Temiqui

V. ENCUENTROS

Pasaron seis meses para que me acostumbrara al mundo nuevamente, aunque la gente que me rodeaba me decía que rehiciera mi vida con otro hombre, y que formara una nueva familia me negaba. 
Para mí los cinco años no pasaron, para mí era como si durmiera y despertara al día siguiente, ellos no lo podían entender, además me estaba acostumbrando a ser madre. Me había perdido la parte fundamental de mi hija, como ver sus primeros pasos o escuchar sus primeras palabras. 
Un día decidí ir al lugar donde había "muerto" mi esposo. Me encontraba ahogada en los recuerdos cuando de pronto se acercó un hombre de estatura media, a pesar de su ropa floja noté sus músculos perfectamente trabajados, sus ojos se encontraban escondidos detrás de unos lentes de sol. 
-Disculpa, qué haces aquí? 
-Haces? No sea igualado, soy una señora y merezco respeto. 
-Bueno al parecer es usted una señora muy desdichada, si no es indiscreción, por qué está llorando? 
No me di cuenta que mientras recordaba lloraba desconsoladamente. 
-A usted que le importa, es usted un desvergonzado.
Me paré con furia y después me dirigí rápidamente a la camioneta. 
-Espera! -. El hombre me alcanzó. -Me puedes decir tu nombre? 
-Qué te pasa? Deberías de respetar a las personas, eres un mal educado, lo sabías? 
Me subí al coche enojada, arranque y deje atrás aquel hombre extraño.

Cuando llegué a casa mi hijita estaba leyendo, o al menos eso trataba de hacer. Mi madre tejía y mi padre estaba cortando el pasto. 
-Hola pequeña, qué haces? 
-Leo a chaspire. 
-Chaspire?-. Solté una risita. -No amor, es Shakespeare. 
-Pos eso mamita. 
-Quieres comer hija? 
-Sí por favor, tengo mucha hambre. 
-Otra vez llorando hija, debes de aceptarlo de una buena vez. 
-Mamá, déjame tranquila, tengo dolor en el alma, por favor no me regañes. 
-No es regaño, concéntrate en tu hija y en tu trabajo, deja atrás el pasado. 
-Pasado? Mira mejor comamos, no quiero discutir. 
El resto del día vi películas de hadas con mi hija, al parecer heredé esa fascinación por esos seres mágicos. Mis padres se fueron después de la comida. Mi presencia no era de su agrado, siempre estaba de mal humor con la gente, a excepción de mi hija, la cual era el vivo retrato de su padre. 
Antes de dormir comencé a escribir un libro, la editorial ya me había esperado mucho, y era hora de que les agradeciera con algo bueno. En este libro contaría la vida estupenda que había tenido con mi amado esposo, y la gran tragedia de su muerte, avancé mucho esa noche.

Al día siguiente me preparé para irme a la playa con mis padre, mi hermano y cuñada. Querían levantarme el ánimo. Desafortunadamente no lo consiguieron. 
Llegamos a una gasolinera, me fui a la tienda de autoservicio. Cuando de pronto ya no vi a mi pequeña a mi lado. 
Volteé desesperadamente y lo que vi parecía un sueño, mi hija estaba cerca de refrigerador donde estaban las cervezas, mi hija estaba abrazada por Damián, su padre. 
-Amily. 
No lo podía creer, era el mismo hombre que vi en el lugar. 
-Hola, no nos habíamos visto ya? 
Tome a mi hija de sus brazos. 
-No, disculpe tengo que irme. 
-Sí, ya te reconocí, eres la mujer extraña que estaba en la carretera Chapala, no? 
-Disculpe, yo no lo recuerdo. 
-Sí, eres esa mujer, oye, siempre eres así, enojona? 
-A usted que le importa. 
Me fui a la caja a pagar las cosas que había tomado, y me salí de la tienda, antes de que me subiera al coche escuché al hombre que me gritó; 
-Tu hija tiene tu belleza! 
-Patan.

Llegamos a Vallarta, el hotel estaba lujoso, cada quien tomó una habitación, en seguida nos fuimos a la playa, los niños estaban urgidos por meterse al mar. 
Me puse un vestido de manta, los trajes de baño no me gustaban mucho, además no quería llamar la atención de ningún hombre. Mi hermano se llevó a los niños a un concurso de castillos de arena infantil, yo fui al bar para tomarme algo fresco. 
-Pero que chiquito es el mundo. 
A pesar de lo poco que nos habíamos visto reconocía su voz, era idéntica a la de Damián. Acaso era posible que él estuviera aquí? Era una coincidencia o era el destino? 
-Qué hace usted aquí? 
Casi se me sale la baba, su short pegado y sus músculos bien trabajados lo hacían lucir mega guapo, era todo un cuero de hombre, pero yo estaba de luto, tenía que calmarme. 
-Bien creo que es el destino el que nos hace que estemos juntos. Mi nombre es Charly Spears. 
-Y eso a mí que me importa. 
Me pare y cuando estuve a punto de irme me tomó el brazo. 
-Suélteme, mi esposo está aquí, y si no quiere que le ponga una paliza, déjeme en paz. 
"Qué dices? Esposo? De dónde?". Me daba cuenta que estaba en una posición anti-hombres, ya que a Damián no le gustaba que me hablaran otras personas del género masculino yo misma los rechazaba por inercia. 
-A bueno, entonces que venga, deja que lo felicite por tener una esposa tan guapa. 
-No sea igualado, déjeme. 
Me solté con fuerza y me fui a ayudar a mi Amily, su castillo tenía que ser el mejor. En el lugar podía ver que Charly me observaba, acaso era un enfermo?, sentía un poco de miedo a la mirada de ese hombre. Sus ojos siempre estuvieron ocultos en esas gafas de sol. 
Al anochecer fuimos al restaurante del hotel, y vi al hombre platicando muy regocijado con un anciano y una muchachita. Me vió cuando me senté en la mesa con mi familia, al parecer le dijo algo a sus amigos porque me vieron con cierta curiosidad. 
La cena estaba deliciosa, al terminar mi hija y yo nos pusimos a ver películas de hadas, hasta quedarnos dormidas. Las hadas eran como nuestra adicción, lo único que tenía oportunidad de compartir con ella, porque a pesar de ser su madre me costaba trabajo acercarme. 
Al día siguiente llevamos a los niños a un recorrido por las Islas Marietas, vaya vista, mi mamá se sentía soñada en un lugar así. Mi padre el guía, los niños se sentían como protagonistas de una película de acción, yo jugaba con ellos, quería aprovechar todo el tiempo con mi pequeña niña. 
Nadamos un rato, mi hermano me peleaba, el tiempo no pasaba con nosotros, seguíamos jugando y peleando como cuando éramos niños. 
Por la noche mis padres decidieron ser niñeros para que mi hermano, mi cuñada y yo fuéramos al bar del hotel. 
-Carnala, cómo te estás sintiendo con el viaje? 
-La verdad me siento tranquila, aunque debo decir que estoy muy aturdida por todo, mi hija creció todos estos años sin mí. 
-Cuñada, Amily es una niña muy lista, aprendió a caminar a los 11 meses, ya sabe las letras y los números, no debes de concentrarte en el pasado, sólo vive el presente, el futuro es tu hija. 
-Así es carnala. Mira, el Damián ya pasó a otra vida, él hubiera querido que te derrumbaras así? 
-No. 
-Bueno, entonces deja ya el drama y bebe tu tequila. 
Durante la velada me hablaron de los negocios de Damián, sobre cómo estaban administrados y de lo que trataban. Me pusieron al tanto de todo lo que me perdí en estos cinco años en los que yo estaba jugando a la Bella Durmiente. 
Al llegar a la habitación del hotel me puse a seguir escribiendo la vida de mi esposo, entre lágrimas logré un gran avance. 
A la mañana siguiente Vicente y Melissa con un poco de resaca nos llevaron a la Playa de los Muertos, yo estuve pegada a mi hija todo momento, mientras hacíamos un castillo de arena le hablaba de su padre, ella se sentía maravillada con la plática. 
Cuando terminamos el castillo dibuje un corazón con las iniciales del nombre de Amily y mío, mi madre nos tomaba muchas fotos de recuerdo. 
-Vamos al Puente de los Muertos a tomarnos fotos allá-. Mi cuñada estaba en un traje de baño seductor. Nos tomaron bastantes fotografías. 
Para poder finalizar con las vacaciones mi padre nos llevó a un restaurante en el centro de Vallarta, los mejores mariscos que he probado en mi vida. Me tranquilizó no volverme a topar a ese hombre extraño, tal vez estaba cerca, pero yo no lo vi, pude concentrarme en mi familia.



Liber Lee

Editado: 22.03.2018

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