Un mundo nuevo

Capítulo 6

Suena el teléfono, Adolfo odia el móvil, tanto que se despreocupa de él. Al regresar de su tienda a medio día ni se molestó por sacarlo del bolsillo de su cazadora, ¿para qué? Tiene la tarde del sábado libre para descansar. Su plan es sencillo, leer un libro de relatos que le han recomendado, El palomar, se leyó las dos primeras historias y le engancharon. Tras su pequeña siesta de quince minutos tumbado en el sofá acompañado por  la televisión encendida  en el canal de documentales de animales y a bajo volumen. Su pequeña siesta es un regalo diario que le alimenta su ánimo y le compensa su costumbre de acostarse tarde por la noche. Se sienta en su sillón preferido cerca de la ventana se acomoda con una manta cubriéndole las piernas, la buena luz de primera hora de la tarde la ilumina lo suficiente como para leer sin dificultad. Suena el teléfono, no recuerda dónde lo dejó. Ni hace el gesto por levantarse, luego devolverá la llamada. Abre el libro por donde lo dejó y disfruta, con una sonrisa dibujada en su cara, del siguiente relato costumbrista.

Vuelve a sonar la melodía de su teléfono. Debe ser importante, dos veces seguidas en un minuto. Cierra su libro con cuidado y apartando la manta con un gesto de contrariedad, decide levantarse, camina hacia su habitación, en el armario, perfectamente ordenado, se encuentra su cazadora colgada en la primera percha de la barra. Cuando llega al aparato, la melodía ha terminado. Fin de la llamada. Revisa la pantalla y ve dos llamadas perdidas de Pedro, su hermano. Regresa con su teléfono en la mano a su sillón, se vuelve a acomodar y devuelve la llamada.

  • Pedro, ¿cómo estás? Me has llamado
  • Hola Adolfo, sí, recuerda que Ana prepara una merienda hoy en casa y prometiste venir
  • También quedamos, si no recuerdo mal, que me llamarías para informarme
  • Eso estoy haciendo
  • ¿Cuándo es esa merienda?
  • Hoy
  • Tócate ...
  • Es una merienda cena, a las ocho en casa. Las niñas están deseando verte
  • De acuerdo, ¿hay que arreglarse mucho?
  • Lo normal, si tú siempre vas bien
  • Estaré un poco antes para saludar a las niñas. ¿Va a ir mucha gente?
  • Seremos nueve, tres parejas, las dos niñas y tú
  • Así me gusta, cumpliendo el acuerdo, nada de celestinas.

Consulta su reloj, las cuatro y diez. Tiene tiempo de sobra, su hermano vive a escasa media hora desplazándose en metro, hasta las seis tiene tiempo.

 

 

Petrov recibe un informe de  los agentes en Beijing donde le confirman la llegada a la ciudad de Yelena junto con el relato de cómo se desarrolló su misión, con todo detalle, incluye la descripción del policía pinchado, de los encargados de los puestos e incluso de la persona que iba en dirección al aseo del mercado. Muy detallista esta Yelena, la más capaz de sus alumnas en la academia. Su raza asiática la faculta para desarrollar misiones en países de oriente, Mongolia, China, Japón, Corea entre otros. Su facilidad para aprender idiomas junto con su versatilidad con los diversos acentos la hacen muy valiosa. Lástima del racismo implantado en las cúpulas políticas y militares, donde las primeras y segundas líneas están reservadas a los nacidos en la raza europea. Lee el informe y lo archiva en la única carpeta azul, sin rótulos ni marcas, carpeta que archiva en la caja fuerte.

Llama por teléfono al asistente de Ivanov para solicitar una breve reunión con el líder.

  • A las tres y media. Tienes veinte minutos. En el despacho del Kremlin
  • A sus órdenes mi General, allí estaré

A la hora convenida entra Petrov en el inmenso despacho del Presidente para informarle de primera mano de la situación del avance del plan y de los próximos pasos. La reunión tiene una duración de cuatro minutos, lo suficiente para la mente práctica y eficaz de Ivanov. Petrov cuenta con nuevas órdenes que ordena en su mente de regreso a su despacho.

Yelena recibe nuevas órdenes de sus superiores, regresar a Wuhan e informar de los acontecimientos que allí sucedan, regresa a su vida y se mantiene como observadora de la realidad diaria. Disciplinada, recibe un nuevo billete de avión y parte hacia el aeropuerto, en cuatro horas sale su vuelo. Poco más de veinticuatro horas se va a ausentar de su domicilio en Wuhan. Encuentra su motocicleta donde la dejó, regresa a casa como si nada hubiera ocurrido, recupera su tapadera y su apariencia, todos los días se desplaza desde su casa a un edificio de oficinas en el centro de negocios más poblado de la ciudad. En la planta doce se aloja una empresa coreana de componentes electrónicos, Yelena trabaja como traductora y administrativa, la escasa información relevante que pasa por su trabajo la informa recurrentemente a su contacto ruso quien se encarga de hacerla llegar hasta un triste despacho de la SFB donde la pesada burocracia rusa lo entierra baja toneladas de papel.



Ray Lidor

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En el texto hay: novela, proyecto, historia actual

Editado: 14.06.2020

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