Te Cruzaste En Mi Camino - Libro 1

PRÓLOGO

Santa Marta, Magdalena.

Un año antes.

Camila se encontraba dentro del vehículo que la llevaría al lugar donde se realizaría su matrimonio, la iglesia.

Era el día de su boda, el día más feliz de la vida de una mujer, según ella.

A su lado se encontraba Doris, una joven a la que Camila consideraba su hermana.

 Camila, sigo creyendo que estás cometiendo una locura.

— Franco es el hombre con el que siempre he soñado.

 Lo conociste hace dos meses.

— ¿Y eso qué?

 No lo conoces bien, Camila.

— Para eso es el matrimonio.

 Eres tan obstinada.

 Solo persigo mi sueño.

— ¿De verdad quieres casarte siendo tan joven?

— Soy mayor que tú, Doris.

— Solo por un mes. Ambas tenemos 18 años.

— ¿Podrías dejar de sermonearme y por lo menos fingir que eres feliz por mí?

— Eres frustrante, mejor me callaré.

— Muñeca fea...

— ¡Cállate Camila! Sabes que no me gusta que me llames así.

El automóvil se detuvo y extrañamente no había nadie en la iglesia donde se realizaría la boda de Camila.

 Buenas tardes —las saludó un hombre.

Camila no lo sabía, pero tal hombre la estaba esperando.

 Buenas tardes ¿Aún no han llegado los invitados? —preguntó la joven.

 Eres muy buena actriz, casi pareces una novia real —dijo el hombre.

Las jóvenes se miraron confundidas y después miraron al hombre.

 Mi amiga viene a celebrar su boda —habló Doris.

 Son muy buenas, felicidades —expresó él.

El extraño hombre sonrió y empezó a aplaudir.

— Tu amigo me pidió que te entregara esto —dijo cuando cesaron sus aplausos.

El hombre le entregó un sobre blanco y Camila supo que era una carta.

 Feliz día del disfraz —dijo aquel extraño y posteriormente se marchó.

Camila, sin perder el tiempo, rasgó el sobre y sacó la carta.

Para la mujer más crédula del mundo.

Seguramente cuando empieces a leer esta carta, te harás muchas preguntas y por tal motivo dejaré de dar rodeos.

Hace exactamente dos meses mis amigos y yo hicimos una apuesta para saber cuál de todos sería capaz de hacer algo que fuera lo más cruel y humillante del mundo, el premio sería un viaje a San Andrés, con todos los gastos pagos.

Obvio yo quería ganar porque como sabes, trabajo demasiado y trabajar estresa.

Pocos minutos después de haber hecho la apuesta que ya te mencioné, tropecé por casualidad contigo... y entonces lo supe; supe que debía enamorarte.

Mi querida Camila, seducirte fue más fácil de lo que creía ¡Eres tan inocente!

Hace un mes, cuando hablé con mis amigos sobre lo que estaba haciendo, me enteré de que ellos también pensaron igual que yo y fue entonces cuando se me ocurrió la idea de pedirte matrimonio.

Yo creí que lograr que aceptaras mi propuesta sería difícil ¿Ya te dije que eres muy inocente?

Te confieso que casi estuve a punto de arrepentirme porque sentí compasión por ti, pero al recordar cuál sería mi premio, se me pasó esa sensación de culpabilidad.

Pero para que veas que no soy tan malo, escogí para nuestra supuesta boda, una fecha que te hiciera ver menos tonta.

¿Quién se burlaría de una joven vestida de novia el día del disfraz?

Me despido con un agradecimiento por hacerme ganar porque desde hace una semana, mis amigos me declararon ganador.

Suerte en tu vida.

Franco.

P.D.

Gracias por concederme el honor de ser el primer hombre en tu vida.

Camila, al terminar de leer, inicialmente sonrió.

 ¿Sucede algo? —preguntó Doris.



LE Rivoc

Editado: 18.01.2021

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