Retorno al olvido

21. Alerta

|| ᴘʟᴀɴ ᴅᴇ ʀᴇғᴜɢɪᴏ

Holand aplaude y se queda parado en el centro de la cafetería. Apenas y presto atención, todos parecen igual de cansados que yo, a excepción de Ash, que mira atenta a su hermano con los ojos entre cerrados.

—¿Qué es? —le pregunto, ahora más interesada en lo que el pelirrojo pueda decir.

Ashley me mira y hace una mueca con disgusto. No es que habláramos mucho desde que tuvimos nuestra pelea, pero se lleva bien con Debbie y yo tenía que aprender a tolerarla cuando se sentaba en nuestra mesa o cuando pasaba tiempo con Deb y Rowan. Suerte que no tenía que lidiar con Reymund en este momento.

—No sé qué sea, pero no me gusta. —Para mi sorpresa, me responde con tranquilidad.

Decido no darle mucha importancia, tengo el estómago apretado por los constantes nervios de toda la situación. Holand tarda en hablar y termino con poco apetito debido a la expectativa, me limito a comer un pequeño pedazo de carne y apenas un jugo.

Nadie lo nota, o eso espero, me sentiría demasiado avergonzada si notan lo angustiada que me siento. Más cuando ellos están preocupados por cosas más interesantes, como proteger a los niños y familias. Habíamos formado ya una ruta de escape, en caso de que la guerra tocara nuestra puerta, literalmente, y en realidad no es tan complicada, sencilla —o intentamos que lo sea —. El plan consiste en que, mientras los más capacitados, fuertes luchaban y protegían las entradas, otros conducirían a las sesenta familias a lo profundo de la sede, donde docenas de autos y camiones escondidos los esperarían. Fácil y sencillo.

Sí, claro.

—¡Estudiantes! —La voz formal de Reymund interrumpe el almuerzo y me sorprende, esperaba que Holand hablara, pero al parecer estaba ahí como apoyo. El pelirrojo se cruza de brazos y observa con una mirada asesina a todos. Vaya carácter que se carga el pobre —. Por órdenes de los Hiratos, quienes busca que estemos seguros y a salvo...

Apenas dice eso, los murmullos comienzan a escucharse. Lo observo atenta hasta que su mirada se encuentra con la mía, se suaviza y sus ojos casi que gritan arrepentimiento.

Desvío la mirada y hago una pequeña mueca. Ash arquea una ceja con el rostro cargado de prepotencia, claramente ha visto nuestro intercambio.

Ruedo los ojos.

No me importa si le caigo mal, lo que me jode es que en realidad no parece ser una mala persona, todo lo contrario y aunque yo tampoco la soporto, no entiendo, por mucho que Maurice lo explicara, su aversión hacia mí. Tengo claro que no puedo caerle bien a todas las personas, pero para este caso sí que afectaba pues tenemos muchos amigos en común.

—¡Silencio! —exige Reymund, recomponiéndose de nuestra interacción —, Maurice y Mon ordenan que, a partir de mañana todo niño, mujer y anciano, serán trasladados lo antes posible a la sede del Sur. Un camión será enviado cada día, debemos evacuar en menos de una semana antes de que la situación se salga de nuestras manos.

Un escalofrío recorre toda mi columna y todos los vellos se me erizan. No puedo evitar sentir terror de lo que nos depara.

» Partirán de acuerdo con sus edades; sus familias ya han sido notificadas.

Y como si esas palabras fueran lo último que todos quisieran escuchar. Las protestas comienzan, algunos gritos y exclamaciones, el lugar se vuelve un caos. Rey ignora cualquier pregunta, lo observo bajar de la mesa y caminar hasta la salida de la cafetería, Holand no lo sigue en cambio se queda a responder a algunos y ya comprendo el papel que pinta en la noticia.

Trago saliva y vuelvo mi atención a la mesa.

—¿Mujeres? ¿Tendremos que marcharnos también? —pregunto con un mal sabor de boca. Ash niega con la cabeza y me asombra que ella sea la que me conteste.

—No es así. En realidad es toda mujer o niña que no sea parte de nuestro grupo de defensa o aquellos que no desean quedarse y luchar por nuestra casa, ya sabes, nadie está obligado en este lugar —gruñe, es claro que desprecia el detalle y ciertamente yo está en cierto punto de acuerdo.

Afirmo con un sonido nasal.

—Creo que no es momento de ser indulgentes —admito y ella lo concede, aunque Jazz me lanza una mirada incrédula desde el otro lado de la mesa.

Ella es demasiado buena en ocasiones, y eso no siempre es bueno en una guerra.

— De todas formas, somos estudiantes, se supone que nos hemos preparado para esto por años, no nos forzarán a que nos marchemos —acierta a decir y luego me mira con desagrado —, incluso a aquellos que acaban de llegar y no están preparados.

Fue demasiado para ser verdad, ya me extrañaba yo incluso que no soltara a mi dirección algún insulto. La miro con indiferencia.

—No están preparados, según tú —comento como quien no quiere la cosa.

Antes de que continuemos, Jasmine habla:

—Chicas, no empiecen.

—¡Qué mierda está haciendo ella aquí! —espeta y mira a todos los presentes, no hablan y eso me irrita —, ¡no sabe nada! Es claro que solo hará que nos maten en cualquier momento.

—Ash, eso no e...

—Deja de ser gentil Jasmine, sabes tan bien como yo que, poniéndose en peligro y sin tener plenos conocimientos no solo se expondrá a ella sola, sino que lo hará con nosotros —refunfuña —, hasta Mon lo sabe, es por eso que ha puesto esa prueba a todos los que son como ella.

—Ashley —interviene Roel, cuando estoy por defenderme de la pelirroja fastidiosa —, que Honor haya llegado apenas hace cuatro meses, no significa que no sepa nada, es lista. Y te recuerdo que Maurice la estuvo entrenando mucho antes de venir aquí, no por nada te derribó la primera vez que pelearon.

El alivio me recorre al instante.

Comienzo a cansarme de tener que demostrar de lo que soy capaz. Sí, soy más inexperta que la mayoría, no estoy acostumbrada a la idea de una guerra y me da miedo, como a cualquier persona normal el pensar en Crauth y sus estúpidos experimentos, pero tampoco soy débil y mucho menos soy tan inocente como me toman.



Jana Lass

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En el texto hay: cienciaficcion, reencarnación, guerra y amor

Editado: 28.07.2020

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