¡¿soy una princesa?!

capítulo 12

Ya han pasado dos semanas desde el aviso que mi abuela nos proporcionó durante la cena. Los chicos, al igual que yo y Erick, se mantienen con lesiones de baile a petición formal de mi abuela de la cual no pudieron rehusarse.

Los deberes, las clases, los horarios, y sobre todo las agendadas salidas formales propuestas por Erick han transcurrido con normalidad en este tiempo, a excepción de la atención masiva que es dirigida hacia cualquier movimiento que haga.

Los trazos imaginarios que mis pies siguen al ritmo de la melodía producida por los violines son repetidos consecutivamente pareciendo que nunca terminaran. Erick sostiene de mi cintura a la vez que mi mano derecha está en su hombro, los pasos dictados por la señora Margaret se han grabado en mi cerebro por lo que mi atención absoluta se centra en los ojos de Erick despreciando cualquier cosa que se encuentra a mi alrededor.

—¿Ya te cansaste? —le pregunto a Erick de una manera burlona.

—No, podría seguir así todo el día.

El agudo sonido producido por la última nota de la melodía va disminuyendo a tal punto que su sonido es nulo dando por terminada la pieza musical y los pasos que Erick y yo hemos estado ensayando por horas repetidamente.

—¡Excelente! —exclama la señora Margaret—. Han mejorado bastante desde el último baile.

—Muchas gracias, usted también ha tenido que ver en todo esto —le agradezco.

—Supongo que eso será todo por hoy para ustedes y sus amigos —resopla al mencionarlos—. Y hablando de ellos tendré que ir a ver cómo van, mi hijo se está encargando de ellos.

—Adelante —digo. Ella hace una reverencia para después salir.

—¿Quieres ir por un helado? —propone Erick—. Claro, fuera del palacio.

Las ganas de aceptar su propuesta son muy altas, lamentablemente mi agenda y el tiempo me lo prohíben.

—Créeme que me encantaría pero no puedo. Madame Rosaryn traerá propuestas de bocetos para mí y las chicas.

—En ese caso creo que te veré luego —se despide dándome un beso en la mejilla.

Trato de retener mi presencia ahí lo más que puedo, caminando con lentitud hacia la puerta hasta por fin salir del salón en el cual estuve por más de tres horas. Los chicos ensayan los diferentes tipos de bailes tradicionales de salón por lo que dudo que se desocupen en un futuro próximo.

Tomo mi computadora como primera acción al entrar a mi habitación. Me dejo caer sobre la cama para empezar a indagar más sobre las tradiciones de la familia real durante esta celebración llegando a la conclusión ante dos párrafos leídos de que no es más que simples especulaciones de las personas.

La puerta de mi alcoba se abre de una manera brusca. Cierro la computadora alejando mi atención de ella para centrarla en Lili. La inquietud se refleja con cada paso que da, sus brazos se mueven en sincronía con cierta firmeza dando a entender que algo le frustra.

—¡NO MÁS LECCIONES! —grita con tono firme, acercándose hacia mí.

La presencia tímida de Diana se hace presente unos cuantos segundos después de la proclamación de Lili.

—No exageres, no es tan malo —le reconforta.

—¡Mis pies duelen! —protesta, señalándolos con su dedo.

—¿El hijo de la señora Margaret los hace bailar mucho?—frunzo el ceño al preguntar.

—¡No! Máx me pisa mucho, siempre anda distraído y mis pies sufren las consecuencias.

—No lo creo, Máx se caracteriza por ser un gran bailarín, te recuerdo que llevo clases de danza como si fuesen matemáticas.

—Es cierto— concuerda Diana—, yo baile con el la primera pieza. Dudo que sea tan terrible como dices.

—Pues no lo es conmigo… ¿A qué hora traerán los bocetos de los vestidos? —pregunta Lili, alejando el tema principal.

—No creo que tarden en llegar, se acerca la hora y al arecer todos son muy puntuales cuando se trata de asuntos de la familia real —le respondo

El silencio continuo después del último dialogo pronunciado por mi parte es interrumpido rápidamente con la relajada risa de Lili, a la cual no le encuentro un especifico motivo.

—¿Qué se debe la risa? —pregunta Diana adelantándose a mí.

—No lo sé —contesta risas—. Cada vez me pregunto cómo es que termine en todo esto. Mírame, estoy a punto te probarme un vestido diseñado especialmente para mí para una celebración que usualmente tiendo festejarla con mi familia.

—En ese caso soy yo quien deberá de reír —le digo—. Después de todo soy yo quien bailará la primera pieza.

—Con Erick —nos recuerda Diana.

—¿Qué acaso no dejaran de hacérmelo saber?

Ciertos toques a mi puerta interrumpen la respuesta que esperaba. Un pase dicho con tono alto de mi parte permite que la persona tras la puerta entre. Tres vestidos responsables de ocultar la persona detrás de ellos son la confirmación que Madame Rosaryn es quien acaba de entrar.

Con sutileza cuelga uno por uno sobre el perchero que se encontraba pegado en la pared y deja unas carpetas sobre mi escritorio.

—Buen día Alteza, buen día señoritas —saluda, mirándonos por orden.

—Veo que se ha adelantado con los bocetos —digo fijando mi vista sobre los vestidos colgados en el perchero.

—Si, se me hizo imposible contener tanta emoción, sus vestidos serán unos de mis mejores trabajos —asegura evitando mostrar su sonrisa.

—Ya veo —coincide Lili.

—Solo faltan algunos retoques.

Nueva mente vuelve a caminar hacia el perchero tonando los vestidos que previamente había colgado. Tomo el vestido que me indica al igual que Lili y Diana.

Repaso cada detalle del vestido tratando de convencerme de que hay algo positivo en él; el color rojo granate de la parte superior combinado con el naranja de la falda me hace dudar totalmente, las brillantes piedras bordadas cubriendo la mayor parte del corsé me tientan a arrancar una por una y las plumas que se encuentran en la parte de los hombros cubriendo las mangas solo me hace pensar en un ave.

—Sophie —me llama Lili en voz baja—. ¿Es necesario asistir a tu baile? —pregunta viendo de reojo su vestido.



Juliet Valzua

#3820 en Novela romántica

En el texto hay: misterio, amistad, amor

Editado: 20.11.2020

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