Retorno al olvido

03. Huir

|| ᴄʜɪᴄᴏ ᴍɪsᴛᴇʀɪᴏsᴏ

El ruido de la alarma es lo que me despierta, y casi como si mi inconsciente hubiera estado esperando el sonido, apago la alarma al instante, a pesar de que mi cerebro apenas y procesa que debo levantarme.

Es un nuevo día y como cada uno, lo odio.

Suelto un suspiro agotado, cierro los ojos una vez más y me mentalizo, como cada vez, pareciera como si hubiese desarrollado un nuevo mantra de cada día. «Apoyar a papá, hacerle las cosas más fáciles, ir a la escuela y a los entrenamientos —que apenas días atrás, Evander, me había permitido regresar, además, sospecho que se siete más tranquilo sabiendo que sé defenderme — y finalmente, intentar estar atenta a mi alrededor —soy paranoica por naturaleza, así que nunca falla.»

Me levanto y camino hasta la ducha, me alisto lo más rápido que puedo, acomodo en mi mochila lo que utilizaré ese día y bajo corriendo hasta la cocina antes de salir corriendo a la escuela.

Suelto un sonoro lamento al encontrar a papá en la mesa de la cocina con la misma laptop y un café a su lado, mientras presiona las teclas como si su vida dependiera de ello. Hay un pendrive rojo que está conectada, pero ni me molesto en averiguar de qué se trata.

—¿Es que nunca duermes? —gruño, avanzo hasta el refrigerador y saco algunos ingredientes.

—Sí duermo —dice, sin siquiera levantar la mirada.

Frunzo el ceño y resoplo, sé perfectamente que ese hombre a lo mucho, duerme unas horas. Me encargo de hacerme algo de desayunar y de paso a él también. Cierro la máquina sin advertirle y dejo un plato frente a él, está a punto de replicar, pero se queda callando cuando advierte mi cara, en su lugar, rueda los ojos y besa mi mejilla.

—Gracias, cariño.

—A puesto que, si no estuviera aquí, ni siquiera comerías —murmuro, observo con una ceja arqueada cómo engulle el desayuno, como si no hubiese comido en años y en realidad, no me extrañaría.

—Y por eso agradezco que estés aquí —musita entre bocados.

Gruño y él se ríe entre dientes. Desayunamos en silencio y de vez en cuando me distraigo mirando a mi celular, muerdo mi labio y me debato entre decirle o no a papá lo que me lleva carcomiendo desde hace tiempo.

—¿Papá?

—¿Sí, Honey? —Me mira con curiosidad, quizá porque me toma bastante tiempo en hablar.

—Yo... —Exhalo y me recargo en el respaldo de la silla. La angustia me revuelve el estómago, me trago la molestia y agobio antes de continuar —: Sé que no te gusta que toquemos este tema, pero en realidad me estoy preocupando mucho. Daniel no ha contestado mis llamadas desde hace semanas y.... él no suele hacer eso, sé también que no debería marcar con imprudencia y no lo hago, te lo juro, pero cada vez... él solo.... nunca responde. ¿Crees que le haya ocurrido algo? He llamado a su casa y es como si el número nunca hubiera existido.

Se limita a hacer una mueca y desviar la mirada, sin embargo, por primera vez no veo molestia cuando hablamos de mi mejor amigo, en su lugar, puedo apreciar el pesar de los últimos días. Si bien, nada malo ha ocurrido, sí me he encargado de decirle que no podemos huir de lo que sea que haya hecho, por siempre. Algo debemos hacer y si en todo caso, debemos huir de nuevo, él debía estar dispuesto a recibir mi ayuda y por consecuencia, decirme lo que nos llevó a vivir en otra ciudad.

Hemos estado seis semanas en este lugar y a pesar de que se empeña en decirme que no tengo nada de qué preocuparme, es inevitable no hacerlo. Cualquiera lo haría en mi lugar.

—No lo sé, Honor —dice con voz queda —, pero no puedo ayudarte a averiguarlo. No podemos volver y pienso... creo que deberías dejar de intentar comunicarte con él, solo nos pone en riesgo. Lo sabes bien, cariño.

Tomo una profunda respiración, me levanto y agarro mi mochila.

—Debo irme, se me hace tarde. —Antes de que pueda salir de la cocina, él me alcanza.

—Honor...

—Lo sé, papá —susurro con la mirada gacha, aclaro mi garganta —. Quizá tengas razón.

Suspira, besa mi frente y consigue que le regale una pequeña sonrisa.

—Ya verás, seguro que está bien.

Asiento y me marcho de la casa.

♦♦♦

Soy perfectamente capaz de distinguir cuando alguien me sigue, pero esta vez, no puedo acertar a decir si es simple coincidencia o de verdad lo están haciendo.

Llevo dos semanas viendo el mismo rostro de aquel chico, junto a su auto negro y hasta podría decir, bastante actualizado. Puedo distinguir con tan solo una breve mirada desde la distancia, su cabello castaño desordenado, el mismo que siempre tiene, como si no tuviera tiempo o realmente no le importa acomodar y su piel tostada acompañada de suaves músculos marcados, no es igual de musculoso que aquel chico de mi clase, el cual, incluso llegas a preguntarte cómo es posible portar una figura tan fornida, no obstante, puedo notar el ejercicio que hace a diario y por absurdo que parezca, me preocupa ese hecho. Una parte alocada y, al mismo tiempo, totalmente congruente con lo que ha pasado las últimas semanas, piensa que es algún chico entrenado y buscándonos a papá y a mí.

Si tan solo papá fuera capaz de decirme contra qué nos enfrentamos, sería capaz de decidir si el chico tiene que ver con lo que pienso e imagino, de ser el caso, podríamos alejarnos de este lugar, de nuevo.

Apenas puedo diferenciar su rostro desde la distancia, pero sé que es él, siempre es él, lo veo a la misma hora, en el mismo lugar y con los ojos fijos en mí, lo sé, no estoy loca, puedo sentir su mirada sobre mí, aunque intente con todas mis fuerzas aparentar que no lo he notado. Es casi imposible, su mirada oscura me intimida, me presiona e incluso me inquieta, tanto, que estoy tentada a decirle a Evander, pero no quiero lanzarle una alarma cuando ni siquiera estoy segura. ¿Y si solo soy yo?



Jana Lass

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En el texto hay: cienciaficcion, reencarnación, guerra y amor

Editado: 28.07.2020

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