Tan simple como decir Te Quiero

Capítulo 12.2 Una carta, una pintura y una pelota

La calle estaba oscura, los viajeros aparecieron frente a una gran casa color beige, con un jardín inmenso. Enrique intentó tomar el libro que se encontraba resguardado por las manos de Beth.

- No hay gran cosa en este capítulo. Solo la carta que le dio a Angus, pero nunca dijo que escribió en ella, ¿Angus escribió algo sobre eso?

- Bueno, no lo sé... - Su expresión cambió bruscamente - ¡Sí! Al menos la Hermine del pasado escribió algo que lo golpeó fuerte.

- ¿La Hermine del pasado? – Beth aprovechaba la explicación de Enrique para guardar el libro.

- Piénsalo. Hemos cambiado muchos eventos, la Hermine de ahora no tiene tantos resentimientos como la de antes. Puede que su carta sea diferente.

Beth se acomodó el cabello en dos coletas firmes y amarró su gorro de panda a su cuello.

- No nos arriesguemos ¡Vamos a quitarle esa carta! – apretujó sus puños en sus tirantes.

- ¿Qué hacen ustedes frente a mi casa? - Angus volvía a sorprenderlos. Estaba con una camisa de cuadros y peinado de lado. Fue cuando Beth lo recordó, el por qué el escenario era nocturno ¡Era la reunión navideña! No solo Angus, todos estaban dentro de casa.

- ¡Mia nos invitó! – contestó Beth exaltada. Enrique se escondía detrás de su gorro de panda. Había estado cómodo sin la mascarilla por unos segundos.

Desde la corona colgada en la puerta, el gran árbol en la sala, las guirnaldas en las paredes y las medias en el bar de la segunda sala, todo en aquella casa gritaba Navidad.

Jasper y Lis ponían la vajilla, Marce junto a Laura acomodaban los regalos de amigo secreto bajo el árbol. Elías llevaba bolsas a la cocina. Una vez que dieron la vuelta saludando a todos, Beth se aproximó hacia el pesebre en el rincón, fascinada por lo que simulaba ser nieve alrededor.

- ¿Quieres concentrarte? – Enrique se agachó y le jaló la oreja – Mira – Señaló hacia donde Angus hablaba con Mia. La chica dudó un momento y asintió. Se acercó hacia ellos con pasos largos.

- ¿Yo los invité? – Preguntó Mia con las cejas fruncidas.

- Ah... - La niña panda se sobaba el gorro tratando de pensar - ¿Ya estás bien con Elías? Pensé que no podían estar en el mismo lugar aún por tu nuevo novio.

- Es entre nosotros, así que Hermine me prohibió inv... ¿Cómo sabes que tengo otra pareja? – estuvo a punto de reclamarlo cuando lo recordó – Claro, claro. Ustedes lo saben todo.

Enrique miraba hacia las escaleras con cautela.

- ¿La madre de Angus aún no llega?

- No. Salió a cenar, y bien ¿cuál es su misión de hoy?

Antes de que Beth pudiera decir algo, fue embestida por un chico en un monopatín, Enrique alcanzó a abrazarla de los hombros para que no fuera al piso. Las mejillas de aquel niño travieso se salían por lo ajustados que estaban los tirantes del casco. Se levantó enseguida y siguió su camino hacia la cocina, tropezando con el chico que recién sacaba el Pavo. Elías alcanzó a hacer una pirueta con la bandeja sobre su cabeza para proteger el pavo y Laura le abría la puerta de salida del otro extremo de la cocina, para que no chocara con nada.

- ¡Ike! – Una exclamación de Angus se escuchó desde la sala, caminó con pisadas firmes detrás del muchacho un poco más pequeño que él, pero de contextura mucho más ancha -. ¡Ya te dijo Mamá que no andes con el monopatín dentro de la casa!

Enrique se había entretenido con el alboroto, le costó un poco de tiempo volver hacia su compañera y ponerla de pie.

Beth no perdió tiempo, apenas logró estabilizarse, volvió hacia Mia

- La carta de Hermine.

- ¿La carta? ¿Qué tiene de malo la carta?

- ¡¿La leíste?!

- No pero...

- Si no la leíste, no podemos saber si es diferente a la de antes. ¡Debemos eliminarla antes de que la lea!

Beth sacó su panda-toki de su bolso sin dejar a Mia opinar.

- Sólo tienes que apretar para hablar. Puedes decir cualquier cosa. – Estrechó sus manos.

Una vez que se aseguraron nadie los veía, Beth llamó la atención de Enrique de la mano. Tenían que subir.

El pasillo de madera era algo confuso, formaba una T con dos caminos. Enrique guió a Beth por el camino de la derecha, tomándola de la mano. Con cuidado y sin pisar muy fuerte, llegaron frente a dos puertas. Cuando Enrique intentó entrar a uno, Beth lo detuvo.

- ¿Por qué estás seguro de que es ese? – Sin hacerle caso a Enrique, Beth entró al cuarto de enfrente.

Al entrar fue evidente que era el cuarto de un niño de 12 años. Cómics, figuras de acción, y uno que otro dibujo en la pared. Beth, por alguna razón, sintió curiosidad.

- Oye ¡enfócate! - murmuró Enrique halando a la chica fuera de aquella habitación y hacia la otra cuando unas fotos del velador la habían intrigado.

El cuarto de Angus, en cambio, tenía un hermoso acuario justo en la entrada. Con cinco peces de distintos colores.

- ¡Encontré a Dory! – exclamó Beth, se tapó la boca al ver el rostro de Enrique.

Era hora de buscar, todo estaba perfectamente arreglado, mientras Enrique hurgaba los cajones del escritorio, Beth buscaba entre los estantes de libros. Estaba fascinada por ver todo tan bien repartido, historia, arte, literatura clásica y la moderna. Entonces, algo en el estante de arte llamó su atención. Un recuadro escondido detrás de los libros. Lo sacó con cuidado para husmearlo.

- ¡Esto es...! ¡Enrique! – trató de llamar la atención de su compañero, quien estaba concentrado en uno de los cajones del escritorio – ¡Es el dibujo que estaba en ambos libros! "Tan simple como decir te quiero", así se llama y ¡está completo!

- Claro que sí, no doy regalos a medias - soltó sin pensar -. ¡Aquí está! – Enrique tomó la carta que se encontraba debajo de la lámpara en el escritorio.

Beth frunció el ceño ante lo que había dicho su compañero, siguió inspeccionando el dibujo hasta que notó la firma en una esquina de este, dejó caer el cuadro al piso.



Ronnie JC

Editado: 16.12.2020

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