Sabine

Capítulo 1

Sabine Kurtz se encontraba sentada en una banca del parque central, la tarde era soleada a pesar de que había llovido en la mañana. Los niños a su alrededor jugaban alegremente sin importar que los columpios y rodaderos aún se encontraban mojados, algunas madres hablaban y reían. Los pájaros iban de árbol en árbol cantando y discutiendo entre sí.

Le gustaba ver cómo la gente vivía en sus propias burbujas, muchos tenían problemas eso estaba claro para ella. Sin embargo, Sabine no tenía que lidiar con esos problemas normales. Su padre, dueño de una constructora y su madre directora de una agencia de modelaje. No tenía ni problemas económicos, ni amorosos, ni familiares; o al menos no los comunes. Ella lidiaba con secretos que con el tiempo se hacían más fáciles de ocultar.

Leah Bouchard caminaba con las manos en su abrigo, la chica era excepcionalmente hermosa, sus ojos eran verdes, grandes y cautivadores. Su sonrisa atrapaba a cualquiera, pero había cometido un gran error y eso la condenó solo un poco. En otro momento hubiera lucido encantadora, pero ahora, lucía demacrada, tenía ojeras inmensas y estaba pálida, su cabello estaba más desordenado de lo habitual pero carecía del brillo con el que siempre lo lucia.

Sabine tiró el cigarrillo que tenía entre los dedos y lo pisó, la muchacha hizo un gesto de fastidio, Leah había tardado tanto que Sabine se había visto obligada a encender un cigarrillo de más. Y a pesar de que ese día en específico estaba de buen humor no le gustaba dejar sus cigarrillos a dos caladas.

-¿Porque lo tiras? - La voz de Leah era suave, ocultando lo ronca que estaba. Había llorado por días y noches completas, su apetito iba cada vez en picada.

- Cariño, estás embarazada... ¿Recuerdas? - Leah no era la típica chica que se embriagaba en la fiesta, no. Ella no bebía, le gustaba bailar, reír y disfrutar. Pero era tan confiada que había terminado acostándose con un bueno para nada que lo único que conocía era marihuana, alcohol y resaca. Y por obra y gracia del destino resultó embarazada.

- No por mucho, Sabine. Tome una deci... - Sabine no la dejo terminar pensaba que no lo merecía, sabía perfectamente que no era una buena persona pero estaba en contra del aborto. Respetaba las decisiones de los demás y el pensamiento de las mujeres.

- No vas a abortar - Por primera vez Sabine miró a Leah a los ojos irritados de la muchacha que empezaban a aguarse, la determinación de sus palabras se notaba a lo lejos y no le importaba lastimar a nadie. Leah se sentó rendida.

Sabine, no puedo hacerlo. No puedo tener un bebé. ¿Qué diablos haré cuando el decano se entere? Me quitaran la beca, tendré que trabajar de mesera. No tengo el corazón para criar un hijo de esa manera. Sin estabilidad, sin un padre. Y lo más seguro es que me lo arrebaten al nacer. - Las lágrimas no habían tardado en salir, su voz no se cortaba, pero tomaba respiraciones profundas. Leah había crecido en un orfanato toda su vida.

- ¿Pero si tienes el corazón para matarlo?...- Leah apenas abrió la boca, no supo qué responder. Sabine estaba siendo demasiado dura con ella. Pero era lo único que sabía hacer. - No vine aquí para escuchar ni lamentaciones, ni tus decisiones estúpidas. -

- ¡¿Decisiones estúpidas?! - Pego un pequeño grito, se le cortó la voz.

- Tyler ira por ti en la mañana, vivirás con nosotros. - El celular de Sabine vibró. Era tarde, debía irse pronto. Leah era muy impuntual. - Y por el decano, no te preocupes, ya lo sabe. Tienes la beca hasta que el bebé nazca, después tendrás una licencia y el resto de tu carrera está paga. - Se levantó y arreglo su abrigo sacando otro cigarrillo de su bolsillo. - Así de queja de llorar (me da jaqueca oírte) empaca. - Cuando se volteo acercó el cigarrillo a sus labios apagado. - Linda tarde Leah - Sonrió y el cigarrillo se encendió. Leah abrió sus ojos Sabine no tenía nada con que encenderlo, la chica no pudo responder nada porque su aparente salvadora ya se había ido. Aturdida se fue, la noticia la había dejado estupefacta, pero no más como aquel suceso extraño.

•••

Estaba oscureciendo, el sol se había puesto, la noche prometía ser fría. El barrio en el que Sabine caminaba no era algo a lo que estaba acostumbrada, pero su presencia allí ya no era algo extraño. Las calles olían a marihuana, había basura en las esquinas. Nereal era un bar de mala muerte, lleno de drogadictos y alcohólicos. Pero la chica no iba allí por eso sino por Hannes Glass el cual la había llamado horas antes demandando su presencia inmediata.

Al llegar al bar en la oficina del administrador se encontraba él. Hannes era dueño del bar que en tiempos anteriores había sido muy famoso, pero el mercado no era fácil, con el tiempo personas con más dinero habían entrado al negocio dejándolo casi en bancarrota.

- ¿Qué era eso tan urgente Glass? - La voz fría de la chica causo tristeza en el hombre, ella nunca demostraba un atisbo de cariño, nunca le sonreía. Y él la había cuidado de muchos peligros a lo largo de su corta vida encariñándose con la muchacha de cabello negro.




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