Tan simple como decir Te Quiero

Prólogo

 

 

“Todos tenemos una historia que contar, sea que la susurremos, o la gritemos”

Querido lector, he estado escuchando una canción que contiene esas líneas, la escuché varias veces sin darme cuenta, y me sentí motivada a escribir. Porque es cierto, todos tenemos algo que contar, una simple anécdota, o una gran aventura, puede ser de cómo nos dimos cuenta qué sueño teníamos para cuando crezcamos o el momento exacto cuando nos quitaron las rueditas en la bicicleta y nos aventamos al montón de basura en la esquina, debe haberle pasado a alguien más, ¿cierto?

También podría ser anécdotas de lugares que fueron especiales para uno, ¿alguna vez lo has tenido lector? ¿un lugar que te produzca melancolía? Donde yacen huellas de vivencias, huellas que pueden no ser visibles, pero tú puedes percibirlas aún. Las sientes llenas de vida, de experiencias, dentro de las cosas que, en su momento, no pensaste llegarías a extrañar.

Yo tuve más de uno, uno de esos lugares es un simple lago con espesa vegetación. Uno de esos lugares que, tú, amigo lector, pasarías de largo sin prestar mucha atención.

- ¡Esta es Mia! – Exclamó una voz alegre, introduciendo a la joven que enfocaba la cámara. Sentada en la punta del bote. Su suéter negro de tela fina delataba lo delgada que era. Tenía su corto cabello sujetado en una bola y los mechones que el viento alojó en su cara no la dejaban saludar. Sonrió poniendo sus ojos en blanco. La cámara se movió en 180 grados a la derecha, para enfocar al muchacho detrás de la voz. Un chico de piel blanca y contextura un poco gruesa tenía unos lentes grandes que se humedecían con el viento, sujetaba una tabla con ambas manos usando el peso de su cuerpo para remar – ¡Este es Elías, intentando remar! – anunció la voz con un tono burlón.

- Remo mejor que tú ¡No molestes! – Refunfuñó.

- Mentira, yo sólo los salpico – Se defendió la voz, un nuevo movimiento rápido de la cámara enfocó al objetivo al lado extremo de Elías: Otro chico hundido en su asiento, con un pedazo de tabla - Me estoy desesperando – Se lamentó. Delgado, de piel pálida y ojos sonrientes. Parecía sufrir mientras remaba. Tenía un abrigo verde de marca, recogido para no ensuciarlo.

- ¡Y este es Angus! El que se siente feliz de ver tierra firme – Dijo la voz con tono irónico haciendo al chico reír. – Ahora es tu turno, Mia. – Entregó la cámara a la chica en la punta del bote, pidiendo que grabara desde su puesto, Mia pudo enfocar a los dos chicos en el bote y a la voz que había estado sentada frente a ella. Un poco delgada, con un cabello más café que pelirrojo. Lo tenía ligeramente sujetado con un moño. El frizz de sus ondulaciones extrañamente le quedaba bien con su polo blanca, Se frotó las manos en su capri azul, se ajustó el guante negro de su mano izquierda y tomó la tabla recostada a sus pies.

- ¡Elías rema! – Exigió el chico llamado Angus con nerviosismo.

- ¿Será que...? – Respondió su compañero con ironía mostrando cuan arduo trabajo hacía con la tabla. – Oye, cámbiate a su lado que él no tiene fuerzas – le dijo a la pelirroja y aumentaron la potencia.

- ¡Eso es! – Dijo Mía en son de ánimos, al ver que el bote empezaba a moverse más.

- Mia sólo nos está viendo remar – Se quejó la pelirroja.

- Porque dejó caer su remo – acusó Angus entre risas, las que se apagaron cuando le cayó un chorro de agua a la cara - ¡Me mojaste otra vez! – Se quejó a la chica frente a él. La que no era en sí pelirroja estaba muy concentrada con su tabla para escucharlo.

- Estamos dando vueltas, estamos dando vueltas – Cantaba Mia con la cámara, enfocaba el lugar a su alrededor mientras sus compañeros que entraron en crisis intercambiaban indicaciones sin sentido. - ¡Tenemos que llegar hacia allá! – Exclamó Mia, acercando la imagen a su lugar de destino, estaba a menos de cien metros de ellos. El muelle era un cajón de acero amarillo ocre, oxidado con el paso de los años. La rampa de madera desgastada tenía sus barandales de aluminio con la pintura azul rasgada. Detrás del pequeño puerto, se podía apreciar una edificación antigua. Mia volvió a enfocarlos cuando su compañera y Angus gritaron el nombre de Elías.

- ¡Sólo háganme caso y remen normal! – Indicó. Mia, por su lado, siguió narrando los hechos del bote haciendo que Elías la observara por un rato -

- ¿A quién le hablas? –

- Bueno estoy relatando, y si esto graba un vídeo también se graba… La voz – Su tono se fue debilitando al notar la incoherencia en su oración.

- Por supuesto –

- Pues estoy relatando su trágica historia. La llamaré “lejos del muelle” –

- ¿Trágica? ¿Y tú remo? Ni siquiera te dolió perderlo - Opinó la no pelirroja antes de seguir discutiendo con Elías y Angus por direcciones. Mia soltó un suspiro

- ¡Si me dolió! ¿Sabes cómo me sentí al ver cómo Jack se hundía?

- ¡¿Jack?! – dijeron los tres al unísono, dejando de discutir por un segundo.

- Está bien, está bien. Demos un minuto de silencio por el difunto Remo – Opinó Elías



Ronnie JC

Editado: 16.12.2020

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