Un Ángel Zombi

Capítulo VIII

 

A la mañana siguiente, Andrew no se despertaba, su respiración era muy leve y su corazón apenas latía. Sobre él, sobrevolaba un Halcón Negro (tipo de helicóptero) de la Guardia Nacional de US. El teniente Proctor observaba un grupo de zombis alrededor de una patrulla policial que estaba volteada. Le causó curiosidad que aquellos zombis estaban sobre el piso, y no de pie como suelen estarlo.

“Tiene que haber sobrevivientes dentro de ese carro”, pensó, era lógico que así fuese. Proctor dio la orden de que arrojaran sobre esos zombis “el Agente Violeta”, un gas de color violáceo que creaba un colapso casi inmediato en los cuerpos de los zombis. Luego se comunicó con una de las unidades terrestres de rescate y neutralización de zombis. Ya un Humvee iba en camino al lugar descrito.

—Vamos a aterrizar, barra la zona con el gas—ordenó el capitán Proctor al sargento Miller.

Cuando el Halcón Negro estaba aterrizando ya la unidad terrestre estaba cerca de la patrulla. El capitán Proctor descendió del helicóptero con una escuadra de siete guardias nacionales. Los zombis ya habían colapsado y yacían inertes sobre el caliente asfalto de la avenida Central Wood. Proctor se agachó para ver a través del vehículo volteado, allí dentro, estaban dos sobrevivientes que de seguro estaban a un paso de la muerte si ellos no actuaban rápido. El Humvee que estaba acondicionado como ambulancia había llegado. Proctor dio las indicaciones y luego abordó con su escuadra el Halcón Negro, estaba recibiendo un llamado de emergencia para que fuese a la escuela local, en donde había niños y maestros rodeados por infectados.

La unidad de rescate sin perder un segundo, extrajeron del carro de la policía a Andrew Gómez, quien no abría los ojos pero aún tenía signos vitales, pero ya su cuerpo y su espíritu no resistían más.

Cuarenta y ocho horas después, Andrew Gómez abría los ojos. Escuchaba voces y había mucho movimiento de personas vestidas de uniforme camuflados. Comprendió que estaba en un hospital militar de campaña. Luego volvió a cerrar los ojos, estaba muy débil. Durmió todo el día, su cuerpo recibía suero vital intravenoso. Cuando llegó la mañana del día siguiente, se sentía mejor, el ajetreo del hospital de campaña era menor, entonces un hombre alto de color y complexión atlética se acercó a él, era el capitán Proctor de la Guardia Nacional.

— ¿Cómo se siente, señor Gómez?—le preguntó el capitán.

—Me siento bien—respondió con debilidad, Andrew, quien aún no sabía que estaba hablando con su salvador.

—Me alegra que esté bien. Señor Gómez, vine solo un segundo para hacerle una pregunta.

—Adelante.

—Verá, cuando yo me acerqué a esa patrulla donde se encontraba usted esposado—Andrew sintió vergüenza que aquel hombre, que por lo visto le había rescatado, lo haya encontrado esposado como un delincuente, como lo que era. —Bien, señor Gómez, con usted estaba un oficial caucásico, estaba acostado a su lado. Pero los paramédicos me han confirmado que usted estaba solo. Pero yo vi a ese oficial con claridad. Era un hombre rubio que apenas llegaría a los treinta.

Andrew pensó inmediatamente en el oficial Smithson, ahora sabía que no estaba loco ni que había sido una alucinación.

—Era el oficial Smithson, señor. Él y su compañero me arrestaron.

—Pero encontramos los restos de unos cuerpos que se identificaban como el agente McNamara y el agente Smithson.

—Entonces fue su alma, señor—dijo Andrew—él, cada noche me visitaba, ahuyentaba a las ratas, me traía aire fresco y conversaba conmigo.

—Bien, gracias señor Gómez—dijo con seriedad el capitán. —Debo irme, espero siga mejorando. Adiós señor, Gómez.

—Adiós—Andrew intentaba leer el apellido del capitán pegado a su guerrera, pero veía borroso.

—Capitán Proctor—dijo el oficial de la Guardia Nacional al ver que Andrew quería llamarle por su apellido.

—Gracias por salvarme la vida, capitán Proctor.

—No ha sido nada, señor. Yo que usted le daría las gracias a ese oficial. A quién la gente que ha sobrevivido le está llamando “El Ángel Azul”. Hay muchos testimonios de personas sobre un oficial rubio siempre estuvo con ellos.

El capitán Proctor se marchó del hospital de campaña para seguir en el cumplimiento del deber.

Andrew Gómez lloró y dio las gracias a Smithson, después intentó mover su mano derecha, pero no pudo, estaba esposado. Entonces recordó que Smithson lo había arrestado.



Leonardo Boss

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En el texto hay: mundo zombi, apocalipsis, historias de zombies

Editado: 07.02.2019

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