Retorno al olvido

23. Alerta

|| ᴇsᴛᴜᴘᴏʀ

Dos semanas después, la situación se vuelve más turbia. Roel no ha aparecido por lo que es entendible que sigue en la misión, me preocupo, pero mucho no puedo hacer.

Maurice parece más inquieto todo el tiempo, a veces voy a verlo a su oficina, pero está demasiado ocupado y Mon, bueno, solo me quedan dos semanas para la prueba y ella no parece muy contenta con mi progreso, a pesar de que me considero muy capaz de superar ese bendito examen. Con respecto a Jazz, ha querido disculparse, pero siendo sincera no estoy segura de sentirme muy cómoda a su lado, a pesar de que la extraño, y como consecuencia Deb y Rowan no me hayan visto lo suficiente, más que aquellos días en los que estoy segura de no cruzar con ella más de dos palabras.

El pánico en la sede incrementa, lo sé porque incluso durante mi vigilancia, hay mucha gente fuera de las casas, inquietas. No sé decir si estamos preparados, aunque ya los camiones están listos y solo algunos han salido, con un día o dos de diferencia para no levantar sospechas.

Es angustiante. Odio el sentimiento de espera, vivir en alerta y en expectativa de que en cualquier momento, el golpe pueda llegar. No sé qué habrán visto Maurice y Dan en esa dichosa misión, pero confío en ellos lo suficiente para saber que no nos queda tiempo.

Daniel no ha mencionado nada de su llamada antes de regresar y tal como lo prometí, yo no he dicho nada, aunque puedo saber por su actitud que eso no le preocupa, quizá era una corazonada errónea, quizá ha resuelto sus dudas y no había nada de qué dudar. Fuera lo que fuera, no era la mayor de mis preocupaciones.

El único que ha estado más tranquilo con la llegada de Maurice, sin duda es Reymund, sigue haciéndose cargo de muchas situaciones, sus responsabilidades son grandes, pero esas horribles ojeras ya no están, al menos la mayoría del tiempo y, aunque fuera estúpido, me gusta pasar el tiempo con él. Es tranquilo, divertido cuando se lo propone y me hace olvidar por un segundo todo el peligro que hay afuera.

Es por eso que me preocupo en el momento en que, una noche en la que me acompaña en mi turno de vigilancia es llamado con urgencia a la oficina de Maurice. Se va con tanta prisa que apenas tiene tiempo de despedirse y me acojona no volverlo a ver el resto del turno así que me encamino, en la madrugada hasta la oficina mandándole un rápido mensaje.

¿Sigues con Maurice?

El problema es que no contesta, así que decido esperarlo unos minutos o marcharme a descansar para, al siguiente día, buscarlo.

Estoy a punto de caer dormida sobre una banca a unos metros de la puerta, cuando lo veo salir, vacilo al acercarme. Se detiene de golpe cuando se da cuenta que estoy frente a él y se queda quieto, parece haber envejecido en tan solo unas horas, cosa que me alerta; pasa una mano por su cabello.

Está cansado, pero sobre todo, preocupado.

—Hey —digo. Parpadea un segundo, como si no estuviera seguro de que estoy frente a él, después de unos segundos, se aproxima despacio.

—Hey —responde en un murmullo —. ¿Está... todo bien?

Frunzo el ceño, preocupada. Me acerco y tomo su mano.

—No lo sé, tú dime —musito, muerdo mi labio —, me quedé intranquila cuando desapareciste de esa forma.

Me observa en silencio, detalla mi rostro y con la misma mano que sostengo, pasa su pulgar sobre el dorso de mi mano

—No sé... no sé si sabías, pero Maurice me ha dicho que mandó un grupo pequeño para analizar la situación más cerca de Crauth. —Niega con la cabeza, sus ojos verdes relucen con disgusto.

Me quedo sin respiración.

—¿Les ha ocurrido algo? ¿Crauth los tiene? —Solo de pensar algo así, en Roel ahí, me dan ganas de vomitar. Llevo mis manos a mi estómago y lo miro hasta que creo que, voy a regresar lo poco que he comido.

Rey sonríe, una sonrisa que denota ternura.

—Ellos están bien, han llegado esta tarde —Aclara su garganta —, no obstante, notificaron que... Crauth no estaba.

Frunzo el ceño.

—¿Cómo que no estaba?

Se remueve en su lugar, ansioso.

—La sede... estaba sola, no había ni una sola alma... —Su mandíbula se tensa, mira su reloj —. Será mejor que el camión salga tan pronto los arreglos queden, debemos ponernos a salvo.

Comienza a caminar y lo sigo, no tengo sueño, cualquier rastro de ello ha desaparecido ante la noticia.

—No tengo idea cuánto tiempo nos queda, pero debemos prevenir. —Lanza una mirada por sobre mi hombro, donde sé, se encuentra la sala de entrenamiento, y regresa su mirada hacia mí —. Tengo que ocuparme de algunas cosas ahora... sé que estás cansada y lo siento, pero ¿puedes... puedes ver qué tal marchan las cosas con el camión?

Asiento, dispuesta a ayudar en lo que sea.

» Bien, solo informales de la situación y ve a descansar. Te alcanzó en tu turno —Por segunda vez asiento, deja un beso en mi frente y se marcha hacia quién sabe dónde.

Ni siquiera me tomo la molestia de ir por un cambio de ropa, o ir a comer, voy directo hasta donde sé, está el sótano con los camiones y autos. Y por lo que veo, no soy la única intranquila, mientras camino veo a más personas despiertas de las que esperaba, supongo que ya han sido notificados que el grupo debe de irse lo antes posible.

—¡Honor! —Me detengo, tensa sin embargo, no me giro porque sé a quién pertenece ese grito. Hago una mueca antes de que Jazz llegue hasta donde me encuentro.

Se detiene frente a mí y sonríe, la veo cautelosa, y su mirada alegre se transforma a culpable.

—¿Cómo estás? —Saludo, como si nada hubiera pasado —. Escuché que Roel ya volvió.

Una tímida sonrisa se asoma en sus labios, su cabello rubio está sujeto en una coleta alta y lleva casi lo mismo que estoy usando, un pantalón negro, una camiseta del mismo tono y tenis blancos, entonces sé que tampoco ha descansado nada.



Jana Lass

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En el texto hay: cienciaficcion, reencarnación, guerra y amor

Editado: 28.07.2020

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