Rojo - Saga Dioses del Cubo 2

XVIII. Rechazo

Lo primero que sintió Dana fue frío, tan intenso que se le colaba entre la ropa y le congelaba los huesos. Recordó la sonrisa de Azahar, tan extraña que no sabía a qué sentimiento asociarla, y se sobresaltó al pensar en lo último que había ocurrido. Aún con los ojos cerrados, se tanteó la oreja derecha, pero el Cubo Violeta no estaba allí.

Con un quejido, se revolvió en el suelo de piedra donde se encontraba y abrió al fin los ojos. Sin embargo, continuaba sin ver nada, encontrándose en una completa oscuridad.

—¿Rhodon? ¿Noscere? —indagó con preocupación, su voz sonando áspera y seca. Tenía la boca pastosa y le dolía la punta de los dedos de frío.

—¿Dana?

La voz susurrante del Dios Rosa le llegó lejana, como si estuviera en otra habitación. Ella se apoyó sobre ambas manos, tiritando, y se sentó con dificultad.

—¿Dónde estamos? ¿Qué… pasó?

Oyó a Rhodon suspirar.

—No lo sé. Desperté aquí, a oscuras, sin mi pendiente.

—Mi Cubo tampoco está —corroboró mientras asentía. Tanteó el suelo buscando una pared, pero no encontró nada y no se animó a estirarse más allá de lo que le permitía sus brazos—. ¿Sabes de Noscere?

—Si está aquí, no responde.

La Diosa Violeta sintió que se le estrujaba el corazón y volvió a tantear a su alrededor, animándose a explorar un poco más. Se encontró con que estaba dentro de una habitación de tres por tres metros, totalmente de piedra y sin ninguna abertura. Se preguntó cómo el aire no era enrarecido allí, y por qué estaba tan frío si era cerrado. Su mano encontró una pequeña ventana más alta que su cabeza, pero era demasiado pequeña como para pasar por ella, y supuso que la voz de Rhodon se colaba por allí.

—Estoy encerrada sola, ella no está conmigo. —Oyó que Rhodon volvía a soltar el aire gesto resignado—. Espero que esté aún inconsciente… —murmuró, de pie con las manos apoyadas en el hueco de la ventana—. ¿Qué crees… que planea Azahar? —formuló, poniendo en palabras lo que ambos pensaban—. ¿Crees que nos usó? ¿Que es peor que Seteh al tener un Cubo con el cual puede actuar en cualquier Territorio?

Él no respondió enseguida, pero Dana tampoco lo presionó.

—Si esa era sus intenciones, no entiendo por qué ha esperado hasta ahora y no actuó antes.

La Diosa Violeta pensó que también tenía razón. Había algo que no entendía de Azahar, pero fuera lo que fuera, no era bueno. Pero tampoco malo.

- - -

Litimel se abrazó las rodillas y comenzó a llorar, mientras que las niñas corrieron con su tío Charl también en un mar de lágrimas. El joven Eccho no entendía nada, pero al ver salpicaduras de sangre en Aghana, temió que algo muy espantoso había pasado. Las recibió con los brazos abiertos, apretándolas contra su pecho y sintiendo el dolor de sus sobrinas como el suyo.

—¡Un hombre malo mató a mamá! —gritó Aghana, y él cerró el puño sobre el hombro de la pequeña.

—¡A papá! —la coreó Milah, con los bracitos rodeando su cuello con fuerza, como si temiera que él también fuera a morir.

—¡A tío Lous!

—¡A la abuela!

Loy se movió al fin y llamó a su madre para que le consiguiera un lugar para las nuevas invitadas. No era difícil deducir que el “hombre malo” se trataba de Seteh, y que aquellas niñas eran sobrinas de Charl y de William por el parecido. Tranquilizó a la mujer usando un poco de magia, y ella se dejó guiar por Mey por los pasillos hasta la habitación de invitados. Luego se dirigió hacia Charl, le palmeó la espalda y el muchacho le dedicó una mirada enrojecida.

Con cuidado, el Ancestro Violeta se arrodilló frente a las niñas y con una caricia en el cabello, las hizo dormir dejándolas descansar una noche sin sueños. A la mañana amanecerían mejor, en ese momento estaban muy consternadas y sensibles. Con la ayuda de Charl las llevó al dormitorio donde Litimel ya descansaba.

Cuando salieron al pasillo, Charl no soportó más el dolor que lo invadía.

—¡Ese hijo de puta! —gritó con ira, golpeando la pared con el puño. Loy oyó cómo se le quebraba el nudillo y balanceado la cabeza le curó la mano antes que el dolor se hiciera presente así que bajara la adrenalina del momento.



Dayana Portela

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En el texto hay: fantasia, dioses, romance

Editado: 04.04.2018

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