Retorno al olvido

Preludio

|| ᴏʟᴠɪᴅᴏ

La humedad del lugar y las múltiples heridas me hacen respirar de forma pesada y errática, no dudo que hayan causado daño en algún lugar muy importante de mi cuerpo, me arde aspirar y mi tiempo se reduce a mantenerme quieta con esa tortura impuesta. Estoy segura de que puedo desmayarme en cualquier momento por la agonía.

Mis muñecas, mis hombros y clavículas duelen de una manera que me mata, estar sostenida por tan solo las muñecas es una tortura muy efectiva, hasta podría decir que yo la tomaría en práctica contra todos los que me tienen aquí. Logro percibir la sangre recorrer mis antebrazos hasta los codos, los escalofríos que en constante me recorren, ocasionan que mi piel se rasgue contra las ataduras y quede en carne viva.

Hace tiempo que me habían dejado sola en el calabozo. Ladrillos y tierra sucia me rodea, y no puedo esperar que vengan por más, más preguntas, más golpes, más dolor. El agua que habían echado en mi ropa se desliza por todo mi cuerpo y me limito a ver las gotas caer una a una, solo así, cuento el tiempo y tomo la suposición de que ya son horas en que he estado así.

De pronto, el silencio es interrumpido por la puerta del calabozo, y aunque no tengo las suficientes fuerzas para alzar la mirada, me concentro en identificar de quién se trata esta vez.

—Vaya, vaya —dice la voz femenina que tanto odio, la risa que suelta es casi tan cruel como ella, Rohana haría lo que fuera por conseguir lo que quiere y es lamentable que eso me involucre. Pero lo que nunca obtendría serían mis ruegos, me aseguraría de ello —. Honor, ¿no te has cansado ya? Debo admitir que me sorprende tu resistencia.

—Pu...drete —jadeo con dificultad y entre cierro mis ojos cuando su mano sujeta mi barbilla y alza mi cabeza obligándome a mirarla. Una sonrisa presumida se instala en sus carnosos labios, la mirada marrón que me lanza solo me hace desear desaparecer de ahí.

—Querida, aquí la que se está pudriendo eres tú. —Me guiña un ojo y por último hace un gesto cansado, pero su burla sigue presente —. ¿Sigues creyendo que vendrán por ti?

El brillo de su mirada me repugna, deja caer mi cabeza de nuevo y prefiero apretar los dientes antes que escuche un doloroso lamento que se queda atascado en mi garganta. Camina a mí alrededor, en ocasiones pasando su mano sobre mis hombros y espalda, mis músculos se contraen y mi estómago se retuerce con horror.

Sus tacones rosas de aguja entran en mi campo de visión en varias ocasiones. Hago las manos en puños a pesar del ardor, haría lo que fuera por matarla justo ahora.

—Llevas un mes en este lugar Honor, debes aceptar que nadie vendrá por ti, no a tiempo al menos. —Se carcajea —. Entonces dime, ¿estás dispuesta a hacerlo una vez más por las buenas o por las malas?

Un mes. Llevo un mes en este lugar. Se siente como toda una vida, una eternidad en pesadilla; y a pesar del largo periodo en que solo quiero darme por vencida, no lo haré, resistiré al menos hasta que no pueda hacerlo más y la única forma en que suceda es si estoy muerta.

Cuando vuelve a alzar mi cabeza buscando respuesta, aprovecho para escupir su asqueroso rostro, pero lo único que consigo de ella es una sonrisa. Con temor la observo hacer una señal a alguien tras de mí.

Si miraras a Rohana por primera vez, pensarías que ella es amable, una persona agradable y hermosa, ella resalta de entre todos por su elegancia y seguridad, y hasta puede decirse que incluso es audaz, pero nunca pensarías que en su interior ella es basura pura. Ella es una simple cascara hermosa que contiene algo pudriéndose y resguardándose en su interior; lo peor es que no entiendo sus razones.

Desatan mis muñecas y caigo al piso con una tos débil, los temblores incrementan y me contengo una vez más de quejarme frente a ellos. Tengo tantas ganas de rendirme, de descansar y lo más lastimoso es que me siento sola, sometida y tan herida, solo ocasionan que de nuevo, mis deseos me apuñalen aún más.

—¿Es que tú no aprendes? —exclama una voz masculina que ya conozco bien; su dueño, lleva un cuchillo largo y afilado. Mis ojos brillan con reconocimiento, antes de reaccionar por necesidad.

Huyo. El deseo de alejarme de ahí me abruma y a pesar de encontrarme lo suficiente débil me arrastro lejos de él, pero es fuerte y sano, no se encuentra herido al igual que yo así que cuando me alejo, él ríe y me da una patada; en seguida con una sola mano sujeta mis brazos sobre mi cabeza.

Suelto patadas y golpes que incluso yo, sé que son débiles, aún sin aliento por la patada grito entre dientes cuando hace una profunda cortada en mi muslo y otra en mi cuello, la última no tan profunda solo lo suficiente para que duela. Nunca para acabar con mi vida.

Ya no aguantaría mucho tiempo, de eso estoy segura. Una amplia desolación me inunda.

—Bien, suficiente —ordena Rohana cuando me lastiman hasta satisfacerla. El maldito sonríe y besa mi mejilla con burla, antes de levantarse y quedar lejos de mi vista.

Respiro contra el frío suelo, acurruco mis brazos contra mi pecho, mientras con una mano acuno la herida en mi cuello. Parpadeo e intento concentrarme lo suficiente para pensar en mis amigos, desearía verlos, no obstante, una oscura parte de mí comienza a odiarlos, ellos me han hecho esto, ellos saben que me encuentro aquí... y no hacen nada para cambiarlo. O tal vez no lo saben, tal vez ni siquiera saben cómo he desaparecido de sus vidas.

¿Por qué no llegan por mí?

Sé con seguridad que yo iría por ellos si estuvieran en mi lugar, soy consciente que es difícil entrar en la sede de Crauth, pero para mí, un mes ya es bastante tiempo.

Pensamientos contradictorios atiborran mi mente y suelto un grito torturado. Tarde, me doy cuenta de que lágrimas de furia recorren en mis mejillas, no había llorado jamás frente a Rohana. Cuando lo hago me siento vulnerable y ese sentimiento no es bueno en este lugar.



Jana Lass

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En el texto hay: cienciaficcion, reencarnación, guerra y amor

Editado: 28.07.2020

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