Recovery

XV

Arsen:

 

Esa mañana no podría acompañar a Elyse al trabajo, por lo consiguiente, no vería a Dilu, y quizás era mejor no ver a ninguna de las dos, si bien las heridas de un Dios sanaban más rápido, los golpes aún se podían ver.

No había querido defenderme porque sabía como terminaría todo, ya no buscaba la guerra, sólo paz y tranquilidad, suponía que por eso mi trabajo de la muerte se había vuelto bueno, porque eso les daba a las almas, las tranquilizaba en medida de lo posible, y las que no, pues, terminaban sometidas, casi siempre eran almas de criminales, gente que murió de manera inesperada o los resentidos con la vida, estos últimos eran los peores, como ahora.

Me habría encantado dejarle este trabajo a Nasuh o cualquiera de los otros chicos pero, era un caso difícil, y era mejor que yo lo atendiese de manera personal.

- No me voy a ir, no voy a dejar este mundo –decía aferrándose a su cuerpo.

- Acabas de morir, lo correcto es que vengas conmigo y arreglemos tu situación en el mundo de los muertos, debemos hacer tu juicio y ver a dónde vas –explico con calma, no quería que se pusiera peor, entonces si sería un gran problema.

- Aún tengo cosas que hacer, lugares que visitar, comida que probar –niega aferrándose con más fuerza, intento tomarlo del brazo, este se remueve y de arroja la mano, suspiro, me esperaban tres casos más, a ver cual resultaba peor, rogaba porque esto terminará rápido, eran las únicas ocasiones dónde renegaba de mi trabajo.

- Si te dijera que lo puedes conseguir en otra vida, ¿vendrías conmigo? –digo en tono frío, sin expresión en mi rostro, tenía una imagen que cuidar.

- ¿Y cómo sé que es cierto y no una mentira para que me vaya con usted? –pregunta desconfiado, suspiro, siempre pasaba lo mismo.

- ¿Crees que cada persona tiene un alma nueva cuando nace?, ¿sabes cuantas almas habría de ser así? –pregunto en tono frío, no podía dejarle ver mi hartazgo.

- Si se estima que somos ocho millones, y creciendo, supongo que no se crea una nueva cada vez –dice bajo tras realizar su análisis.

- Así es, ¿te imaginas tú creando 25 mil almas cada día?, esas serían muchas almas –digo con calma, esa no era una cifra real, pero si lograba convencerlo, estaría justificada mi mentira.

- Tienes razón, esta bien, vamos –dice bajo, mira su cuerpo y luego a mí, se desprende de a poco, suspiro cuando no me ve, tomo su mano y nos aparezco en el Inframundo.

- Él es Nasuh, te mostrará el lugar, te dirá el procedimiento y te dará una cabaña dónde quedarte, en unas cuantas horas comenzará tu juicio, junto con el de otras almas, te aconsejo no te alteres –digo antes de desaparecer.

La siguiente alma era la de un asesino condenado a inyección letal en Tailandia, esto se pondría muy feo, de verdad odiaba a esos seres, no recordaba haberme portado como ellos, sólo acepte mi destino, había muerto con honor en el campo de batalla.

Tras tres interminables horas de pelear con aquella alma, al final había podido someterla, ese desgraciado no trascendería jamás, sería castigado en el último nivel, en condena a todas las almas a las que les había arrebatado la vida de manera injustificada.

Para cuando terminé mis tareas, pasaban de la cinco de la tarde, no sabía si alcanzaría a ver a Dilruba, lo más probable es que ya se hubiese ido a su casa, suspiro con frustración. Iría por Elyse para acompañarla a su club de teatro, igual podría dar una vuelta y comer algo en aquel mundo, tenía ganas de comida mundana.

Al llegar, me sorprende ver a Dilruba saliendo del edificio, sonrío sin poder evitarlo y me acerco a ella.

- Te creía en tu casa –ella da un pequeño salto, seguro por la sorpresa.

- Se puso pesado el día –se encoge de hombros mientras sonríe–, pudo ser peor.

- En eso tienes razón, pudiste quedarte hasta media noche, he visto algunas luces encendidas pasadas de las nueve –me pongo derecho al sentir que pican mi espalda, me giro listo para reclamar cuando le veo.

- Antes me esperabas, supongo que tus prioridades han cambiado –dice en tono juguetón viendo a Dilruba, veo como se sonroja con ganas.

- Elyse Edevane, te presento a Dilruba... –me detengo mirándole atenta.

- Dilruba Hikmet Nolan, un gusto –le extiende la mano, Elyse se la estrecha sonriendo, observo curioso como ambas abren los ojos con sorpresa.

- Eso fue raro –dice Yse tras soltarle la mano–, y no creí que hubiese algo más raro que Arsen –se ríe de su burla, ruedo los ojos.

- Lo sé, fue extraño –Dilu mira su mano–, me supongo que ella sabe quién eres, ¿verdad? –asiento en respuesta–. También soy una Diosa, salvo que soy humana –Yse asiente nada sorprendida.

- Lo había sospechado, ¿ya lo ves? Te lo dije –golpea mi hombro de manera juguetona–, te dije ese día que viste su aura, pero el señor no me quiso creer, ja, en su cara señor Dios –me mira sonriendo orgullosa–. Perdona Dilruba, ¿tu apellido no es de aquí, me equivoco?

- Soy de origen turco por parte de padre, e irlandesa por parte de madre, nací en Turquía pero tras la muerte de mi padre, vinimos aquí –dice con calma, recordaba habernos hablado del accidente.



Kreepela Karnstein

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En el texto hay: traicion, dioses

Editado: 09.01.2021

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