Te enamoraré

Capítulo 2 "¿Justa o no justa?"

¿Justa o no justa?

 

¿Qué es peor que tener clases?

Respuesta: Tener resaca.

Gimo de dolor cuanto los pitidos de la alarma se empiezan a oír. Pongo mi cabeza bajo la almohada y me la aplasto un poco. Por un momento me planteo la idea de ahogarme con esta pero lo descarto.

Amo mi vida.

Aunque en este momento la detesto.

Resultado: Yo suelo amar mi vida un 99% y por momentos como este la odio un 1%

Así que el 99% gana y decido no aplastarme con la almohada, al menos por ahora. Porque ese uno por ciento me está seduciendo un poco a que lo haga.

-¡Abigail!-grita mi madre-¡Es hora de levantarse!

Me siento despacio y cogiendo mi cabeza con ambas manos. Demonios, como duele. Siento como si me estuvieran dando golpes en la cabeza con un martillo.

>> ¡Abigail!

Cierro los ojos con fuerza. Amo a mi madre, amo a mi madre. Me repito eso varias veces. Amo a mi madre y no debo gritarle que por favor deje de gritar.

Por fortuna de mi cabeza y mi salud mental, ella deja de hacerlo. Con lentitud me bajo de la cama y me paro.

-Joder-me quejo

Todo me da vueltas. 

Pero al dar un paso descubro que no solo mi cabeza está en mi contra. Mi cuerpo me pesa tanto que me siento un elefante, me estiro y mi espalda suena. Abro los ojos. Mierda, ahora me he roto. Pero eso se pasa cuando no me doblo y el dolor me informa que solo fueron mis vertebras volviendo a su lugar. Me quejo poniendo una mano sobre mi espalda. Y solo así me encamino a bañarme.  

Me siento una viejita.

Bañarme ayuda, y mucho. El agua hace que mis músculos tensos se relajen y sonría un poco. Pero mi cabeza sigue pesada y duele, suelto un suspiro. No vuelvo a beber en mi vida.

Jamás, nunca. Ni por que fuera un recurso médico para una enfermedad mortal o fuera el último alimento de la tierra.

Jamás tocaré de nuevo eso.

¿Cómo soportan esto los demás? Por qué el martilleo al levantarme era muy fuerte y amenazaba con explotarme la cabeza ¿Cómo lo hacen tan seguido? Yo no podría hacerlo de nuevo.

-No lo vuelvo a hacer-aseguro cerrando los ojos.

Mi estómago está un poco revuelto pero puedo controlarlo. Tal vez no debí mucho. Aunque tengo recuerdos de muchos vasos vacíos, y eso me dice que estoy un poco equivocada.  

Al salir me vuelvo un caracol. Me muevo tan lento que seguro lograría exasperar a cualquiera. Ponerme la ropa me cuesta un poco por que hacer un movimiento brusco me marea. Y el que el olor a comida llegue a mi habitación no ayuda.

Mi estómago está cerrado. Mucho.

Y eso es algo sorprendente viniendo de mí. Amo la comida. En especial si son cosas dulces. Un helado por ejemplo.

Mi madre vuelve a gritar mi nombre pero esta vez lo oigo menos fuerte que antes. Aliviada suelto un suspiro.

-¡Voy!-grito acabando de ponerme el zapato.

Me miro al espejo y no me veo tan mal. Tal vez un poco de corrector arregle mis ojeras. Y la base mi cara muy blanca y el rubor me dé algo de color que ha huido del susto al ver mi aspecto.

¡Rayos!

Paso las manos por mi cara, frustrada. Miro la almohada otra vez. No quiero morir, no quiero morir pero ese 1% de verdad me está tentando.

Me dejo caer en la silla frente a la peinadora.

-Bien-digo cogiendo una brocha-empecemos.

Después de unos minutos miro fijamente mi reflejo. Bueno, ahora sí puedo pasar como una estudiante que no ha ido a una fiesta. Soy un zombi normal estudiantil. Por qué admitamos que los estudiantes tampoco es que tengan el rostro más brillante y resplandeciente.

¡Tienen sueño! ¡Tienen deberes! Por lo tanto tienen ojeras.

No soy la excepción.

-¡Abigail!

-¡Voy!-grito parándome y bajando las gradas cogiéndome del barandal.

Mis piernas me tiemblan y aunque ya no estoy tan mareada, no me quiero arriesgar y terminar rodando como un saco de papas.

Entro a la cocina y el olor de la comida me hace sentir el estómago en la garganta. ¿Tan mal estoy? Rayos, para que la comida me cause esta reacción si debo estar muy mal.

-Hola mamá.

Me mira mal mientras pone una mano sobre su cintura y me apunta con la espátula.  

-Se dice: Buenos días mamita.

Ruedo los ojos con una sonrisa.

-Buenos días, mamita. ¿Feliz?-hace un puño con su mano libre y me da un pequeño golpe en la cabeza-Auch.

-Eso es por lo de anoche.

-Lo siento-murmuro avergonzada.

En toda casa hay asignaciones. Como quien lava los platos, quien da la comida al perro, a quien le toca lavar el baño, etc. Así como también hay reglas que nadie debe romper.

Cómo: Si sales a algún lado, regresa a la hora designada.

Nunca deben olvidar dar la comida al perro.

No dejar los deberes para última hora.

No dejar que Hailey cocine...

Reglas que mamá impuso por el bien de todos. Así que teníamos que cumplirlas y yo ayer había roto más de una...

Si me pusiera a enlistar, al menos las que recuerdo. Había roto las reglas de:

No tomar en fiestas.

No aceptar la bebida de extraños (Aunque técnicamente no era un extraño, bueno para mi si pero para Cooper no).

Y estoy cien por ciento segura que pase el límite de mi hora de llegada. Era solo una intuición.   

-En realidad-se ríe-fue divertido. Parecías un loro hablando. Hija, creo que deberías practicar para controlar tu nivel de sinceridad.

-¿Q-qué?-aclaro mi garganta-¿Por qué lo dices?

-¿Quién es el Bad Boy?-abro los ojos-Es el mismo chico al que le dices pared andante ¿verdad? Eso fue un poco confuso, balbuceaste tanto.

Mi cara debe ser un auténtico poema. Por qué primero se pone pálida por haber soltado eso, y luego roja por la vergüenza.

-No es nadie-digo con las mejillas calientes-Nadie.



MonLexus

Editado: 14.04.2021

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