Recuerdos En Estrellas

Solitario

           Las vacaciones nunca le han agradado a Leila tanto como lo son las clases, normalmente en las clases puede estar con sus amigos y reír, pero en las vacaciones ni siquiera los ve y está todo el día encerrada en cuatro paredes con sus padres y su hermana.

_ ¿Lista, Leila? – grita su madre con la paciencia agotada desde la sala.

_Enseguida voy – grita en respuesta girando los ojos mientras se mira en el espejo.

Su cabello ha crecido considerablemente, esto ya comienza a cansarla, necesita cortarlo, además que las puntas abiertas parecen tener vida propia; se decide por una coleta alta dejando un cabello descuidado sobre su rostro y suspira mirando su ropa de nuevo.

Al parecer su madre nunca se va a cansar de escoger su ropa y como ella no es la del dinero, debe hacer como su padre, callar y aceptar. Sus vaqueros azules más grandes que su misma autoestima y una camisa azul que ella cubre con un suéter negro (el cual afortunadamente logró escoger). Deja escapar un suspiro resignado y emprende camino a la salida de su cuarto.

_ ¡Pero que linda te ves! – Exclama su madre al verla salir del cuarto – Te dije que esa ropa te queda de maravilla, pero ese suéter...

_Hora de irnos – anuncio su padre calmando así la Troya que se podía formar por el suéter.

Leila retiene una risa en su pecho y asiente tomando a su hermana en brazos, emprendiendo camino al auto de su padre, con su madre a la espalda.

_Está haciendo mucho frío para Isabel – comenta su madre en el auto mirando a la calle, mira a Leila con el ceño fruncido y levanta una ceja – ¿No opinas lo mismo?

Ella niega con la cabeza sin mirarla observando el paso de las casas y árboles por las calles, normalmente se sienta en el asiento del copiloto, pero hoy perdió la batalla con su madre. Suspira observando sus manos y luego su teléfono, es una fiesta de niños y no tiene muchos ánimos de asistir, no habrá ningún chico o chica de su edad. Es un tormento para ella.

_Leila has espacio, ya llegamos a la casa de tú tía Katarina – dice su padre mientras detenía el auto.

Resopló bajo y se movió en el asiento trasero para hacerle espacio a su tía, ella vivía en la parte alta del poblado, un lugar que en las noches provoca unos fríos de infierno, en este lugar las casas están muy juntas y son de cemento decoradas con la temática de árboles y mar, un toque muy único en la parroquia.

_Quita esa cara, no parece que irás a una fiesta – la reprende su madre pintándose los labios – Ya verás que te divertirás.

_Es una fiesta de niños – contesta la chica mirando a los autos pasar a su lado – Soy una adolescente, hasta donde sabía ya quemé esa etapa.

Su madre no tuvo tiempo de contestar cuando las risas y saltos se escucharon provenientes de la casa a un lado del auto, su tía para salir de allí debía pasar a un lado de la casa de sus suegros, además de bajar unas escaleras algo pronunciadas en el proceso.

Leila se giró a tiempo para ver la cara de sus tres primas apareciendo en la ventanilla del coche, todas con el mismo color de cabello castaño, de piel clara y de ojos negros, la primera de siete, la segunda de cuatro y la última de tres. Cuando las veía siempre les recordaban a los ayudantes de Wonka, pero se callaba para no herir sus sentimientos.

_Hola, Leila – saludó la primera que tiene por nombre Antonella.

La chica le dio un breve asentimiento y regresó la vista a la calle, Antonella fue normal saludándola, al terminar de hacerlo se sentó con su ropa a la moda y emprendió una charla con los padres de Leila. La siguiente fue Lucía, esta se abalanzó envolviendo sus brazos en el cuello de Leila y riendo mientras la ahogaba.

_ ¡Leila!

_Hola, Luz – respondió Leila entre dientes alejándose lentamente para respirar.

Las siguientes en subirse fueron su tía y la pequeña Karla, su relación con ella no era como con sus hermanas, así que se salvó de ser arrollada por su cuerpo, envuelto en la ropa parecida a la de Antonella, Luz era la única en un vestido rosa a cuadros, la más femenina de todos en esa familia. Su tía le sonrío ampliamente al cerrar la puerta y luego miró al frente para entablar una conversación con sus padres.

No se parecía en nada a sus hijas, era completamente diferente, donde ellas eran de piel clara, ella era morena, además que su cabello es negro y corto. Llevaba una ropa semi deportiva y a la vez elegante, Leila dejó de verla sorprendida por su forma de hablar y miró de nuevo a la carretera con el ceño fruncido, un poco más y comienza su sufrimiento.

Su teléfono vibro en su regazo de pronto, bajo la vista sorprendida y sonrío al ver el nombre de uno de sus amigos en la pantalla.

_Hola, Jonathan – dice risueña al conectar con la otra línea – Me sorprende tú llamada.

En realidad no le sorprende, dos meses luego de comenzar sus días en el instituto Teresa le había conseguido el número, desde ese período hasta ahora se habían estado escribiendo, él estaba siendo el chico más dulce, tal vez podrían retomar lo que dejaron en la primaria y para ella sería perfecto que él fuera su primer novio y también su primer beso...



Laczuly0711

Editado: 18.02.2019

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