Resiliencia

Capítulo 7

Han pasado dos semanas desde mi encuentro con Andrew, no lo he visto en todo este tiempo y no puedo estar más agradecida, su ausencia me trae la paz que su presencia me arrebata.

Los últimos días han sido bastantes tranquilos, no solo por no ver a Andrew sino también porque Cris se ha encargado de visitar a los O’Reilly, quienes ardieron en furia cuando se enteraron que Cris actuaría como un intermediario entre nosotros, claro que dejaron una queja con Tony pero me excusé con que estaba sumamente ocupada con mi investigación que sería presentada en dos meses, lo cual no era del todo una mentira; mi tiempo si era limitado, pero no tanto como hice creer.

Solté un largo suspiro mirando a mi alrededor, el pequeño café estaba lleno, era común verlo vacío un día de semana, pero los sábados como hoy, era abarrotado de personas. Padres con sus hijos, esposos, hermanos y amigos, disfrutaban de su tiempo juntos, cada uno en lo suyo, se reían, algunas veces peleaban, pero siempre (o casi siempre) terminaban saliendo por la misma puerta justo como llegaron, juntos.

Me era inevitable no mirar y sentirme un poco celosa de todo lo que ellos tenían, todo lo que yo no tenía, todo lo que se me había arrebatado. La tristeza pronto se instalo en mi pecho y mientras tomaba un sorbo de mi mocca, los recuerdos se abrieron paso y por un día, por un par de horas en la soledad de ese café abarrotado de gente, me di la oportunidad de pensar en mis padres y en mi hermana mayor.

2001

Navidad.

“Mel, despierta. Mel, vamos. Ya llegaron los regalos” la voz de mi hermana interrumpía mi sueño como cada navidad, no entendía como esa cosa le animaba tanto.

“¿Sabes que los regalos siempre estuvieron aquí, no?” dije amargamente, odiaba que me despertaran y más si solo había dormido 4 horas en toda la noche.

Marietta tomó mi mano para sacarme de la cama e ir escaleras abajo, ni tiempo de asearme me había dado, genial, abriría regalos con la boca apestosa y con la cara de muerte que traía por las mañanas, mas videos vergonzosos para la colección de videos vergonzosos de Mel que mamá tenía.

Al bajar las escaleras el olor familia de galletas recién horneadas que mamá hacia cada navidad llegó a mis fosas nasales he hizo mi estomago rugir; el punto positivo de las navidades en casa era eso, mamá trabaja 11 meses al año menos en diciembre, para estas fechas se quedaba en casa y nos preparaba platillos deliciosos los 31 días del mes, creo que para mí y mi estomago depredador era la mejor fecha que existía, solo por ese motivo.

Al llegar escaleras abajo, papá y mamá nos esperaban frente a la chimenea, con la montaña de regalos que iban desde el árbol de navidad hasta sus pies. Como cada año, ninguno de los dos escatimaba en precios ni cantidad, de hecho, en nuestros cumpleaños solo nos regalaban cenas y algo de dinero, pero la navidad era la fecha preferida de ambos, mejor dicho, de los tres, porque yo no era muy amante a las festividades.

“¡FELIZ NAVIDAD, NIÑAS!” gritaron al unisono.

Mi hermana soltó mi mano para saltar sobre ellos, como dije antes, amaban esta fecha. Por mi parte baje con más calma y los abrace con menos efusividad, pero si con una sonrisa en el rostro.

“Deja esa cara de perro, piglet” me susurra papá al oído.

“Estoy sonriendo, ¿no ves?” dije aburrida.

“Hermanita, cambia esa cara. Mira todos estos regalos” Marietta chilla de nuevo. Se apresura a buscar su nombre en las etiquetas y no tarda demasiado en hallarlo, ya que como cada año más de la mitad de los regalos llevan su nombre.

Este año yo tendría 14 regalos y Mari 16, cada navidad la cantidad de regalos se nos daba de acuerdo con nuestra edad, para ser sincera era un derroche innecesario, pero para papá y mamá era importante, así que nunca decía nada y solo agradecía lo que se me daba.  

Una hora y media después de abrir regalos, tomé una ducha y me puse el pijama de santas roja que mamá diseñó para este año. Era muy suave y cubría perfecto del frio de la época.

Cuando bajé de nuevo papá estaba en el salón de televisión esperando por nosotras, como siempre, Mamá y Mari tardarían, ellas se encargaban de traer botanas, mientras papá y yo nos encargaríamos de escoger la película y esperar por ellas, justo como cada año.

Tomé asiento a su lado y el extendió sus brazos para que yo colocara mi cabeza en su pecho, me rodeo con sus brazos e impartió besos en la coronilla de mi cabeza. Estar así muchas veces me hacia sentir como una niña pequeña, pero me daba paz, se sentía correcto y bien, me hacia sentir amada. Papá siempre lograba amarme más de lo que yo misma podría amarme.

Soltó un suspiro y habló.

“Te amo, cariño. Quiero que siempre tengas eso en mente, papá siempre te amará más que nada” su voz sonaba tranquila.

“Siempre te amaré papá” le dije para luego besar su mejilla.

“Mel, eres una chica fuerte, siempre lo he sabido, siempre se lo he dicho a tu madre. No eres como Mari que parece más tu hermana menor, no eres como mamá, ni siquiera eres como yo…” le interrumpí.

“¿ A que viene todo esto papá?” cuando hablaba de esa forma me ponía nerviosa.

El pensó unos segundos antes de contestarme. “No es nada, cariño. Solo quiero que sepas lo que eres, que tengas claro quien eres y que no importa lo que suceda, tú lograras superar todo.” Esto ultimo lo dice besando mi mano.

Sus palabras en vez de calmarme solo me preocupan, me hacen un revoltijo en el estómago, a pesar de todo solo le doy una sonrisa y lo abrazo de nuevo para sentirme segura en sus brazos.

Mamá y Mari llegan un par de minutos después y nuestro día de películas trascurre sin volver a tocar el tema y ahí los cuatro disfrutamos de unas navidades como cualquier otra.



Dvialick

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En el texto hay: drama, mentirasydolor, amor y decepcion

Editado: 27.10.2020

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