Simplemente Eres Tú

Yo Nunca He…

Ella estaba allí.

Estaba frente a él y se veía completamente hermosa.

Nathan no sabía cómo detener los latidos de su corazón mientras observaba a Leila llegar en ese vestido de lentejuelas negras que lo único que hacía era hacerla ver perfecta para él y para muchos hombres en ese lugar. Existía la posibilidad de verla, esa fue su intención cuando permitió que Bárbara lo arrastrara a la fiesta, pero no estaba preparado para la imagen que tenía frente a él.

Ella estaba con el cabello levemente rizado y un maquillaje oscuro reafirmaba sus facciones; el vestido y los tacones solo la hacían resaltar más entre todas las chicas del lugar. ¿Cómo podía evitar verla embobado cuando ella todavía lo hacía sentir de esa forma? Miró a Bárbara cuando ella rompió el contacto de sus miradas y dejó salir un suspiro cansado. Esta sería una noche larga.

– Muy bien – habló un chico de ojos verdes.

Él había llegado con Leila y su amiga; se preguntaba si era su novio o un buen amigo. No podía aceptar verla con alguien más que John, e incluso imaginándosela con él era un martirio. Miró al chico mientras explicaba el juego absurdo que su prometida lo obligó a jugar y mordió el interior de su mejilla, tendría que ir con cuidado con cada pregunta. Si mentía se la cobrarían en la sesión de Verdad o Reto que le seguía a este juego.

– Ahora que todos saben las reglas, comencemos – dice el chico sonriendo – Yo nunca he dejado de ser virgen.

Todos rieron por lo tonta de su pregunta. Por supuesto que ninguno era virgen en ese lugar, todos eran unos adultos ya. Nathan bebió sin rechistar y miró a Leila, ella también había bebido pero tenía tristeza en sus ojos mientras miraba al suelo, de seguro estaba recordando la forma en que perdió su virginidad. Él odiaba recordar la forma en la que vivió en su infancia, quería borrar todos esos recuerdos que regresaron solamente para atormentarla, pero ¿Cómo podía hacerlo?

– Seamos un poco más audaces – dice un chico a un lado de Leila con una sonrisa ebria que no presagiaba nada bueno – Yo nunca he tenido sexo oral con alguien en este círculo.

“Mierda”. Pensó Nathan mirando a Leila con los ojos abiertos, ella estaba igual de nerviosa que él, lo que le decía que recordaba lo que ocurrió esa tarde de lluvia en su casa. No sabía si debía beber o no, ellos no podían exponer tanto y él ciertamente no puede decir que Bárbara lo ha hecho, porque él apenas y disfruta el acto con ella. Además que no se molesta en hacerle lo que le ha hecho a Leila, a ninguna de sus ex novias, simplemente Leila sabe lo que él puede hacer.

Finalmente Bárbara bebió con una sonrisa falsa en su rostro mirando a uno de los chicos del círculo y luego miró a los demás que estaban decidiendo si beber o no. Ella tenía una vida sexual antes que él, eso no le importaba. Así que a él tampoco. Bebió un trago haciendo que su prometida lo mirase con sorpresa; miró a Leila esperando que ella hiciera lo mismo y al final lo hizo con una leve sonrisa de victoria.

El alcohol ya le estaba afectando a Nathan para haber imaginado eso.

– ¡¿Alexandria?! – exclamaron algunos chicos mirándola con la boca abierta.

La chica con la que ella estaba se atoró con su bebida al beber y Leila solo se encogió de hombros retando a todos con la mirada.

Nadie se atrevió a preguntar con quién fue.

– Yo nunca he tenido un hijo con otra persona y lo he dejado solo por ser un idiota – dice Bárbara con una sonrisa de triunfo mirando a Leila.

Leila se mostró dolida mirando a Nathan, miró su vaso con tristeza y luego bebió sin sorprender a nadie. Él no sabía de lo que hablaba su prometida, tal vez solo la estaba humillando frente a él al hacerla beber. Pensó en las veces que Leila le dijo que Isabel era como una hija para ella y comprendió el dolor que reflejaba toda su persona. Ella extrañaba a su hermana, le dolía tenerla lejos; que Bárbara hablara de ese modo le molestó.

– Zorra – gruñó la amiga de Leila mirando a Bárbara.

Su prometida le sacó el dedo fulminándola con la mirada y esperó que hicieran la siguiente insinuación. Este juego traería más problemas de lo que pensaba. Dos chicos más bebieron con Leila en esa ronda, así que por ese lado ella no se sentiría tan señalada frente a todos. Nathan la miró detenidamente y una sonrisa de malicia surgió en sus labios. Él la conocía, nada bueno venía de ella cuando lo hacía.

– Yo nunca he follado en la biblioteca estando comprometida – dice Leila mirando a Bárbara con suficiencia.



Laczuly0711

Editado: 18.09.2019

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