Respira (crónicas de la mafia)

Capítulo 3

HELENA

–– Feliz cumpleaños enana –– me dijo un niño que entró en mi habitación.

–– Feliz cumpleaños a ti también, solo eres mayor que yo tres horas –– respondí enfadada.

–– Bueno, pero soy más maypr que tú y punto. Así que tienes que darme primero tú el regalo –– dijo mientras se sentaba en mi cama.

–– Qué pesado eres, está bien. Pero yo soplaré primero las velas –– dije como su hubiera ganado nuestra pequeña batalla.

 

Me desperté con la alarma del teléfono y la apagué antes de que Ivy abriese mi puerta en comenzase con sus gritos. Miré hacia el techoe intenté recordar que había soñado ¿un recuerdo o un sueño?

No tenía hermanos, era hija única así que no creía que tuviera un mellizo como para que me dijera esas cosas. Y mis amigos no cumplían en el mismo mes que yo. Así que solo me quedaba la opción de que había sido un sueño. Debería dejar de ver películas familiares durante un tiempo.

Me puse unas mallas de correr largas, una camiseta y mis preciosos tenís Nike rosas. Cerré con cuidado la puerta de la entrada del piso para no despertar a Ivy y salí a correr hacia el parque, como cada mañana que podía.

El aire frío de la mañana despejó mis pensamientos, pero enfrió mi cuerpo. Aumenté un poco el ritmo y puse música en mi smatphone. El dios latino Ricky Martin me dio los buenos días con su canción La Mordidita. Correr así daba gusto, enseguida entré en calor. Delante de mí, pero algo lejos, veía a un chico correr y bajando al suelo para hacer flexiones, después daba un salto y a continuación repetía ¡madre mía!vaya aguante. Yo hacía eso dos veces y tenían que venir a buscarme en una ambulancia.

 

El chico se giró para hacer otro movimiento en cuanto llegué a su lado. Se detuvo al verme. Era Alex.

–– Buenos días –– dijo alegremente –– ¿Y tú por aquí?

–– Corro todos los días. No sabía que también entrenabas por las mañamas –– dije agilizando el paso para no entrar en frío otra vez.

Le miré de reojo. Llevaba unos pantalones de chándal largos negros y una sudadera del mismo color.

–– Sí, así estoy más espabilado para las clases. Una pregunta ¿Qué se hace aquí para divertirse? –– su mirada tenía un punto de malicia y picardía.

–– Pues como en cualquier otro sitio. Se sale de fiesta o se va al cine, igual que en Milán –– dije apurando el paso.

Alex avanzó enseguida a mi lado y sonrió. Al fin veía una sonrisa de verdad, no como las que tenía hasta ahora.

–– Igual podíamos ir a tomar algo –– insinuó.

¿Estaba ligando conmigo?

–– He quedado con unos amigos de Italia mañana, pero hoy si quieres puedes venirte con nosotros –– le invité sutilmente.

Él levantó la vista hacia el frente y después volvió a mirarme.

–– Claro, dame tú número y así ya nos avisamos de lo que sea –– se detuvo y le dí mi número de teléfono un poco rehacia. Esperaba que no pensase que quería una cita o algo.

Corrimos un rato en silencio y volví a mirarle de reojo. Era como si le conociera pero a la vez no, algo muy extralo. Nunca me había pasado con alguien.

–– Yo paro aquí –– dijo Alex. Miré el edificio asombrada. Era de los más caros que había por esta parte de la ciudad. Para ser un estudiante de medicina, vivía en un lugar de lujo ––. Mi piso es el último de todo.

Asentí.

–– Nos vemos en el Hospital –– dije un poco emocionada de más.

Alex se giró y una sonrisa de lado apareció en su rostro.

–– Nos vemos –– susurró algo que no entendí y se marchó.

Juraría que había escuchado que me llamaba, enana.

 

Llevaba un buen rato sacando sangre a los pacientes que tenían análisis de sangre esta mañana. Cuando supe que hoy tendríamos prácticas pensé que sería algo un poco más emocionante que sacar sangre. Me moría de ganas por ayudar en una operación pero hoy el hospital no tenía planeado eso con nosotros.



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En el texto hay: amor puro, drama y tragedia, romance

Editado: 17.05.2018

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