Selina.

II. Cuentos y leyendas de Xasoul .

Y allí estaba Selina, sentada en un sitial digno de la princesa que era, su vestido azul mediterráneo era ideal para resaltar su sonrisa, pero como todos os podéis imaginar, Selina no estaba muy dispuesta a sonreír. Observaba desde su sitio como los invitados —reyes, príncipes y nobles en general— se sentaban es sus sitios frente a ella, sin detenerse en mirarla, como si ella formase parte del decorado para la celebración.

—Damas y caballeros —alzó la voz Apofis llamando la atención de los presentes, que se sentaron en sus respectivos asientos y escucharon las palabras del rey—. Queridos invitados, mi esposa Helena y yo —dijo señalando a su esposa que estaba de pie junto a él—, queremos agradeceros que hayáis venido desde tan lejos para estar presentes en este momento que es tan importante para Endergan. Como sabéis, mi hija —señaló esta vez a Selina que seguía recta sentada en la silla, mirando a sus padres sin expresar emoción alguna— cumple en poco tiempo sus dieciséis años y al ser hija única, según la ley debemos haber concertado una futura boda para entonces. Con eso queremos informaros que tras examinar las posibles opciones llegamos a la conclusión de que la mejor manera de encontrar un buen esposo para la princesa sea con duelos a espadas entre los pretendientes, los cuales deberán demostrar tanto su fuerza, su valía y su honor como su piedad y buen juicio, confiamos con el apoyo de los participantes.

Hizo una pausa. Aquel discurso parecía interminable. Selina solo pensaba en el momento de salir de allí, deseaba que todo terminara, pero solo era el principio.

—Ahora pasaremos a desearles lo mejor a los candidatos, mientras, se irán sirviendo la comida a la que todos estáis invitados.

Tras aquello el servicio empezó a servirla. Se formó un murmullo constante de parte de los invitados que conversaban contentos por poder tener otra celebración con la escusa de la princesa Enderganiana.

Más de cincuenta príncipes se ordenaron en una fila, para así, uno por uno, presentarse ante los reyes, hacer una reverencia ante el rey, besar la mano de la reina y sostener la mano de la princesa. Uno a uno pasaban repitiendo el protocolo y peloteando a los reyes, los cuales siempre respondían <<Suerte>> y alguna que otra variable en sus palabras, mientras Selina se limitaba en hacer un gesto de afirmación con la cabeza.

Llegó a cierto punto en el que la princesa perdió la cuenta de todos los príncipes que habían pasado ante ella. Le dolía el cuello de tanto asentir, el brazo le pesaba de tanto tener que levantarlo y solo podía dejarlo descansar los escasos segundos en los que el príncipe que tocaba se la sostenía, daba gracias a que tenía que llevar guantes, <<No se sabe que ha tocado uno de esos antes>>, se dijo para sí misma. La espalda le pedía a gritos que la relajase y las piernas pedían estirarse. Pero no quería levantarse, no os hacéis una idea de lo que molestaban unos tacones como los que Selina llevaba, además de otras cosas. <<Creo que se me está chafando el trasero>>, pensaba, aquel asiento no era cómodo precisamente. La princesa no paraba de quejarse para sí misma, se preguntaba si sus padres estarían hartos también.

Por suerte para Selina aquello terminó, y la comida pasó tranquila, sin improvistos, ya que tuvo que estar en la mesa presidencial, algo lejos del resto de mesas, por lo que no tuvo que lidiar conversación con nadie. Ya tenía suficiente con las miradas que su madre le dirigía, una auténtica batalla incesable que no ganaba.

Aquella pesadilla había terminado, pero lo peor estaba aún por llegar, mañana se celebraban unas cien primeras batallas para ir descartando. Solo pensarlo a Selina le iba a estallar la cabeza.

—Viara, creo que voy a morirme, voy a romperme en trocitos. ¡Uhhhh! ¡Quién fuera libre! —dijo tirándose en la cama boca abajo.

—No te preocupes, todo pronto pasará.

—No sé si es mejor que no termine... ¿Sabes que si me caso puede que no te vuelva a ver? —se incorporó y miró a Viara con una profunda tristeza reflejada en el rostro.

—Ohh cariño, no pienses en eso —Viara sabía que aquel sería, a todas luces, el destino que correrían y ella no podría hacer nada para evitarlo—. Hay que pensar en positivo, ¿vale?... —atrajo a la joven en un abrazo, era increíble lo mucho que había llegado a querer a aquella muchacha a la que había visto crecer hasta convertirse en toda una mujer—. Ahora me tengo que ir, hay demasiada tarea que hacer con tanto príncipe suelto.

Selina rio ante aquel comentario y se separó de su amiga.

—Está bien.

Ella no quiso salir de su habitación, para su desgracia, en el castillo se hospedaban muchos de los invitados. La princesa prefería quedarse en su habitación antes de encontrarse con nadie.

Aquella noche no se cenó, la comida que se sirvió al mediodía había dejado satisfecho a todos y no se vio oportuno preparar una cena para que después nadie comiera, aun así expusieron en el comedor de celebraciones algo de picoteo por si alguno estaba insatisfecho. Además se preparó dos salas de ocio, una en las que conversaban los varones y otra las mujeres.



AllisonMonroe

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En el texto hay: princesa, castillo, deseos

Editado: 09.03.2020

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