Rosa pastel

13. La petición de Dan

Tras mi romántico fin de semana junto a Dan, mis hijas y yo habíamos regresado a la normalidad junto a Kelly, donde también habíamos cogido el ritmo de la cotidianidad que nuestros días demandaban, pero, a pesar de toda aquella "claridad y costumbre" que yo pretendía entregarles a mis hijas, en mi privacidad, en la soledad de mi cuarto personal, mi vida enseñaba un drástico cambio, donde durante cada noche y cada amanecer, Dan y yo nos encauzábamos en cambiar nuestros monótonos días.

Mi teléfono timbró, retumbando por toda la habitación, obligándome a abrir los ojos con lentitud. Me maldije entre dientes, pues había olvidado —otra vez—, apagarlo.

"Lo lamento, sé que es un poco tarde, pero quería saber: ¿cómo estuvo tu día?" —Dan C.

Me incorporé rápidamente en la cama, con los ojos picando ante las altas horas de la madrugada en las que Dan solía escribirme. Me rasqué el cuello con las uñas y continué por frotarme el rostro con una mano, bostezando con pereza.

"Mejor ahora" —respondí sonriente. 

Tras enviar aquel corto, pero significativo mensaje, el proceso de arrepentimiento llegó a mí, y es que siempre terminaba confundida de cada cosa que mis dedos escribían para él.

Obviamente mis dedos eran más rápidos que mi cerebro.

"¿Cómo están tus hijas? Oí por allí, que Abril consiguió un nuevo colegio..." —Dan C.

"Es verdad, ayer comenzó en un nuevo colegio en la zona alta de Santiago. Mucho niño rico, pero fue lo que ella deseó. Y tú, ¿mucho trabajo?" —escribí tan rápido que el corazón me latió al ritmo en que mis dedos se movían, y antes de enviar, me tomé las molestias de leer un par de veces mi respuesta, pues no quería equivocarme otra vez.

Me removí inquieta en la cama, fijándome en la pantalla, pinchando con mi dedo el vidrio de esta, ingresando en el contacto que mantenía en mi móvil con su nombre, y con un deleite excesivo, miré la fotografía que usaba como contacto.

"Acabo de llegar a casa, hubiera sido genial que estuvieras aquí" —Dan C.

Leí embobada, atragantándome con mi propia risa emocionada.

Como se imaginarán, chillé, conteniéndome luego al entender que eran casi las dos de la madrugada y si Kelly me oía escandalizando como una yegua enloquecida, de seguro me sacaba a patadas desde su propiedad.

Tomé una gran bocanada de aire, lanzándome hacia atrás por el colchón, siendo recibida por dos gruesos cojines con los que solía dormir, y flotando entre nubes y románticas frases, me dispuse a responder.

"Sí, claro. ¿le dices lo mismo a todas las chicas con las que hablas a esta misma hora?" —pregunté, usando ironía y un par de emoticones que lucían cabreados.

Algunos segundos transcurrieron y Dan no respondió otra vez, de seguro lo había hostigado con mi tontería infantil, y sin percatarme como, caí rendida entre las oscuras sábanas de mi cama.

Podía sentir el calor y el peso que mi móvil emitía, estrujándose entre mis dedos, pero por más que deseé despertar y exigirme a dejarlo sobre la mesilla de noche, el cansancio que sentía me superó, y me llevó a seguir dormida de mala manera sobre el colchón.

 

La alarma de mi móvil comenzó a repiquetear en mi odio, obligándome a abrir los ojos con rapidez y miedo en cuanto el fuerte vibrador chocó contra mi nuca y levantándome ágilmente desde la cama, me encontré con mi móvil en la mitad de mi almohada.

—Que tonta —susurré a duras penas, cansada y casi molida por la falta de descanso.

Cogí mi móvil para apagar la alarma y antes de volver a lanzarlo contra la cama, me fijé en que tenía tres mensajes provenientes desde Dan.

Mis dedos pincharon la pantalla, temblorosos ante la falta de descanso, de seguro también por el nerviosismo que el hombre me producía y mi corazón estalló en cuanto me fijé en lo que me había enviado.

Dos mensajes de voz y una fotografía.

"Estoy completamente solo. De hecho, ni siquiera he traído a mi gato conmigo, pues estaré por dos días y luego debo viajar a Antofagasta por trabajo —habló, suspirando al final de aquella larga frase—. Me gustaría que confiaras un poco más en mi —extendió, generando extraños ruidos de fondo—. Y es en serio cuando digo que quiero que estés aquí, me gusta mucho escuchar tu voz en la mañana, seria genial si me dejaras un saludo de buenos días para cuando despierte en ocho horas más —continuó, con una agotada voz—. ¿Qué harás este fin de semana? Tenía ganas de regresar a Santiago, pero si no estarás disponible, dímelo y regresaré directo aquí..." —Dan C.

"Hey, Kei, supongo que te has dormido. Lamento haber molestado tan tarde, pero necesitaba hablar con alguien de confianza, y sabes que confío ciegamente en ti —habló en el segundo mensaje, más largo que el anterior—. Cuando despiertes y escuches esto, por favor, déjame un mensaje de buenos días... ¡Lo necesito y no sabes cuánto! —explicó quejumbroso. Sonido que su garganta emitió y que me generaron excesivos deseos de estar a su lado, abrazándolo, cuidándolo. Curiosamente, lo imaginaba triste y destruido, y no lograba entender por qué—. Te enviaré una foto de mi cama, para que veas lo solo que estoy... me gustaría que estuvieras aquí, tengo ganas de dormir abrazado a ti, respirando ese rico perfume floral que usas... —susurró, al parecer a pocos segundos de caer rendido sobre sus almohadas. Su voz era una delicia, ronca, masculina, me encendía como si nada—. Descansa, nena. Llámame después... te lo agradeceré" —Dan C.



Caro Yimes

Editado: 24.04.2019

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