Te Cruzaste En Mi Camino - Libro 1

CAPÍTULO 6

Los tres hombres habían acordado ir al restaurante que para ellos era el favorito, casualmente. Aquel restaurante pertenecía a Guillermo, el hombre que era el médico personal de los tres.

Como siempre, Franco fue el primero en llegar, pero él no esperaba llegar y encontrar allí al dueño del lugar, tampoco esperó encontrar a la joven que había impedido las bodas de sus dos amigos.

Él estuvo pendiente de la mesa donde el médico, su hijo y aquellas jóvenes estaban.

Cuando ellos se fueron, él quiso seguirlos, pero no lo hizo porque debía esperar a Rodolfo y a Siciliano quienes llegaron pocos minutos después.

Siciliano fue el primero en sentarse.

— ¿Tú sabías que esa joven estaba aquí? —interrogó Siciliano.

— No, la encontré aquí, en compañía de nuestro médico personal y su hijo.

— ¿El doctor Urán estaba aquí? —preguntó Rodolfo al mismo tiempo que se sentaba.

— Sí ¿No les parece extraño? Esa joven ha despertado mi curiosidad —dijo Franco.

— Ella parece odiarnos ¿Me crees si te digo que nos avisó que estaría en tu boda? —habló Rodolfo.

— ¿De verdad? Pues si alguna vez llego a pensar en casarme, no me opondría a que ella impidiera tal locura.

— Pero si tú mismo rompiste tu matrimonio —habló Siciliano.

Franco frunció el ceño.

— Espero que esa joven me haya superado —tomó aire y lo soltó—. Fuimos unos cretinos al hacer esa apuesta.

— Tú fuiste el cretino; cretino que jugó con los sentimientos de esa joven —dijo Rodolfo.

— ¿Te has puesto a pensar en la posibilidad de que la hayas dejado embarazada? —interrogó Siciliano.

— Siempre fui cuidadoso. Ahora dejemos el pasado atrás y ordenemos porque muero de hambre.

Ellos ordenaron su plato favorito: Foie gras, acompañado por frutos rojos.

Durante minutos hubo silencio hasta que Franco habló.

— En una semana es el evento de la fundación del doctor Urán.

— ¿Irás? —preguntó Siciliano

— Sí —respondió Franco.

— Sé que Rodolfo irá, él siempre ha ido desde que se creó la fundación —habló Siciliano.

— Iré, y como siempre, competiré en aikido.

— Me gustaría enfrentarte —habló Franco.

— Puedes intentarlo —expresó el empresario.

— Yo también quiero enfrentarte, Rodolfo —dijo Siciliano.

— Como le dije a Franco, puedes intentarlo.

— Fanfarrón —expresó Franco mientras que simulaba toser.

— Presuntuoso —expresó Siciliano mientras que simulaba bostezar.

Rodolfo solo sonrió y siguió comiendo.

Al salir del restaurante, los tres amigos se reunieron en casa de Rodolfo.

— ¿Ahora sí dinos qué fue lo que te dijo tu ex prometida? —preguntó Franco.

— Fui a su casa para preguntarle el motivo por el que dijo que sospechaba que yo le era infiel y me sorprendí al descubrir que estaba con alguien más. Un hombre con quien mantiene una relación desde hace meses.

— ¿Cómo lo sabes? —preguntó Rodolfo.

— Ella me lo confesó y se burló en mi cara ¿Saben algo? Le debo agradecer a la joven rompebodas por su interrupción.

— ¡Cuánta madurez! Creí que amabas a la bruja que tenías por novia —expresó Franco.

— La amaba y posiblemente tarde un poco en olvidarla, pero yo no moriré por una decepción amorosa.

— A mí tampoco me agradaba esa mujer, pero la toleraba porque era tu pareja —habló Rodolfo.

— Debemos celebrar el hecho de que te salvaras de un pésimo matrimonio —expresó Franco.

— Sí, pero no pienso ir a un club.

— ¿Para qué ir a un club si Rodolfo tiene lo necesario para hacer una pequeña celebración?

— Es cierto, pero les aviso que yo no pienso llevar sus embriagados traseros a sus respectivas casas —habló Rodolfo.

— Tranquilo, podemos pedir un taxi —dijo Franco.

Ellos empezaron a beber y después de algunas horas, Rodolfo se dirigió hacia su alcoba y dejó a sus amigos en la sala de su casa.

Era ya de madrugada y él tan solo pudo dormir pocas horas pues tenía que ir a la empresa de su tío.

Él se levantó al escuchar el sonido de su despertador. Gruñó y quiso seguir durmiendo, pero su sentido de responsabilidad, pudo más.



LE Rivoc

Editado: 20.01.2021

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