Somos Arte [03]

Capítulo 26

"No hay nada más artístico que amar verdaderamente" Vincent Van Gogh.

🌸🌸🌸

Neal.

Estoy sorprendido e indignado por el espectáculo. Ver sus vómitos en el suelo, ojos rojos y sonrisa burlona me hace saber que mintió desde el principio. Ella nunca fue sincera. ¿Qué ganaba diciendo que ha superado sus vicios con el alcohol? Si pensaba que era una manera de atraer mi atención, no funcionó. Hace dos años le dejé claro que no podía lidiar con sus problemas, mucho menos ahora.

—¡Dije que estoy bien! —grita Samantha y sus ojos están llenos de lágrimas. Lo único que hago es observarla estoico, sin emociones —. ¡Déjenme en paz!

Su mirada se encuentra con la mía y palidece por completo. Se ve avergonzada y aparta el cabello con restos de vómito de su rostro. Los invitados se alejan lentamente, pero mantienen sus ojos curiosos en nosotros. Creí en sus palabras y me siento como un verdadero estúpido. Algunas personas tienen la costumbre de verme como un idiota.

—Ir a un centro de rehabilitación no te ha dado buenos resultados —murmuro. Estoy sorprendido de que mis paralizadas cuerdas vocales me permitan hablar. Hay nada más que ira en mi voz —. Eres una farsa, Samantha. ¿Por qué me mientes de esa manera?

La conmoción llena sus ojos.

—Yo... no lo sé —balbucea —. No quería decepcionarte. Sé que no estuvo bien mentirte, pero esto una pequeña recaída. Lo juro, Neal. Estoy bien. Ya superé mis problemas.

—No parece.

Cubre su boca con ambas manos, ahogando sus sollozos.

—Por favor, tienes que creer en mí.

La frustración se apodera de mi cuerpo y aprieto los puños. Primero Owen vuelve para joderme la vida y ahora Samantha. El mundo se puso en mi contra. Debo irme de aquí y perderme en la única persona que me importa. Al carajo con el resto.

—Hace dos años fui bastante claro —digo con una inquietante frialdad —. Terminé con esta mierda hace mucho tiempo. Mantente lejos de mí, Samantha. No me interesa nada de ti, ni siquiera puedo verte como amiga.

—Neal... —solloza.

—Me conoces —prosigo —. Odio las malditas mentiras.

Las lágrimas son interminables mientras cae de sus ojos.

—Lo siento —Se disculpa.

Niego con la cabeza.

—A quién has decepcionado es a ti misma. Adiós, Samantha.

Regreso a Melanie quién sigue esperándome en el mismo lugar. Mi corazón de inmediato se alivia cuando me sonríe tímidamente. Sus ojos brillan con la luz del atardecer.

—¿Estás bien? —pregunta preocupada.

Rodeo sus hombros con uno de mis brazos y juntos bajamos las escaleras del yate.

—Más que bien —respondo —. Las personas nunca dejarán de sorprenderme. De verdad creí que había cambiado y me puse feliz.

Detiene sus pasos y me mira con esos grandes ojos azules.

—Eres tan noble que me cuesta creerlo —musita —. Soy muy afortunada de tenerte.

Sonrío.

—Ven aquí —Le digo. La tiro por detrás de mí y la ayudo a subir a mi espalda, sujetándola a horcajadas sobre mi cintura con sus piernas en mis brazos. Melanie se ríe y besa mi cuello.

—¿Tiene problemas con el alcohol? —pregunta mientras nos dirigimos a mi auto que se encuentra a poca distancia cerca del muelle.

Dylan se hará cargo de Karissa, supongo. No tuve tiempo de avisarles que ya nos vamos. Los dos están perdidos en una habitación del yate.

—Sí —respondo —. Tiene ese problema desde que la conozco. Es lamentable para su edad.

Los dedos de Melanie se enredan en mi cabello. Su cuerpo es más ligero que una pluma y llegamos sin dificultad a mi auto. La dejo sobre el capó y me posiciono entre sus piernas. Me encanta tocarla de cualquier manera posible, la calidez de su piel y el olor de su perfume.

Ella es deslumbrante.

—Te preocupas por todo el mundo y eso es tan lindo de tu parte —dice con esa hermosa sonrisa —. ¿Dónde estuviste toda mi vida?

Enredo un mechón de su cabello entre mis dedos.

—Buscándote.

—Buena respuesta.

Levanto su mano y beso cada dedo.

—¿Nos vemos mañana?

Asiente.

—Debes ayudarme con el resto de mis tareas —Me recuerda —. Toca leer a Thomas Hobbes.

—¡Que emoción! —digo con sarcasmo y la tomo entre mis brazos —. Aprobarás filosofía gracias a mi ayuda.

Rodea mi cuello con sus brazos y suelta una risita.

—Mi novio es un cerebrito y confío en él.

Nuestros labios se tocan, se rozan y se amoldan juntos. Ella se hunde en el beso con ansiedad y acaricia mi mandíbula con sus dedos. La confianza entre nosotros es cada vez mayor y amo que se sienta cómoda a mi lado. Soy el hombre más privilegiado del mundo por conseguir este logro. Para alguien como Melanie es difícil confiar y dejarse querer.

—Me cuesta mucho alejarme de ti —jadeo —. ¿Qué me estás haciendo?



Jessica Rivas

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#585 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, dolor

Editado: 26.03.2019

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