Rojo - Saga Dioses del Cubo 2

VI. Buscando apoyo

Violett no podía tan siquiera cerrar los ojos, tendida sobre el acolchado rojo en aquella enorme cama adoselada. Los Castillo de los Territorio tenían un dormitorio para cada Dios cuando visitaban a sus hermanos, así que ella tenía aquel cuarto sólo para ella, con atuendos en el armario incluidos. Pero a pesar de saber que tenía un lugar para ella allí en el de Selba, no podía estar feliz por ello. Acababa de enterarse que su antecesor Seteh había asesinado a una hermana, a la pequeña Calom. Nunca la había conocido personalmente, pero sabía que aún era joven y apenas hacía unos años que estaba en el poder. El Dios Rojo había aprovechado de su vulnerabilidad y la había matado sin piedad, apoderándose de su Cubo, su Territorio y su gente. Imaginó entonces que los pueblerinos amarillos en ese momento tendrían la misma mirada de sufrimiento y desesperación de Charl.

Lo que había ocurrido les impidió a William y a ella seguir hablando con el menor de los Eccho, y ambos volvieron a regañadientes a los pisos superiores dejándolo allí sin poder hacer nada por liberarlo.

Suspirando, se sentó en la cama y pensó que debía hacer algo, lo que fuera, para terminar con todo aquello. No importaba si tenía que tomar medidas extremas, lo haría. Entonces una idea comenzó a arremolinarse en el fondo de su mente, en los rincones más oscuros de su inconsciente, pero la rechazó y la lanzó de nuevo a las profundidades. No estaba como para idear planes rebeldes cuando la situación no lo ameritaba.

Se incorporó en la cama y sin importarse si Selba la descubría o no, se dispuso a bajar nuevamente a las mazmorras para hablar con Charl o incluso intentar sacarlo de allí, pero cuando se calzó los zapatos, la puerta de su dormitorio se abrió de un sopetón.

—¿Violett? —Con un suspiro de alivio, Lia se abalanzó sobre su hija para abrazarla—. ¡Por la Diosa! Estaba preocupada. ¿Estás bien? ¿Te hiciste daño? ¡Cuando supe que el Colegio había explotado casi me dio un infarto! Ameris fue a verme para tranquilizarme. —Ameris era la tercer Ancestra de Selba, era la que se encargaba de dar las noticias en el Territorio.

La madre de Violett respiró hondo mientras la soltaba y la palpaba verificando por sí misma que no estuviese herida. La muchacha apenas asintió fehacientemente, frotándose los brazos y retrocendiendo.

Aún estaba dolida por lo de su padre. Era cierto que nunca había mostrado curiosidad por saber quién había sido, pero al menos su madre podría haber dado el primer paso y haber hablado sobre él.

Lia percibió la reticencia de su hija y frunció el ceño, no sin preguntar qué le pasaba.

—William volvió a salvarme —dijo, y la mera mención del muchacho hizo que Lia hiciera una mueca de disgusto, haciéndole notar a su hija el poco aprecio que le tenía—. Me habló de mi padre. Que era un Ancestro Violeta.

La mujer soltó todo el aire de los pulmones y dejó caer los brazos de forma brusca. Se giró sobre sí misma y se pasó las manos por el cabello. Refunfuñó algo incomprensible y luego se dejó caer sentada sobre la cama. Con una mirada atónita, Violett se sentó al lado de su madre. Nunca la había visto tan alterada.

—Ese William nunca sabe cerrar la boca —murmuró. El labio inferior le temblaba—. Nunca preguntaste por tu padre, así que seguí tu ejemplo y no te hablé de él para evitar el dolor… —Se tapó la boca con la mano y se le empañaron los ojos—. Se llamaba Júpiter. Mi hermana y yo… Trabajábamos en un Cabaret…

Los ojos de Violett se abrieron de par en par. Su madre… ¿en un Cabaret? ¿Realmente…?

—Mamá, ¿tú...?

Lia quitó las manos de la cara y tomó las de su hija entre las suyas.

—Espera, déjame terminar. Sia y yo trabajábamos en ese lugar. Tu padre lo frecuentaba mucho a pesar de las diferencias entre los Territorios. Digamos que Seteh se lo permitía por algún motivo que desconozco. Nos conocimos allí y nos enamoramos. —A pesar del tono soñador de su madre, Violett no podía concebir una idea de amor en ese tipo de lugar. —Él amaba su Territorio, su Diosa, pero eso no impidió que en el momento que supo del embarazo estuviese radiante de felicidad. Me pidió que me fuera con él al Territorio Violeta cuando ocurrió lo de Ozai.

»En el momento en que Dana huyó, Júpiter fue a verme y me contó lo que estaba pasando. Mi hermana escuchó todo y se lo dijo a Seteh. ¿Sabes? Ella era una de sus favoritas, y ese chisme era lo mejor que podía ofrecer a su Dios para complacerlo. —La mirada de Lia se volvió nostálgica, y Violett pensó que seguramente su madre aun no podía creer que su hermana Sia los traicionara de aquella forma—. Y Júpiter… Ozai tomó represalias contra él y…



Dayana Portela

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En el texto hay: fantasia, dioses, romance

Editado: 04.04.2018

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