Recuerdos En Estrellas

Familia de Retrato

El instituto había sido un completo caos. Primero su primo no dejaba de preguntarle cosas con respecto a la música. Luego que se inscribió para tocar el contrabajo no paraban de decirle que le faltaba experiencia. Después estaba el hecho de tener a Natalie hablándole y no poderle responder porque su madre le estaba gritando que regresará a la casa de inmediato porque para ella era muy tarde.

Podía arreglar las cosas con una de sus amigas, que no le hablaban, pero no. Su madre tenía que llamarla.

– No voy a estar en la casa – decía su padre en el teléfono mientras ella caminaba sola hasta su casa – Tu mamá me tiene cansado y me fui a trabajar.

– Está molesta conmigo porque voy tarde – dice Leila algo molesta – ¿Qué crees que me va a hacer?

– Te dije que evitaras esto, Leila. No puedo hacer nada.

Colgó la llamada dejándola a su suerte y ella no pudo evitar sentirse traicionada por su propio padre, él podría defenderla, pero si no estaba a su lado estaba sola contra su madre y no era una muy buena idea. Guardó el celular en sus vaqueros cuando estuvo frente a la puerta de su casa y suspiró.

“Mejor entrar rápido para que no me diga más nada”.  Pensó al abrir la puerta.

– ¿Dónde demonios estabas? Es muy tarde – bramó su madre desde la cocina limpiando el mesón para soportar la ira que sentía. Ya conocía sus hábitos para calmarse.

– Estaba en el instituto, tenía cosas que hacer – responde la chica dirigiéndose a las escaleras sin mirarla a la cara.

Dejó la mochila en la cama arrojándola sin muchos ánimos cuando un llanto se escuchó en todo el pasillo. Respiró profundo apretando los puños y renuentemente miró el origen del sonido. “Mi suerte va de mal en peor”. Se dijo a sí misma arrodillándose frente a su hermana que estaba llorando en su cama.

Por más que le dijera que no entrará a su cuarto sin permiso no obedecía.

Miró la mochila. Tenía más de cinco libros en el interior y el golpe debía ser muy fuerte, ella era una pequeña niña de dos años, que la golpeará con la mochila cubierta de libros era muy grave.

– ¿Dónde te duele?

La pequeña tocó su brazo con ojos llorosos y ella se sintió mal por su hermana. No tenía que pagar por la rabia que su madre provocaba en ella. Acarició un poco su brazo para mitigar el dolor y la envió a su cuarto; lo menos que deseaba era encontrarse a su madre en la puerta mientras Isabel se iba llorando.

Entró al armario para cambiarse cuando escuchó el resonar furioso de los pasos y el arrastre de un objeto. “Esto no es bueno”.  Tomó la primera ropa que encontró para cambiarse y salió al encuentro de su furiosa madre que tenía una escoba en sus manos y el delantal para limpiar el baño.

Visualizó a Isabel detrás de ella llorando y ya sabía a donde se dirigía esto. Miró directamente a los ojos de su madre y respiró profundo repitiendo el mantra que siempre se decía ella misma para calmarse. “No te sobrepases con las palabras. Ella es tu madre…. No te sobrepases con las palabras…”.

– ¿Por qué le pegaste a tu hermana?

Directo al grano. Esto no era bueno.

– No quise golpearla. – Dice seria – Yo…

– ¡Tú nada!

Se encogió de hombros por el tono de su madre y bajo la mirada. No importa lo alta que era, su madre era intocable para ella y por más que le gritase jamás le pondría una mano encima. Miró a Isabel disculpándose con la mirada, luego regresó la vista a la mujer que le dio la vida y pasó saliva con fuerza por la garganta.

– No por estar molesta conmigo debes golpear a tu hermana ¡Tiene dos años!

Lo mejor era no responder. Callar y dejar que le gritase. Ya lo había aprendido a lo largo de los años que eso era lo que su padre hacía para apaciguarla por completo.

– ¡No entiendo lo que está mal contigo! Desde que Isabel llegó a la casa parece que la odiarás ¡Mira como la tratas!

Bajó la mirada y mordió su labio. Por supuesto que no era cierto, ella quería a su hermana. La amaba por sobre todas las cosas, y lo que menos deseaba era lastimarla, esta solo era una mala tarde donde no se fijó en la persona que estaba en su cama.

Las manos de su madre la tomaron con fuerza por los brazos moviéndola de un lado a otro y ella intentó retirarla sin golpearla. Sus padres no eran devotos a golpear a sus hijos para castigarlos, se había criado en ese sentido cuando de ellos se trataba. Pero cuando su madre se cegaba nada de eso parecía importar.



Laczuly0711

Editado: 18.02.2019

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