Un amor en Venecia

Capítulo 3

CAPITULO  3

Al día siguiente Anne y Peter se encontraron unas cuadras más adelante del parque.

Estando juntos olvidaban que sus vidas eran distintas, sus oficios competían y que no siempre iban a poder encontrarse todo los días para charlar o pasar el momento.

De esa manera transcurrieron los días Anne trabajaba en el taller y cuidaba de su padre cuando se desentendía mientras Peter cumplía con sus misiones como soldado. Esa tarde habían pautado encontrarse en el Ca'd Oro.

Peter corría con un pequeño ramos de flores que había logrado conseguir a donde ella se encontraba esperándolo.

—Nunca es tarde para comenzar nuestro recorrido. — musito desesperado por ver la sonrisa de Anne, la mujer que alegraba sus días en ese oscuro mundo en el que se encontraba. Ejercer como soldado lo debilitaba aún más y no podía darse de baja a excepción de que contrajera matrimonio en la ciudad por lo contrario sería acusado de traición al Imperio Otomano.

–Por qué no renuncias—comentó Anne preocupada ante el rostro pálido del joven que los últimos días la había hecho reír.

—Eso no es posible —pronunció palideciendo aún más —tengo que marchar.

—¿Te irás?  —cuestione

—Viajaré mañana temprano —comento  intentando recuperar su tono habitual. —¿me contarás un poco del Ca'd Oro ?

—claro—conteste en un tono débil ya desanimada con la noticia mientras avanzaba por los pasillos—el Ca'd Oro es un palacio construido por Bartolomeo Bon durante el siglo XV.

Es una tradición veneciana siempre recorrerlo y visitarlo. También se suele visitar el Palazzo fortuny—mencione. — es una ciudad no muy amplia y los venecianos decidieron crear sus propias costumbres.

—¿Y qué lugar no has visitado?—cuestiono de forma curiosa— no querrás que me crea eso de que has estado en todos. —Inquirió.

—El gran canal —musite — he deseado ir desde que era una niña pero no he tenido la oportunidad. — manifesté frustrada.

—Yo te llevare

—Te irás mañana— le recordé

—¿Y quién dijo que no regresaría? —disimulo su sonrisa mientras se acercaba—¿cumplirías uno de mis deseos? 

—Si es el mismo que yo estoy pensando, puedes—murmure con la voz entrecortada y la respiración acelerada.

—Tu pusiste mi mundo en controversia —cerro los ojos y abrió llenos de felicidad. —mi mundo era tranquilo, obediente y calmado. Y llegaste tú con tu mirada inocente, pocas palabras, belleza que me hace fantasear además de una sonrisa encantadora. De pronto todo lo demás comenzó a oscurecerse y aburrirme.

¡Oh santo cielos!

—Y me enamoré.



sidigg

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En el texto hay: guerra, amor verdadero

Editado: 07.01.2021

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