Sanando Heridas

Capítulo 24 (Parte I)

Y como aquella tarde me encontré con Kim en el parque y como la enamorada preocupada y curiosa que era indagó sobre mi visita al psicólogo.

—Estuvo bien. Tendré reuniones individuales y más adelante con mi madre. Ahora no se puede porque según el psicólogo sacaré a relucir mis sentimientos escondidos y nos heriremos entre ambos. No estamos preparados. No lo entiendo, vivimos juntos y ahora mi madre está mas comunicativa que antes y más afectuosa debo reconocer lo que me tiene un poco receloso.

—Es entendible—comentó jugando con los dedos de mis manos—. Tu madre te ha privado de su amor durante la mayor parte de tu crecimiento y ahora tienes miedo de volver a encariñarte con ella por si decide que no vale la pena el esfuerzo y vuelve a ser la de antes.

—¿No estás trabajando con el psicólogo cierto? –pregunté irónico ante la buena interpretación que hizo.

—Que gracioso. He visto cómo te comportas con tu madre y he sacado mis conclusiones.

—Ya. Creo que tienes razón. Es difícil, se siente raro y tengo miedo de volver a encontrarla para solo volver a perderla. Soy fuerte, pero una madre es…

—Una madre. Lo sé, conejito. Tu miedo es justificado, pero no debes tenerlo. Talvez ahora no lo ves con claridad y cada paso que da tu mamá lo revisas con lupa, pero llegará un momento en el que te des cuenta que ella también tuvo traumas.

—Según lo que decía tuvo una buena infancia.

—Talvez no en su infancia o adolescencia; sino en su matrimonio. No estuviste los primeros años de matrimonio.

—André me dijo que eran felices.

—No sabemos si era cierto. Tu hermano también tenía traumas que talvez ocultó. Como te decía no sabemos cómo fue el matrimonio de tus padres, los sentimientos que tu madre tuvo y enterró centrándose en el trabajo. Lo que sintió con el engaño de tu padre, con la huida de su hijo. Talvez sintió que no servía como madre y por eso se desligo de ti, con miedo de encariñarse contigo y que tú fueras a huir.

—Me dijo algo parecido ese día, pero no es razón suficiente para el trato que me dio.

—No, no lo es. Pero solo ella sabe lo que sentía en esos momentos. Algún día te lo contará, estoy segura. Pero este no es el momento, sé que tienes preguntas, pero tú aun estás muy dolido para escuchar con detenimiento y evaluar las cosas razonablemente.

—Me decía cosas muy feas. Yo…yo…no fui un chico feliz—parpadeé para contener las lágrimas y miré hacia mi alrededor, no siendo capaz de mirarla a los ojos. No quería ver el dolor y la compasión—. Cuando mi padre se fue, no me importó mucho, no es como si hubiera sido el mejor padre y con que me mande la pensión todo está normal. Pero pensé que estaba bien, después de todo me quedaba con las únicas personas que consideraba mi familia. Sin embargo, a mi madre eso la golpeó, tanto. Y cuando mi hermano se fue, fue peor. Me quedé solo, muy solo. Me refugié en la comida y eso me llevó a ser víctima de insultos no solo en el colegio sino insultos de mi madre. Eso dolía más, podía soportar las burlas de mis compañeros, pero no podía soportar las humillaciones e indiferencia de mi madre. Después de todo, ella debía ser la que me amara, la que me comprendiera. Todo lo contrario, ella me juzgaba. Así que después de la comida, vino el ejercicio y la dieta…

—Bebé, no es necesario que…—necesitaba dejar salir lo que tenía dentro.

—…y cuando pensé que estaba consiguiendo su aceptación, me dijo que parecía un fantasma. Que no tenía idea de cómo podía tener una enamorada. Siguió humillándome e incluso me dio unas cuantas bofetadas. Ya no quería nada; sus palabras calaron tan hondo que decidí alejarme de todos, quería huir. Huir de mi realidad y no quería arrastrar a nadie conmigo.

—Por eso te alejaste de nosotros.

—Sí, no quería que vieran al chico roto que en realidad soy, al chico que teme nunca ser amado, aceptado, querido. Es difícil darte cuenta que las palabras de tu hermano eran ciertas. Yo era un estorbo para mi hermano cuando nací, para mi madre cuando consiguió una nueva pareja. No quería ser un estorbo para ustedes, no quería ser un estorbo para ti. No sé si podre lograrlo Kim, tengo la autoestima tan destruida, tengo el corazón tan herido.

—Oye mírame. Max, mírame—bajé la mirada hacia ella encontrando lágrimas en sus ojos. Se puso de rodillas y me envolvió en sus brazos—. No eres un estorbo para nadie, cariño. Escuchaste: para nadie. Estoy tan enamorada de ti que así con el corazón herido voy a seguir aquí; luchando junto a ti. Eres un chico valiente, sabes cuántos casos como el tuyo terminan con el paciente en un ataúd. Sé que no quieres eso, sé que muy en el fondo de ti tienes sueños y deseos que anhelas cumplir, aunque no lo digas. Todos vamos a estar aquí para ti, solo tienes que decirlo. Este paso que has dado es algo grande y es el inicio de una nueva vida, es un nuevo comienzo.



Nat Castañeda

Editado: 06.09.2019

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