Simplemente Eres Tú

¿Dónde queda mi felicidad?

Nathan estaba pensando seriamente si pasar o no a la mansión de ensueño frente a él. Los vigilantes de la entrada debieron anunciar su llegada, pero no estaba seguro si sería conveniente entrar en ese lugar.

Ya son seis días desde que Bárbara Neumann terminó el compromiso y aceptó que entregó a Leila a su abuela. No había podido pensar con claridad desde entonces, siempre miraba al cielo estrellado para implorar que ella estuviera con él; no era un hombre devoto a la religión, pero esos días le pidió a todo lo que existiera en este mundo que cuidasen de Leila donde sea que estuviese.

Estaba a punto de viajar a Venezuela para buscar a la chica que ama en ese pueblo oculto de la sociedad, pero para hacerlo sin llamar mucho la atención necesitaba hablar con sus padres, hacerles saber a ellos que no cumpliría el compromiso. André estaba de viaje de negocios por la empresa, así que el chico no interferiría en su trabajo de persuadir a sus padres.

– Hasta donde tengo entendido, André es el que casi come a las personas, no la casa.

Dakota Zuzak aparece a su lado con una sonrisa ladeada y lo mira divertida. Llevaba un pequeño coche donde seguramente dormía el pequeño Zack, su hijo. Nathan le correspondió a la sonrisa y soltó el aire que no sabía estaba conteniendo. Sinceramente estaba muy curioso por ver las reacciones de sus padres cuando le dijera lo del compromiso, pero también le preocupaba recibir una negativa de ellos como lo hicieron en el pasado. Por más que los amase él no aceptaría ser rechazado de nuevo por su propia familia.

– No sé si esto sea lo correcto – confiesa Nathan pasando una mano por su cabello – Ya sería la segunda vez que no cumplo mi palabra, Dakota.

– Veamos – dice su hermana cruzándose de brazos – La primera vez que no la cumpliste fue cuando yo tenía doce y fuiste a vengar a Francis. Y la segunda es ahora, donde quieres ir detrás de la chica que amas. No entiendo en qué afecta eso tu imagen o palabra, estas peleando por lo correcto.

– ¿Matar a alguien es lo correcto?

– Bueno, esa parte no – sonríe – Pero el amor es lo correcto en cada uno de los aspectos. Así que cállate y entra a la mansión, Zack y yo no vamos a soportar más este calor insoportable del verano.

Nathan dejó escapar un suspiro de cansancio y sin más entró a la casa donde vivió la mayor parte de su vida. Donde era feliz con las personas que amaba, en donde la realidad no lo había golpeado con todo lo que tenía. Cuando estuvo en el interior de la casa y miró a las fotografías de su familia, supo que nada sería igual. Nunca lo fue desde la muerte de Francis.

– Hijo.

Levantó la mirada ante la mujer de cabello negro y ojos negros frente a él. Tenía a un pequeño rubio y de ojos azules, ambos lo miraban sorprendidos.

– Hola, mamá – murmuró Nathan cerrando la puerta a sus espaldas.

 

– ¿Qué harás cuando el verano acabe?

Leila levantó la mirada del libro que tenía en sus manos y ladeó la cabeza mirando a John. Estaban en el departamento del chico. Amber acababa de quedarse dormida. Leila estaba leyendo una historia sumamente interesante escrita por un autor recientemente renombrado, acababan de publicarlo y tal vez no tenía muchos fanáticos en América Latina por ser de Europa, pero la trama era muy buena. La forma en la que la protagonista peleó por sus sueños hasta la persona que amaba era sumamente admirable. La chica cerró el libro y frunció el ceño caminando hasta su amigo.

John estaba haciendo unos planos en su oficina, así que ambos entraron a esa habitación especial de él y cuando estaba terminando los planos habló:

– Responde mi pregunta.

– No lo sé – admite Leila pasando una mano por su cabello – Debo volver a Alemania, pero no puedo ser Alexandria Beltrán de nuevo.

– ¿Por qué no pruebas con Leila Guzmán?

Podía usar el apellido de él debido a la conexión con Amber, pero era algo extraño usar su apellido luego de acordar que no serían nada.

– Es extraño – se sinceró haciendo una mueca – No es por ofenderte – se apresura a decir mirándolo a los ojos – Solo que…

– Ya, entiendo – sonrió – Solo te daba una opción ¿Qué te parece Leila Zuzak?

– Vete al infierno, John.

El chico dejó salir una carcajada debido al cambio radical en el rostro de su amiga; se centró en los planos frente a él y negó con la cabeza divertido por la actitud de Leila con respecto al chico Zuzak, increíblemente con ese hombre mostraba más la actitud de una adolescente nerviosa enamorada que la actitud de adulta madura que mostraba frente a todos. Le agradaba ver ese cambio en ella, porque gracias a eso notaba que ella podría ser verdaderamente feliz.



Laczuly0711

Editado: 18.09.2019

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