Somos Arte [03]

Capítulo 35

"Pedí felicidad y apareciste tú"

  🌸🌸🌸  

Neal.

Melanie me tiene alucinando.

Mi mente no para de repetir los sucesos de la noche anterior y sonrío. Verla tan entregada a mí casi me hizo perder la cabeza, pero mantuve la compostura para que estuviera lo más cómoda posible.

Ella es perfección absoluta.

Recordar sus gemidos cuando la tocaba y la forma que gritó mi nombre me hace sentir momentáneamente excitado. Mi erección está haciendo acto de presencia.

Debo enfriarme un poco.

Me meto bajo la ducha durante diez minutos porque no quiero hacerla esperar por mucho tiempo. Deseo aprovechar cada segundo a su lado y recordarle cuanto la amo. Estar con Melanie es muy valioso.

Con una toalla envuelta alrededor de mi cintura, me dirijo a mi habitación. Abro el armario y busco ropa cómoda. Cuando estoy satisfecho con mi aspecto, rápidamente voy hacia su encuentro.

—Esa mujer es muy terca —Oigo decir a mamá bastante molesta —. No puedo creer que siga ahí.

—No quise ser grosera, pero ella terminó con mi poca paciencia —Se disculpa Melanie.

El sonido de su voz me hace sentir ansioso de nuevo.

—Oh, cariño, no te preocupes —murmura mamá —. Tuve que lidiar con esa mujer solo por mi hijo, pero puedo asegurarte que no es de mi agrado. Es bastante antipática y carece de educación.

Cuando al fin veo a Melanie, el aire es sacado fuera de mis pulmones. Se ve un poco despeinada, pero aún más hermosa. Mi camisa se ajusta perfectamente a su pequeño cuerpo y sus mejillas están ruborizadas. Estoy abrumado por la energía entre nosotros y eso me mantiene en mi lugar.

—¿De quién están hablando? —Aclaro mi garganta y mamá se ríe.

—Giovanna Santos te espera ahí afuera —responde mamá, negando con la cabeza —. No se irá hasta hablar contigo.

Escuchar el nombre de Giovanna hace que mi emoción se esfume por completo. Evalúo a Melanie, tratando de ver en su rostro cómo se siente, pero recibo un simple encogimiento de hombros.

—Iré a ver qué quiere —mascullo —. ¿Te ha hecho algo que te haga sentir mal?

Vuelve a encogerse de hombros y mastica su labio.

—Los papeles esta vez se invirtieron —susurra —. Le dejé claro que estamos juntos y que sus mentiras no funcionaron.

Doy un paso cerca de ella, envolviendo mi mano alrededor de su pequeña cintura. Melanie enrojece y agacha la cabeza. Mamá murmura algo sobre ir a limpiar, pero todo lo que hago es concentrarme en la preciosa chica en mis brazos.

—¿Sabes algo, cielo? —digo —. Me gusta mucho ver ese brillo en tus ojos.

—¿Qué brillo? —balbucea.

Llevo mi boca a su oreja y susurro:

—El mismo que tenías anoche mientras gemías mi nombre.

Aleja el cabello que cae sobre sus ojos y el color rojo se extiende por toda su cara. Es adorable. Me pregunto si siempre estará un poco avergonzada cuando hable de esta manera, pero no me molesta. De hecho, su inocencia es lo que me trae loco.

—No hagas esperar a Giovanna.

—A la mierda con Giovanna —mascullo, restándole importancia —. Por mí puede esperar el resto del día.

Suelta una pequeña risa.

—Estás loco.

—Por ti, cielo.

Esa sonrisa que pongo cada vez que está conmigo se extiende a través de mi cara y cuando la miro, hay una luz dentro de mí que nunca he sentido antes. Es como si ella fuera el brillo que ha sido enviado para ayudarme a mejorar mis días.

La adoro con todo lo que tengo.

—Mi parte malvada quiere que se haga vieja mientras te espera, pero averigua qué quiere —musita —. Siento pena por ella.

—Eres increíble más allá de las palabras, Melanie.

Ella juega con los botones de mi camisa.

—Hace minutos le di su merecido, pero me arrepiento. Bella siempre me ha dicho que debemos respetarnos entre las mujeres —aclara, sonando muy culpable —. Debo tratar a los demás como quiero ser tratada.

—Giovanna no ha hecho nada para ganarse tu respeto, Melanie. Lamento que haya sido tan desagradable contigo. No lo mereces.

Hace un encantador mohín.

—Ella no me importa —afirma, envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello —. Sé que me amas solo a mí. Ya no permitiré que interfiera en nuestra relación.

Mis manos bajan hasta su trasero y contiene el aliento.

—Me vuelves loco sin intentarlo. Te amo.

El triunfo ilumina su rostro.

—También te amo —sonríe.

Le doy un beso en la mejilla y me aparto.

—Veré qué quiere y te llevaré a casa.

—De acuerdo.

Me dirijo hacia la puerta y la abro. Giovanna está sentada en la acera, su rostro rojo por el enojo. Guarda el celular en su bolso y se pone de pie.

—¿Sabes lo que ha hecho esa chiquilla? —Su tono suena altanero y acusador —. Cerró la maldita puerta en mi cara.

—Hola a ti también —Ignoro su grosería —. ¿No es muy temprano para tus berrinches?



Jessica Rivas

#85 en Joven Adulto
#601 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, dolor

Editado: 26.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar