Simplemente Eres Tú

Un Paso a la Vez

Leila estaba despertándose lentamente mientras los recuerdos de la noche golpeaban su mente. La escena de su familia recibiendo a Amber, luego ver como su hija reía y se amoldaba al estilo de esta casa. Esos eran los recuerdos que iba a atesorar toda su vida, sin importar con quién estuviera o en qué país residiera.

– Buenos días – murmuró John moviéndose a su lado.

Sus padres no permitieron que ellos caminaran de regreso al departamento anoche. Tanto ella, Amber y John tuvieron que pasar la noche en casa de sus padres. En parte era bueno para que su hija se adapte al entorno, pero era malo para lo que ella tenía pensado hacer. Debía volver a Alemania para llegar a Isabel antes que Margaret la aleje, tiene que actuar rápido o puede perderla de nuevo.

Se sentó en su antigua cama con una mueca, miró alrededor y suspiró. Ese cuarto guardó tantos secretos de su niñez, nadie podría creerlos incluso si ella los describía. Respondió al saludó de John con un pequeño murmuro y se levantó de la cama. Amber estaba dormida en la habitación que era de Isabel, ya que su hermana cuando llegase tendría la habitación de ella, la de Isabel no la podría usar nadie más que Amber.

– Ella estaba muy feliz – dice John colocándose sus pantalones con media sonrisa – Fue una buena decisión presentársela a tus padres.

Leila salió del armario con una camisa negra de Nathan puesta y unos shorts blancos, miró a John con media sonrisa y cruzó los brazos sobre su pecho. Fue una buena idea presentar a Amber frente a su familia, sí; pero en su mente todavía se repetía la advertencia que ella misma se implantó: Tal vez Margaret podía enterarse de su existencia y hacerle daño para llegar a ella. Al venir eso a su mente su sonrisa se borró de golpe mientras desviaba la vista al suelo.

– No dejaré que se acerquen a ella – afirma John leyendo sus pensamientos con una mirada. Se levanta de la cama con su camisa en la mano y se coloca frente a ella con el ceño fruncido – Margaret y Donald no le tocaran ni un cabello a mi hija mientras yo pueda impedirlo.

Leila miró un momento el pecho definido de John y luego miró a la ventana dejando escapar un suspiro cansado. Acordaron ser solo amigos, pero verlo con tan poca ropa luego de tener antecedentes juntos no es bueno para ella, todavía no se acostumbra a tenerlo cerca de ese modo y no terminar en su cama. “Cuando eres orgullo en este bar, lo serás en toda tu vida, pequeña Schneider”. Recordó las palabras de esa chica y se ruborizó por completo. No quería pensar mucho en su pecado porque era algo que no le contaba a John en lo absoluto, nadie sabía que visitaba Healing en Alemania. Y decirlo le resultaba algo vergonzoso todavía.

– Algo me dice que recordaste un evento no tan agradable del pasado en Alemania – dice John riendo mientras camina a la puerta de la habitación completamente vestido – Algún día debes decirme qué haces en ese país para pasar el rato, Leila.

– Ni en tus mejores sueños, Guzmán – responde Leila saliendo detrás de él sonriendo.

Las hijas de Katarina pasaron frente a ellos con sus teléfonos en mano y Leila no pudo evitar recordar esos días que las encontraba en los pasillos corriendo y riendo por cualquier ocurrencia de ellas. Ya eran todas unas adolescentes y chicas de ocho años, además que los dos hermanos de Geanin estaban con ellas y era una imagen algo extraña.

– Me siento un anciano – dice John mirando a los chicos descender la escalera sin despegar la vista de sus teléfonos – Yo a su edad jugaba en la calle o hacia garabatos en un cuaderno. Ahora solo están con esos aparatos y me hacen sonar como un viejo de cincuenta años.

Leila soltó una carcajada apoyándose en una pared y cerró los ojos. El rostro aterrado de John en la mañana era una imagen digna para una foto, mucho más al escucharlo decir algo tan común como lo es el cambio de intereses en los jóvenes de la actualidad a lo que había en el pasado. John miró a Leila con una sonrisa pícara cruzándose de brazos y dijo:

– No le veo lo gracioso, Schneider.

– Tú cara – ríe Leila sosteniendo su estómago – ¡Dios! En serio te veías como un anciano mientras mis primos bajaban las escaleras – suelta una carcajada negando con la cabeza e intenta calmarse al decir – No quiero imaginarme como serás con Amber cuando sea una adolescente.

– Será muy duro para ella mentirme cuando su madre me explicó las mil y un manera para descubrir una mentira – dice él seguro – Además que yo también fui adolescente y sé sobre las mentiras.

– Los tiempos cambian, querido John – responde Leila calmándose de su risa – Amber encontrará otra forma de evadir la verdad. Además los chicos…



Laczuly0711

Editado: 18.09.2019

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