Ruidos en la noche

Novena Noche

Thomas

Me senté en las escaleras que conectaban al segundo piso con el tercero. Necesitaba investigar un poco más y el único lugar que podría ayudarme en eso era la gran oficina de la casa.

Todos creían que me encontraba trabajando; pero estaba lejos de ello, solamente hice un poco de mi trabajo en la mañana, hasta el almuerzo. El día anterior se había sentido como un descanso, me asignaron ayudar en la cocina, era el día de aseo y aunque fue un trabajo duro, la compañía me sentó bien. Pero cuando estuve en el bosque con Katherine regresé a la realidad. Fue bastante extraño, ella desapareció y no podía encontrarla. Algo pasó, no estaba seguro de que exactamente.

Las manos me sudaban, así que las pase por mi pantalón y me levanté, subí escalon por escalon lentamente y cuando llegue al largo pasillo me di cuenta que no podía existir lugar más tenebroso y gótico en la casa que este. Me enderece y camine hacía la derecha, era lo único que sabía sobre mi destino. Fui de puerta en puerta, encontrando la indicada al final. Sorprendentemente la puerta fue silenciosa cuando la abrí, pero no podía ver nada.

Entre con pasos vacilantes, dejando la puerta abierta, no me atrevía a tentar mi suerte. Tomé la primera silla que encontré y la puse en la entrada, para evitar que algo cerrara mi salida. Llamenme miedoso si quieren; aunque yo prefiero más el término prevenido.

Di una serie de pasos hacia los grandes estantes llenos de libros no muy seguro de que estaba buscando y por un segundo me sentí observado. De repente pensé que tal vez podría existir alguna agenda o carpeta de empleados de la casa. Pase la vista en cada lomo de los libros, lastimosamente muchos no tenían título. Tuve que tomar más de uno y revisar su interior. No entendí el contenido de la mayoría, probablemente por la falta de luz, así que iba añadiéndolos a una pila de documentos y libros por llevar. No encontre nada sobre la propiedad, lo que me hizo concluir que podría haber mucho más en el escritorio.

Con sumo cuidado detalle los cajones del mueble de roble que estaban todos cerrados con llave. Busque en mis bolsillos y saqué una hebilla de mi madre, sabía que tenía que estar preparado para todo. Empecé a trabajar con la cerradura del primer cajón y luego los siguientes. Y al revisarlos descubrí un archivo de empleados y un fajo de correspondencia bastante antigua. Lo deje a un lado y trate de dejar todo tal y como estaba.

Me sentí con premura cuando cerré el último cajón, tomé todo lo que pude y fui directo a la puerta, entonces di una rápida mirada por todo el pasillo. Cuando estuve a punto de salir, uno de los libros se resbaló de mi agarre, abriéndose por completo. Puse los demás a un lado y lo tomé, dándome cuenta al ver sus páginas que no me serviría de nada. Decidí arriesgarme y regresarlo al estante de la biblioteca.

Vi un espacio vacío y fui directo a este, acomodé el libro y en ese mismo momento escuche algo moverse a mis espaldas, me giré con extrema rapidez y encontré que aún estaba solo en el lugar. Trague saliva y volví la mirada al frente, encontrando unos ojos observandome y de la impresión retrocedí chocando con un lado del escritorio, casi cayendo. Me moví hacia la puerta, asustado y escuche otro ruido, mis ojos se desplazaron por todo el lugar, hasta ver una figura en un rincón, no estaba seguro de si era una mujer o un hombre; pero, tampoco estaba dispuesto a averiguarlo. Corrí al exterior, cerrando la puerta, tome los libros y documentos del suelo y fui directo a las escaleras.

Cuando estuve a punto de bajar el primer escalón, escuche la puerta abrirse. Di una mirada sin poder evitar mi curiosidad y juro haber visto una sombra, observándome a lo lejos de forma acusatoria. Asustado, di un paso en falso y caí por las escaleras, al menos no eran tan largas como las de la entrada.

—No se si reirme de ti o recordarte que te advertí sobre merodear por lugares prohibidos —vi sus cabellos dorados desde el suelo. —¿Vas a levantarte algún día o necesitas mi ayuda? —Me preguntó con cierta burla.

—Veo que hoy estás de buen humor, incluso estas burlandote de mi. —Dije, levantándome.

—¿Qué tienes ahí?

—No estoy seguro, lo revisare en unas horas —me senté y organice los libros de nuevo.

Unos pasos llamaron nuestra atención en el piso superior; sin embargo, aunque se acercaron y no perdí de vista la parte superior de la escalera, no vi a nadie pasar, un extraño escalofrío me recorrió de inmediato y supe que debía marcharme de allí tan pronto como pudiera.

—Te ayudare a llevarlos —tomó algunos de los libros, ignorando el evento extraño que acababa de suceder.

Llegamos a mi habitación y después de dejar los libros en la mesita que tenía se marchó sin más. No lograba entender a Katherine.

Revisé cada uno de los textos y fui a cenar llegado el momento, no quería levantar sospechas sobre lo que hacía. Entonces subí de nuevo a mi habitación y seguí con el proceso. Ciertamente, aquellos libros fueron una pérdida de tiempo. El unico que aporto en algo fue el cuál cuyas páginas ya ni se lograban leer, porque entre ellas estaba una carta, que añadi a las otras.



Wanda Quiceno

#1949 en Terror
#2030 en Paranormal

En el texto hay: fantasmas, amor dolor y muerte, horror

Editado: 03.05.2018

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