Relatos nocturnos

Un ramo de aciano por su cumpleaños

Bill no sabía nada sobre cómo agasajar correctamente a una mujer. Su lengua no estaba preparada para lanzar piropos y, por si fuera poco, siempre terminaba metiendo la pata con sus palabras. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para sorprender a Wanda el día de su cumpleaños, sin importar lo sucedido anteriormente, ni lo que estuviera por venir.

El día señalado, la esperó en un sitio íntimo donde poder conversar tranquilamente con ella y sin que corrieran peligro. Por una vez, quería prescindir de sus armas y mostrarle una parte de él que poca gente conocía. Por ese motivo, el lugar elegido estaba alejado de cualquier taberna de Jaftown o de posibles miradas indiscretas. Había dejado las señas a la chica antes de marcharse, aunque al llegar se arrepintió sabiendo el imán que era Wanda para el peligro. Sin embargo, le sorprendió saber que había llegado sin rasguños y con aquel vestido azul tan impecable.

—Estás preciosa —dijo él mostrando una amplia sonrisa.

Ella giró sobre sí misma y, tras volver a quedar ante Bill, sonrió también,

—Gracias. ¿Qué lugar es este para tener un encuentro?

No estaba cuestionando su peculiar gusto por la naturaleza, claro que no, pero Wanda había esperado algo mucho más... romántico para su cumpleaños. Era extraño que pensara eso cuando sabía a la perfección que Bill no era, ni por asomo, su prototipo de hombre detallista.

—Tengo algo para ti, Wanda —Bill se alejó un poco y volvió con las manos en la espalda. Cuando estuvo de nuevo ante ella a una distancia prudente, hizo aparecer ante él un ramo pequeño de aciano—. Feliz cumpleaños.

Parecía increíble que un hombre como él hiciera semejante regalo teniendo en cuenta el significado de esa particular flor. Le estaba diciendo sin palabras que no se atrevía a confesar sus sentimientos, los mismos que siempre le hacían temblar cuando la tenía cerca y no podía contener sus ganas de besarla.

—Gracias... —No pudo añadir nada más. Ella misma se sentía como imaginaba que él debía sentirse, al menos eso le decía la flor que se había atrevido a regalarle

—Es el primer detalle que tengo con una mujer en mucho tiempo... —aclaró sin poder quitar aquella sonrisa de su rostro.

Los ojos de Wanda no pudieron apartarse de aquel gesto tan seductor. Acercó las flores a su nariz y cerró los ojos mientras aspiraba el aroma de las flores. Cuando volvió a abrirlos, encontró la mirada de Bill sobre ella. La misma mirada que la volvía loca, que inspiraba sus anhelos más íntimos.

—También es el mejor regalo que me han hecho en mucho tiempo.

La distancia entre ambos fue estrechándose cada vez más. Deseaba tenerla entre sus brazos, disfrutar del calor de su piel y del fuego de su mirada. «Me gustas mucho» le hubiera querido decir. Sin embargo, la atrajo más hacia él y la besó.

Sin duda, su mejor forma de demostrar lo que sentía.

 

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Nota: Este relato está basado en la novela Una dosis de esperanza, que ahora mismo no está publicada en ninguna parte. Si no la leíste es posible que pronto vuelva a publicarla aquí y/o en otras plataformas.



R. Crespo

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En el texto hay: microrrelatos, romance y drama, suspense

Editado: 04.02.2019

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