Tan simple como decir Te Quiero

Capítulo 7.2: Exámenes, jugo de naranja y un mal tercio

 

Enrique cerró el libro con cautela esta vez. Sentía una gran incomodidad al ver a la rubia tan callada, sentada al extremo del pabellón que daba al taller de computación y diseño. Cruzada de brazos, ojeando lo que podía desde su lugar.

- Tu switch cuando se apaga te apaga a ti. Esta actitud tuya me hace sentir el malo.

Beth volteó hacia él y luego regresó hacia la puerta del taller.

- A veces… - habló al fin -. Siento como si estuviéramos en un sueño. He estado haciendo lo que me viene en gana. Ya no sé qué es real, así que decidí disfrutar la fantasía. No estaba pensando en qué es correcto o no y…

Enrique negó con la cabeza.

- Oye, oye. No estoy diciendo que tú estés haciendo algo mal.

Beth desentrelazó sus brazos y giró con brusquedad hacia él.

- ¿Entonces? ¡Por qué me hablaste tan feo!

Su compañero quedó algo sorprendido ante su reacción.

- Te… ¿te afectó lo que te dije?

- Olvídalo… Sólo explicate ya.

No muy convencido de dejar el tema ahí, Enrique se acercó un poco más a su compañera.

- Dejando de lado la loca idea del viaje en este libro. No creo que alguien pudiera hacer algo tan loco como tú. ¡Haz hecho cambios que se notan!

- ¿Entonces qué?

- ¿De quién crees que es la culpa de que esos dos no terminen juntos?

Beth trató de buscar una respuesta mirando a su izquierda, haciendo una mueca antes de contestar.

- De ellos.

- ¡Exacto! ¿Vas a estar aquí cada vez que tengan una pequeña crisis? No necesitan cambiar las situaciones ¡Ellos necesitan cambiar! ¡Mira a Hermine! Enojándose con él sin entender nada.

- ¿Qué quieres decir? – Enrique se golpeó la frente con la palma de su mano y se levantó.

Beth lo imitó. una idea iluminó su rostro, haciendo que su semblante cambie drásticamente

– ¡Por supuesto! ¡Ellos necesitan madurar! – Le puso la mano en el hombro a su compañero. Estaba animada otra vez -. ¡Eres un genio!

- ¿Por… por qué me ves así? – Se alejó un poco de ella con recelo.

- ¡Es fácil! Tú conoces a Angus, ¿no? Pues entonces ayudarás a Hermine a entenderlo. Y yo… ayudaré a… Angus. – No pudo evitar soltar una risita nerviosa cuando lo dijo.

- Realmente te gusta, ¿eh?

No era nada lindo ver a una chica loca soltar una risita coqueta. Mejor dicho, no era lindo ver a Beth hacerlo. Era más bien aterrador

– ¿No te molesta que a él le guste Hermine?

- No sabes nada de lectoras, ¿verdad? – Beth hacía una especie de pasarela frente al laboratorio, miraba al cielo buscando inspiración y provocándole nauseas a su amigo –. Nos gustan los personajes de los libros, queremos uno como ellos a veces. Pero… No “él” en específico. “ÉL” le pertenece a nuestra heroína – Dio una gran zancada hacia Enrique - ¡Y cualquier inútil que se meta se ganará nuestro desprecio! – alzó su puño mientras terminaba la oración con un tono sombrío. Enrique jaló su oreja de panda para limpiarse la saliva que le llegó cerca del ojo derecho –. Hasta que hagan algo a favor de la pareja y se ganen nuestro cariño momentáneo - Un portazo dirigió la atención de ambos hacia la chica que daba pasos marcados diagonal a ellos.

La siguieron con cautela. La protagonista abrazaba sus rodillas lanzando un suspiro

– Ve a ella – musitó, Enrique dibujó un gran “qué” en su boca.

Un chico alto se aproximaba hacia ellos, Beth dibujó un “muévete” empujándolo levemente y chocando intencionalmente con el tutor, haciendo que su enciclopedia termine en el piso. Soltó varios “lo siento” con una voz chillona, intentaba a ayudarlo a recogerla, pero en realidad la pateaba lejos hasta que se perdiera en la esquina. Enrique se fregó las manos en el pantalón antes de inclinarse hacia Hermine. Usó su dedo índice con recelo para tocar su hombro.

A la segunda vez, la chica alzó la cabeza hacia él.

- ¿Volviste a escapar? -

No fue difícil invitar a la amante de la comida Hermine una hamburguesa. Enrique quedó contemplando por unos momentos a aquella niña disfrutar de tan pequeño placer de la vida. O tenía mucha hambre, o simplemente siempre era así.

- ¿No vas a contarme? – La interrumpió cuando iba por la mitad –. Yo me abrí contigo una vez. Estaríamos a mano. – Hermine aún mascullaba cuando lo veía con inseguridad. Una vez que su boca dejara de ser un gran globo, exhaló.

Por su lado, la rubia del mameluco curioseaba fuera de los talleres, veía cómo Elías hablaba con Angus mientras este recogía su mochila, Lis, por su lado, parecía estar escribiendo mensajes en su celular, mirando al exterior.

Una chica se aproximó a la entrada, Beth no la dejó pasar

- ¿Deseas algo?

- Estoy buscando a Angus.

- No está.

- Pero dijo…- intentó señalar el taller.

- Pero no está. – repuso Beth, sin moverse de la puerta. La chica se fue confundida, tomando su celular para marcarle.

- Adiós, personaje de relleno – Se despidió haciéndole una seña con la mano.

Al perderla de vista, volvió a esconderse para que Elías y Lis no la vean al salir, esperó a que Angus asomara para aparecerse.

- ¡Angus! ¡Qué coincidencia! – lo asustó con una voz dulce, que sólo le causó escalofríos. Angus acomodó su mochila, lanzándole una mirada dudosa, se encaminó con un “hola” apagado -. ¿Estás molesto? ¿No me digas que recordaste lo de los monederos? ¿Crees que sí los robé? – preguntó apenada.

- Si fueras una ladrona, no los hubieras devuelto. – Hizo tropezar a Beth en su hombro cuando se detuvo – A menos que no hayas estado satisfecha de cuánto dinero cargaban – añadió, analizando la situación en su cabeza. Siguió caminando.

- Tienes sentido común pero no puedes declararte. – Se tapó la boca, dejando lucir sus pupilas. Dirigió su vista hacia Angus con precaución.

- ¿Qué dijiste? – Beth podía ver en la expresión de Angus, parecía que sí entendió.



Ronnie JC

Editado: 16.12.2020

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