hubiese venido a decirme eso, ¿o sí? –pregunto arqueando una ceja, él ríe y niega.

- También perspicaz –sonríe mirando a la fuente, ahora cambiaban de color mientras daban pequeños brincos–. Cada año, en la temporada de cambio, que es como le llamamos al tiempo dónde la tierra pasa de fértil a infértil, ustedes suelen llamarle otoño –se encoge de hombros divertido–; como decía, cada año organizo una reunión con todos los dioses, y bueno, eres parte del grupo, así que vengo a entregarte esta invitación –me extiende un pergamino, de esos antiguos que suelen verse en las películas, lo tomo y noto lo suave que es–. Ahí informo que presentaré a un nuevo Dios, o sea, tú –ríe ante la obviedad.

- Estaré encantada de asistir, ¿debo usar algo en específico? –pregunto jugando a darle vueltas al pergamino.

- Sí, me gustaría que usarás esto –aparece una caja grande de color perla con un precioso moño negro, se veía bastante elegante.

- ¿Puedo saber qué es? –pregunto curiosa, quizás tendría alguna petición rara en mente.

- Puedes verlo llegando a casa, te pido que uses cada prenda aquí adentro, después sabrás porqué –dice serio, asiento, sentía mucha curiosidad–. El fin de semana vendrán por ti, sabrás al instante quién es mi enviado –sonríe poniéndose de pie–. Ha sido un placer conocerte Dilruba, espero con ansias la celebración de Cambio –toma mi mano y deja un casto beso, asiento y le veo desaparecer.

Cojo la caja y me pongo de pie, sentía que algo grande se acercaba, y sin saberlo a ciencia cierta, no me equivocaba.

 

Kaled:

Me había costado mucho trabajo que Mafiruze se quedará en el palacio, pero la fiesta de cambio sólo podía ir un Dios, y ella se había quedado en paz tras ofrecerle un día completo de mimos, Nara estaba a punto de explotar ante esa noticia, me sentía mal por ponerla en esa situación, llevaba demasiados años sirviendo de manera ejemplar, pero Mafiruze se había empeñado en que le sirviera, «si le sirvió a esa, con mucha más razón a mí», había dicho fúrica, me había costado mucho mantener todo bajo control.



Kreepela Karnstein

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En el texto hay: traicion, dioses, almasdestinadas

Editado: 21.01.2021

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