Relatos para Desvelarse

15) La Competencia del Rey

Erase una vez tres príncipes que competían por ocupar el trono del rey; nacidos antes de que la reina muriera, eran la única esperanza de perpetuidad al nombre de su anciano padre. El mayor se llamaba Nahuel, el segundo Noel y el tercero Nahir.

Estos tres jóvenes no tenían lo que se necesitaba para dirigir al país y su padre se desesperaba por enseñarles todo lo que sabía antes de descender hacia la tumba. Los entrenó durante toda su vida en armas, política, economía y el arte de la guerra, pero aún creía que les faltaba nervio y sangre fría. Fue así cómo se le ocurrió crear una serie de retos peculiares para evaluar sus habilidades y todo el pueblo seguía las últimas novedades como si se tratara de los Juegos Olímpicos.

 

Un día, sacó a los tres príncipes al campo, y el Rey les dijo: quien lance la flecha más lejos se ganará todo mi respeto. Entonces los príncipes, emocionados, tensaron sus arcos y lanzaron con toda su pasión, y fue Nahuel quien ganó el respeto de su padre. Para celebrarlo, esa noche cenaron solos, mientras los otros dos veían la escena desde la cocina, enojados.

Pasó otro día en que el Rey los sacó fuera del palacio, pero está vez fueron al pueblo, y les pidió a los príncipes que averiguasen las necesidades de su gente e hicieran caridad con quienes consideraban más menesterosos. Nahuel se distrajo en un cabaret y vio que la clientela necesitaba paredes más fuertes entre los cuartos para que aquellos tuvieran mayor privacidad. Noel se distrajo con una bella joven que lavaba sus ropas en el río y, como no tenía tantas, lo hacía semidesnuda; descubrió que su familia era muy pobre y decidió regalarles ropas que los nobles ya no usaban. Además, les compró alimentos para toda la semana y le consiguió un trabajo al padre en el palacio real para que nunca más sufrieran necesidades. Todo esto lo hizo pensando en hallar gracia a los ojos de la muchacha, olvidándose de la competencia por completo. Nahir quería ganar a toda costa y trató de pensar en qué haría su padre; buscó entre las fuerzas armadas cuál era el punto débil que debían fortalecer y descubrió que en ese reino tan próspero lo único que hacía falta era cambiar las herraduras de todos los caballos y, como él era coqueto, ordenó que le incrustaran diamantes para que dejaran una huella única que despertara el temor de sus enemigos.

Cuando pasaron el reporte a su padre y dieron sus explicaciones, el primero vio perjudicada su reputación quedando como fiestero a los ojos del pueblo, y para su padre eso significaba una deshonra. El menos malo fue el tercero, quien estaba bien orientado en reforzar el armamento, pero tanto lujo inútil los convertía en una burla para los enemigos del reino. Por otro lado, la orden era buscar las necesidades del pueblo, no de las propiedades del palacio real. El mejor fue el segundo hijo, quien se ganó el amor de su padre, ya que la familia a la que ayudó era realmente la más pobre del reino, con diez miembros a los que alimentar y un mísero jornal de campesino. Resultó también que el padre de la familia era hábil en la cocina, lugar donde se desempeñó y satisfizo los apetitos del Soberano.

Esa noche, el Rey cenó con su segundo hijo y con su nueva novia, a quien el anciano también encontraba muy atractiva. Mientras tanto, los dos príncipes resentidos envidiaban la suerte del de en medio y, saber que sus intenciones ni siquiera fueron nobles, los llenaba aún más de ira. Ambos planearon sabotear a Noel en el próximo reto, pero dado que cada reto propuesto por el Rey era revelado al mismo tiempo ante los nobles, los súbditos y los mismos príncipes, no podían preparar nada con anticipación. Sin embargo, ya tenían una alianza.

 

Y el tercer reto llegó. Los herederos debían demostrar su valentía enfrentándose al animal más peligroso y ofrecerlo a Su Majestad como cena, para ello podrían salir de los confines del reino y elegir al animal que ellos quisieran. Nahuel y Nahir pusieron su plan en marcha y hablaron en secreto, pero procurando que su hermano los escuchara; hablaron sobre una bestia legendaria de otro reino, un dragón que molestaba a los campesinos pero que nadie podía cazar. Antes de que dijeran más, Noel, creyendo adelantarse a sus contendientes, viajó a aquel reino en busca de esa criatura ficticia. Entonces, el tercero se aseguró de que el primogénito también cayera en una trampa y, con un método similar, lo envió en busca de una quimera en una colonia lejana. En cambio, él fue a lo seguro, buscó el ejemplar más grande de león que había en su propio reino y ofreció un banquete para su padre. Todos los testigos de su hazaña confirmaban su relato con admiración, pero el Rey no estaba impresionado, ya que sus otros hijos prometían bestias inigualables.

Al cabo de unos meses, los dos príncipes aventureros se vieron obligados a regresar a casa por falta de recursos y, para no llegar con las manos vacías, mataron a lo primero que se les cruzó en el camino, un búfalo y un bisonte respectivamente. Estos actos no hallaron gracia delante del Rey, pues se sentía estafado; en sus sueños pudo saborear la carne de los animales prometidos y la realidad lo decepcionó. Finalmente, Nahir fue nombrado ganador del respaldo del Rey por haber cumplido con lo encomendado en la menor cantidad de tiempo y por haberse enfrentado a una fiera más ruda que la de sus hermanos.

De modo que los tres estaban empatados. El uno tenía el respeto, el otro tenía el amor, y el último tenía el respaldo. De ellos, el favorito del pueblo era Nahir, ya que con el respaldo del Rey podría hacer lo que quisiera y su padre lo permitiría, incluso se haría realidad su sueño de incrustar diamantes a las herraduras de los caballos del ejército. En todos los rincones del país se levantaban apuestas en apoyo a los tres príncipes y el tercero encabezaba el ranking, por más delirante que fuera.



Abby Nieva

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En el texto hay: fantasia, vampiros, romance drama humor

Editado: 10.09.2020

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