Tan simple como decir Te Quiero

Capítulo 15

Beth había retrocedido aún tapando su boca con ambas manos. No lo creía, todo este tiempo, Enrique había estado teniendo una batalla interna por ayudar a su hermano a tener mejores recuerdos, pero quería respetar su voluntad, y aparte de eso… Incluso si quisieran, nadie podría evitarlo.

Ambos trataron de tranquilizarse al darse cuenta de que aparecieron en unos escalones. Beth estaba perdida, el final del libro que ella leyó ya había llegado, pero no sabía en qué parte terminaba el diario de Angus.

Una chica que subía con sus manos dentro de su suéter, dejó de masticar su chicle cuando los vio.

- ¿Qué demónios hacen ustedes aquí?

Beth soltó un suspiro de alivio al ver a Mia.

- No he superado la resaca de ayer y ya me gané otra.

Los pasó de largo y giró hacia la última rampa de escalones. Beth animó a Enrique a seguirla, los tres quedaron pasmados al ver a un chico sentado en la entrada de la oficina de Mia.

Angus alzó la cabeza descubriendo que no era el único sorprendiendo a su amiga. Arrugó las cejas confundido. La más confundida era Mia.

- Ok ¿ustedes tres se amanecieron con los trajes de boda en la lluvia? ¿por qué demonios lucen tan mal?

La chica les sirvió tres vasos desechables con una bebida caliente y se arrimó a su escritorio. Los tres tomaron un sorbo antes de hablar. Angus hizo una expresión amarga al notar que era café.

- Ah, ese es mío, el tuyo era chocolate – se lo cambió enseguida - ¿Y bien?

- Tu sabes… - Angus se había tornado tímido al estar rodeado de más de una persona - ¿Sabes su itinerario de vuelo?

- ¡¿Vas a ir?! – preguntaron los tres al unísono haciendo a Angus regar un poco de su chocolate por la sorpresa.

- ¡Vámonos ahora! – se apresuró Mia. Angus volteó al ver a los dos chicos vestidos de gala igual que él dudosos de seguirlos. Les asintió con la cabeza y se apresuró a salir.

Mia le indicaba donde estacionar en el aeropuerto. Y corrieron, corrieron lo más que pudieron, Angus tenía el corazón en la mano, pero seguía corriendo. Fue cuando Beth se aproximó a ellos con una expresión preocupante.

- El vuelo… Salía a las 4 am… No 4 pm… - Soltó un suspiró de resignación, Mia pedía disculpas a Angus poniendo su mano en su hombro, su amigo asintió para que ella no se preocupara.

Cuando Beth volvió hacia Enrique, notó lo pálido que lucía… Su rostro estaba blanco, hace un momento se había resignado a no volver a ver a su hermano, y ahora estaba junto a él. Con la última oportunidad en sus manos. Enrique se quitó la mascarilla y el gorro, caminó a zancadas hacia él.

- No vayas – Angus lo miró por primera vez a los ojos - ¡NO VAYAS!

- ¿Ike? – Fue lo último que pudo decir al apreciar una extraña humedad invadir los pies de Enrique y Beth, miraba asombrado a los dos ser tragados por lo que parecía agua con algas. Beth se aferraba a Enrique, quien seguía intentar gritando mientras desaparecía.

El lago aparecía nuevamente, Beth sacó su cabeza para respirar, habían aparecido donde el barco se volteó y tuvieron que nadar hasta poder salir caminando. Enrique se recostó boca arriba encima del césped mojado. Dejó caer su mano en la parte superior de su cara mientras trataba de aclarar su mente. Beth se sentó junto a él, no quería ponerse sentimental, su compañero tomó fuerzas para incorporarse y sentarse frente a ella, dejó caer su cabeza en el hombro mojado de su compañera. Miraba hacia el suelo sin decir nada. La chica lo dejó quedarse así un buen rato. Tenían miedo… Tenían miedo de saber qué había sucedido con Angus. El chico notó un bulto junto a ellos, pudo alcanzarlo sólo con estirar su mano: eran los libros que había visto caer cuando inició el viaje. Las bolsas que los protegían del agua parecían haber hecho bien su trabajo. Sacando ambos libros podía apreciar mejor las portadas, no se atrevió a tomar el diario, en su lugar, tomó fuerzas para leer la última línea del libro amarillo ocre. Beth lo miraba callada mientras le acariciaba el cabello. No supo en qué momento le importaba más cómo se sentía Enrique que saber qué pasó con aquellos chicos. De repente, Enrique dejó de mover las hojas.

- ¿Beth…? – Enrique alzó su cabeza, su tono de voz era bajo e inseguro – Mira. – Beth quedó paralizada por un momento. Empezaron a aparecer hojas detrás de la última. Un remolino de letras las iba llenando hasta que se detuvo. Su corazón empezó a saltar dentro de su pecho. Se mordió el labio antes de atreverse a mirar hacia la mano de Enrique que sostenía el libro.

- Apareció un capítulo más – informó Enrique. Alzó la cabeza y la miró fijamente a los ojos.

Beth sentía incertidumbre y ansiedad. Sus ojos se prendieron como luces en navidad. Se mordió el labio sin atreverse a ver el libro. No estaba convencida de que sea buena idea leerlo. Por primera vez, dejó sus impulsos a un lado; ver a Enrique, alguien tan fuerte, desesperarse frente a Angus la había impresionado. Su amigo estiró el libro abierto hacia ella.

- Léelo tú. – la animó. – En voz alta.

La mirada de Enrique realmente se asemejaba a la de Angus, o al menos eso pensó Beth por un instante. No lo había notado antes.

Tomó el libro con ambas manos y como si estuviera cometiendo un delito, pasó la página del capítulo, se corrigió la garganta, respiró hondo. Ojeó por última vez a su compañero antes de regresar a la hoja.

- El Paseo Ahumada en Chile, me recordaba un poco al centro de mi ciudad; lleno de gente, ciertos carritos de comida rápida y vendedores ambulantes, pero más que todo…

“…pero más que todo Lector, el olor de las hojas frescas que caían de los árboles y eran transportadas por el viento, incluso con el ajetreo que invadía estas horas, podía apreciarlo.

Volví a marcarle a Laura, ya daban las 2 de la tarde y no había señales de ella. Seguí deambulando hasta llegar a una de las esquinas ajetreadas del paseo Huérfanos, entre un grupo de gente que caminaba en dirección contraria a la mía, unos cabellos negros que reconocería donde sea, aparecieron. Las personas empezaron a moverse más lento mientras su figura se aclaraba entre ellas. Tenía las manos en los bolsillo, sus viejos lentes, y un suéter blanco encima de una camisa celeste. Buscaba algo alrededor mío, hasta que se encontró con mis ojos y sonrió nerviosamente.



Ronnie JC

Editado: 16.12.2020

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