Simplemente Eres Tú

Alexandria Beltrán

A punto de cumplir tres años de haberse mudado a Alemania, Leila Schneider estaba sentada en el bar de un lugar concurrido. Con veinte años de edad había aprendido a camuflarse en el país para escuchar las conversaciones de los seguidores de Margaret. Llevaba un traje de noche, unas botas altas negras, el cabello recogido y un maquillaje de mujer que la hacía verse de unos cinco años más de los que poseía realmente.

– La Schneider volvió a desaparecer del mapa – gruñó uno de los hombres de Margaret en alemán que estaba a su costado – Tenemos que buscar la forma de no perderle el rastro.

Leila sonrió internamente, movió el contenido de su copa y cambio una pierna para estar más cómoda. Su cabello volvía a estar largo y ondulado, recuperando un poco de su color natural, pero su rostro no era el mismo de antes, ya no lucía la mirada de una niña. Ahora estaba con la mirada de una adulta preparada para cualquier golpe que la vida le dé.

– Aún no descubre donde está la chica – responde otro de los hombres trajeados mirando alrededor – Y déjame decirte que ella no está nada mal…

– Deja de hablar de ella – gruñe un chico trajeado de cabellos rizados oscuros.

Era el chico nuevo entre los guardaespaldas de Margaret. Leila lo vio hace unas semanas hablando con Margaret, según tenía entendido el chico solo poseía unos quince años de edad y estaba trabajando con la mujer para ayudar a su familia. En cierta forma verlo la reflejaba a ella misma, además de tener la misma mirada abrumada que ella tenía a esa edad.

– Caleb – saludó un guardia sonriendo ampliamente – Pensé que eras el guardia personal de la Schneider.

– Es un dolor de cabeza – se queja Caleb dejándose caer en el banco vacío del bar – No creo poder seguir con ella más tiempo.

Eso era lo que Leila necesitaba escuchar. Se levantó de la banca donde estaba y emprendió el viaje hasta los guardias de Margaret.

 

Nathan Zuzak estaba sentado en el sillón de su casa escuchando como su prometida hablaba sin parar de lo ocurrido en la universidad, la hija de los Neumann era solo cuatro años menor que él y como en la alta sociedad no le importaba la edad de las personas sino el dinero él se encontraba comprometido con ella casi por obligación.

– ¿Estas escuchando lo que digo, Nate? – Se queja la chica de cabello negro mirándolo molesta.

– Claro que sí – miente Nate bebiendo un trago pequeño de whisky.

– ¿Qué dije?

– Que adoras la universidad – responde Nate adivinando. Ella lo fulmina con la mirada y allí supo que cometió un grave error.

La hija de los Neumann podía ser el mejor partido que todo hombre desearía tener, pero ella no era una de las mejores mujeres que Nate pudo conocer. En primera, todo lo que la rodea son cosas materiales y sin sentido, él ni siquiera puede trabajar estando frente a ella porque le molesta. Una de las razones por la que ahora usa lentes de contacto.

– No soy la rata de biblioteca – suspira ella sentándose en un mueble alejada de él – No me compares con la escoria.

La “Rata de biblioteca” era una chica de intercambio que llegó hace tres años a la universidad. Desde el primer momento su prometida la odio por despreciarla, según las amigas de su novia ella intentó recibirla en su grupo, pero la rata lo único que hizo fue girar la cabeza y seguir su camino hasta la biblioteca. De allí su apodo. Nathan sabe que la chica es linda por la envidia que nota en su novia, pero no la ha podido conocer en persona.

Y le molesta en sobremanera escuchar a la mujer con la que debe pasar su vida hablar tan despectivamente de otras personas, es como si la humanidad en ella hubiese sido abandonada por completo. Nate hace una mueca por el pensamiento que cruzó su mente y miró la pared de cristal en la sala de estar. Mañana deberá cambiarla, porque para su novia esta casa es horrenda. Incluso él está pensando seriamente en comprarle una casa para no remodelar esta.

– Nate – llamó su hermano pequeño bajando las escaleras despacio – Nate quiero ir a una fiesta.

Marcel Zuzak era su hermano de dieciocho años, un chico de características parecidas a él, pero siendo portador del Síndrome de Down. A Nathan no le molesta, pues es su hermano y a él no le importa si es la persona más bella del universo o la más fea, él solo se conforma con recibir amor de parte de él y darle todo el que pueda cuando viene a visitarlo.

– Llegó el rarito – murmuró su prometida exasperada caminando a la cocina por comida.



Laczuly0711

Editado: 18.09.2019

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