romance entre un lobo y la luna

Cap.13: Lo que al lobo le importaba.

Bueno bueno chicos, un saludo y un fuerte abrazo desde venezuela, quiero agradecerles el apoyo y la paciencia que han tenido para conmigo, hoy les traigo la continuacion de esta historia, despues de haber pasado un buen rato sin actualizar, espero que lo disfruten y que realmente les guste. disculpenme el retraso pero entre todos mis deberes, se ha dificultado sentarme a escribir con tranquilidad.

Los aprecio un monton por leer esta historia y por el apoyo y solo me queda decirles: ¡Gracias!

 

La mañana siguiente me levante con muchos ánimos, prepare mi desayuno y una taza café. Mientras desayunaba a un lado de la aquella humeante taza de café, estuve pensando en todo lo ocurrido la noche anterior cuando de pronto alguien toco a mi puerta.

Había terminado de comer y me dirigí a la puerta, y al abrirla supe que se trataba de mi padre quien había venido a verme a tempranas horas de la mañana con un radiante sol esperándonos para hacer cosas de padre e hijo. “No sé qué rayos haremos, pero lo haremos” pensé, y entonces comenzamos a caminar fuera del campus mientras él me preguntaba cómo me había ido la noche anterior.

- ¿Y? ¿Cómo te fue anoche con Rosse? – preguntó ansioso de una respuesta.

- ¡No sé cómo describirlo! – afirme sonriendo no sé por qué.

- Inténtalo, puedo imaginar por tu expresión que bien, pero quiero oír los detalles – dijo mi padre curioso, mostrando interés por mi vida mientras caminábamos bajo el cálido sol de la mañana y la frescura del roció de aquella imponente lluvia que había caído el día anterior.

- Pues… - comencé, intentando articular las mejores palabras para describir lo que había ocurrido – todo fue muy extraño – expuse finalmente – la lluvia era fuerte, no cesaba y la noche era fría, realmente helada – acoté – caminaba de regreso a mi dormitorio cuando recordé tu consejo mientras me detuve a contar los dormitorios de la torre B, hasta ubicar el de Rosse, y entonces sin siquiera pensarlo me lance al otro lado y comencé a correr por todo el patio sobre el lodo que se pegaba a mis zapatos y bajo el enorme aguacero que arremetía con fuerza contra mi dificultándome la posibilidad de ver – explique luego – entonces llegue a su ventana y ahí estaba ella – sonreí en ese momento, recordando lo preciosa y maravillosa que se veía Rosse aun detrás de esos cristales mientras ella estudiaba – era… era… fascinante, se veía preciosa, no consigo describir lo maravillosa que se percibía en aquel momento – alegue – y decidido a acabar con mi confusión y mi frustración, toque dos veces su ventana propinándole un susto, y ella consternada se acercó para abrirla preguntando que hacia debajo de la lluvia, entonces respire profundo y deje salir todo lo que sentía por ella en un momento de locura.

- ¿lograste decirle todo? – pregunto mi padre emocionado.

- ¡Si! – Respondí – fue sorprendente, jamás había sentido tanto miedo y había estado tan decidido a la vez a hacer algo en toda mi vida, como lo estaba anoche. El frio y la lluvia eran sofocantes pero eso no me detuvo ni por un instante, hasta haber terminado de decir todo lo que pensaba acerca de ella.

- ¿Y qué paso? – interrogo mi padre ansioso.

- Ella… ella me beso, de la nada, mientras me abrazaba con fuerza – respondí recordando aquel hermoso momento que aun daba vueltas en mi cabeza.

Mi padre sonrió y luego se dispuso a decir – me da mucha alegría saber que pudiste decirle lo que sentías, me siento orgulloso de ti – luego miro hacia el camino como con melancolía y acoto – Rosse me recuerda a tu madre.

- ¿Ah sí?

- ¡Si! Es exactamente como era ella cuando la conocí y aun luego de casarnos.

- ¿Cómo era ella? – interrogue con mucha curiosidad.

- Tu madre era una mujer maravillosa, sus ojos verdes iguales a los tuyos y ese cabello rubio me atraparon desde el primer momento que la vi – dijo mi padre sonriendo, recordando con placer aquella primera vez que había visto a mi madre – ella era tenaz, de un carácter fuerte y no se rendía con nada, realmente brillante, bondadosa, generosa y sumamente cariñosa, y para mí, una completa molestia a pesar de lo loco que estaba por ella, puesto que constantemente me reprochaba mi mal comportamiento.

- Suena exactamente como Rosse – dije riendo.

- Así es, se parecen demasiado, por eso me siento feliz de que Rosse esté en tu vida, ella podrá lograr contigo lo que tu madre no logro conmigo por mi falta de valor para hacer lo que debía hacer para estar con ella y contigo – dijo él frustrado.

- ¿Qué ocurrió exactamente ese día? – pregunte curioso por saber que había ocurrido exactamente.

- Aquel día, yo estaba en una misión, debía escoltar al presidente a una importante reunión y al llegar cenaríamos todos juntos, tu tía, Josh, tu madre, tú y yo – se detuvo en medio del camino y respiro profundo antes de decir – aquel día particularmente debía apagar mi teléfono por la seguridad del presidente, y mientras yo lo escoltaba, ella estuvo llamando, supongo que para decirme que habían unos hombres fuera de la casa tratando de entrar. Tardaron al menos media hora en entrar debido a toda la seguridad que tenía la casa en aquel entonces, pero finalmente entraron. Esa noche regrese emocionado por ver a tu madre y a ti también, que para aquel entonces tenías tan solo treinta días de nacido, pero cuando llegue a la casa, las puertas estaba destrozadas y Josh y yo entramos rápido buscándote a ti a tu madre, a quien la encontramos en el suelo con un agujero de bala en el pecho. Al verla yo me desplome rápidamente pero mi esperanza regreso cuando te oí llorar; Josh te saco del gabinete que estaba debajo de la cocina, en donde tu madre te había escondido, y te había puesto unas orejeras para que no escucharas el alboroto y no te despertaras.



R.G. Martinez

Editado: 20.03.2019

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