Soledad a Doble Filo

CAPITULO CUATRO

Llego temprano a la oficina, esta semana la tengo llena de reuniones fuera así que solo permanezco el tiempo necesario para organizarlo todo puesto no me gusta llevar trabajo a casa, veo a Fátima abrir la puerta y entrar con unos papeles en una mano y mi infaltable café espresso en la otra; nos saludamos y mientras ella termina de organizar mi maletín y refrescar mi memoria de cierta información importante  bebo mi café y miro el rio.

Me despido de ella pidiendo que registre toda llamada o documentos entrantes para mañana y me dirijo al ascensor; salgo del edificio y me subo a mi auto, pongo algo de música y confirmo la dirección. Al llegar me guían al parqueadero, me bajo y saludo al encargado, ya en la entrada me anuncio y la señorita ligeramente sonrojada por mi presencia llama para hacer saber de mí; luego me da las indicaciones y me dirijo al ascensor, pulso el número que se me indicó y hago mi viaje mientras mi teléfono suena y empiezo a revisar mi correo; sin alzar la vista escucho el timbre del ascensor por lo que me dispongo a salir y siento que algo se enreda en mi cuerpo y al alzar mi vista esta se tiñe de rojo y un olor a coco me inunda, doy unos traspiés y sujeto a la dueña de esa esencia para evitar caernos juntos, aprovechando que las puertas del ascensor se cerraron nos apoyo en ellas.

Tratando de estabilizarnos ella recupera un poco su postura, alza la mirada y unos ojos de chocolate y una nariz pecosa entran en mi periferia, es una mujer muy bonita aunque algo bajita. Forzó que quite mis manos de ella y frente a mi veo como se acomoda la ropa y ese hermoso y fragante cabello de fuego sin dejar de mirarme, creo que algo de lo divertido que veo en la situación se refleja en mi cara porque sus facciones se endurecen y su ceño se frunce dándole una apariencia de indignada así que para evitar que se sienta de esa manera, intento decirle que lo siento, pero apenas abro la boca para hablar ella solo me mira de nuevo, se da la vuelta y se va así sin más… y por más que quiera no puedo evitar dejar de ver como contonea ese lindo trasero suyo frente a mí. Y como hace tiempo no sentía las ganas que tenía de reír a pierna suelta, pero estaba ahí por trabajo…

 

Dejando a un lado la situación anterior, me encamino hacia la sala de juntas siendo guiado por la secretaria del señor Webers aprovecho para mirar las instalaciones a mi alrededor. Ya sentado luego de las presentaciones dadas por mi anfitrión al darme a conocer a los miembros de la junta directiva la reunión inicia y estoy empezando a entender la razón de mi presencia; la empresa es una aseguradora y por la crisis económica propia del país están teniendo bajas demasiado constantes y continuas, los números que me mostraron definitivamente no son buenas y aunque pensaron que ayudaría sabían que el recorte de personal seria contra producente.

La reunión seguía su curso y la verdad su propuesta y concesiones cada vez me gustaban mas, aunque parte de mí aun estaba en el encuentro con esa pequeña pelirroja y esa mirada matadora, estoy seguro que en algún momento se me salió una pequeña sonrisa por el recuerdo. Un silencio me saca de mis pensamientos y me dicen que paremos un poco para un pequeño refrigerio en mi nombre el cual agradecí. Mi visión vuelve a extasiarse al percatarme que una de las chicas que entró era mi pelirroja, sin que se diera cuenta pude verla mejor confirme que no era muy alta, su cabello estaba recogido en un moño un poco apretado y por alguna razón no me gusto verlo de esa forma, su piel era blanca pero se notaba que estaba un poco oscurecida por su exposición al sol que en esta ciudad era fuerte la mayoría del tiempo, su uniforme permitía apreciar sus curvas, no era flaca, tenía la suficiente carne en sus caderas como para llamarla gordita pero lo dudo, definitivamente esta en término medio, se veía demasiado seria, tal vez aun estaba un poco enojada. Las chicas entraron empezaron a ordenar los envases en la mesa frente a cada uno de los presentes;  quizás sintió mi profunda observación porque giró precisamente a donde me encontraba, al notar mi presencia su rostro se endureció mas, claro si fuera eso posible, sentía un cosquilleo en el pecho al momento que nuestras miradas se enfocaron y tuve la necesidad de sonreírle lo que parece fue la gota que derramó su vaso puesto dejo las cosas que tenía en sus manos y poco más fuerte de lo que sería correcto, se disculpo y salió como si la habitación se estuviera incendiando. No es por sonar infantil pero hay algo de divertido en hacer enojar a esa mujer.

La reunión terminó con nosotros cerrando un preacuerdo y anotando una próxima reunión una vez que nuestro abogados revisen la documentación preparada, en ella consta que a cambio de una inversión monetaria de mi parte y la intervención de un par de mis técnicos financieros me darían una porción de acciones, nada significativo pero lo suficiente como para hacer notar mi presencia en su empresa. Siendo escoltado por el propio señor Webers y conversando un poco de lo ocurrido en la reunión veo a un grupo de personas que por el uniforme son trabajadores de la aseguradora detrás de ellos sola se encuentra ella que al fijarse en su jefe y en mi su ceño se vuelve a fruncir a lo que yo le guiño el ojo antes de salir… 



Casia Bertotiz

Editado: 15.10.2019

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