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"Malum Memorias"

Alcalde Enrique Figueroa        

Alcalde Enrique Figueroa

Estoy en la oficina del municipio, grandes ventanales me dan la bienvenida a la hermosa vista de esta ciudad, pero mi vista se ve interrumpida por la neblina que empieza a cubrirla poco a poco, no obstante, frente a mí hay una no tan pequeña maqueta de lo que en un futuro será la Ciudad Roja.

Extiendo mis manos a los lados de esta y pienso en las palabras que me dijo la señorita Dominica la noche anterior, será cierto que si Emily Fairchild se entera no podré escapar del error que cometí aquella noche en el yate. Sigo observando la maqueta, los edificios están construidos con un material transparente satinado que les da un toque elegante.

Escucho como tocan la puerta y con pasos tímidos mi secretaria entre con unas carpetas en sus manos.

-Alcalde, la señorita Emily Fairchild está aquí para verlo-informa mientras pone las carpetas en la mesa del centro del lugar.

¡Mierda!

Emily Fairchild

Ander y yo estamos sentados en la recepción del lugar, vengo para que el alcalde firme los papeles con respecto al trato que teníamos. Me levanté del asiento cuando veo como la secretaria del alcalde viene hacia nosotros.

Cuando estoy lista para caminar hacia la oficina, el brazo de la secretaria me detiene y solo giro mi cabeza para hacerle saber por qué me estaba deteniendo.

-Lo siento, el alcalde Figueroa ya tiene una cita previa-dice para después irse a su puesto en la recepción. Mi cara de incredulidad esta al máximo, porque no podía creer lo que estaba oyendo, sé que algo le pasa al alcalde, mis sospechas acerca que algo le sucedió algo la noche que me llamó están creciendo.

Siento mi celular vibrar y aún estando en el centro de la recepción atiendo la llamada.

-Señora Claudia -respondo y solo me limito a escuchar lo que me dice y cuelga la llamada.

Después de unos minutos estoy en el estudio de la mansión junto a Claudia lo cual está sirviendo un poco de té en las tazas que hay en la pequeña mesa enfrente de nosotros.

-Las primeras hojas se recogieron y tostaron en abril, además el monje que los cultivo cumplió 100 años este mes, me temo que no pasará de este gélido invierno, entonces este té será el último en su tipo-comenta con su pasivo voz, mientras iba vertiendo el cálido té-. Pensé mucho con quien tomaría este precioso té y pensé en ti primero.

Mi mente se quedó en blanco, algo trama, lo sé. Pero no hago reacción y sigo sentada adecuadamente tal como ella me enseño hace unos años. Su mirada es tan extraña que no sabría descifrarla.

-Toma un poco por favor-extiende la taza de té, sus ojos estaban clavados en mí, de reojo observé como sonreía de manera tímida. Con su mirada en mí, tome la taza en mis manos con la intención de beber de ella.

-Me temo que al final de todo el destino no quiso que nos convirtamos en familia-dijo mientras me quitaba la vista y la clavaba en algún punto enfrente de ella.

Cuando dijo eso, detuve la taza cerca de mis labios, sintiendo como el vapor de la taza me calaba en mis labios y mis ojos viajaron hasta ella. Prosiguió hablando.

-Gracias a ti, mi hija mayor pudo vivir una vida ligeramente normal. Pensé que nunca haría un amigo en su vida, pero veo que ella te quiere demasiado-es acaso una broma de mal gusto-. Ya has hecho más que suficiente para con nuestra familia y con la empresa.

Bueno, ya veía venir algo. Pero debo decir que me tomo por sorpresa que fuera esto.

Lentamente voy bajando la taza y la acomodé en mi regazo, siento como en mi cabeza las imágenes del pasado vuelven como sombras que quieren tomar el dominio de mi cabeza para atormentarme.

Estoy a unos metros de él, supongo que después de todo lo que ha pasado es el único que queda para mí.

Lastima que no lo sepa, así que a consecuencia de eso me trata como a cualquiera de las personas que sirven y trabajan en esta casa. Aún en su estado actual de salud, a pesar de estar en silla de ruedas es completamente estricto con todas las personas que viven bajo su techo, nunca fue una persona amable, incluso con su único hijo....

Estaba en el pasillo de su recámara, a lado de su silla de ruedas estaba tripe que sostenía la bolsa con su medicina que le era administrada durante todo el día, con el fin de que viviera un poco más.

Recuerdo estar limpiando su cama, cuando Claudia llego a la habitación, sin mirarme y hablarme se situó enfrente de él con sus manos juntas a la altura de su regazo. Su cabeza estaba inclinada y su mirada clavada en el suelo. Se escuchó un fuerte bufido proveniente de anciano.

-Esos imbéciles, aceptar traerme a una muchacha como tú, alguien cuyo pasado ni siquiera conozco solo por el simple hecho de que ese día te presentaste como la neura de esta familia es algo de lo cual me voy a arrepentir por el resto de mi vida, incluso cuando este muerto-dijo con muchos esfuerzos, para acabar con un ataque de tos, de esos que siempre le daban cuando se sobre esforzaba.

-Pero, aun así, si no me traían su apellido iba a desaparecer. Ahora que yo y mis hijos están aquí lo podemos llevar y su estúpido miedo de que olviden quien es usted se esfumará-contestó Claudia con arrogancia.

-Ese idiota, no puedo creer que se casara con alguien de tan bajo nivel como tú-respondió el anciano tratando de mover sus piernas pero que ya lastimosas no reaccionaron.

Me acerqué un poco más donde estaban ellos hablando, pero antes de eso tomé la ropa del anciano para poder acomodarla mientras estaba escuchando.



Janeth Salazar

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En el texto hay: traiciones y mentiras, traiciones, dinero y poder

Editado: 29.09.2020

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