Una Amistad Llena de Atracción. (editando)

Capítulo 16

No, claro que no. Sí, yo había estado ocupada, pero no, por supuesto que no había estado escondiéndome de él. Para nada tenía yo la culpa de que todos estos días no hubiéramos podido encontrarnos.

—No—Fruncí el ceño con dureza mientras arrugaba la boca—. Vaya... ¿Qué te hizo creer eso?—cuestioné con serena curiosidad.

Lo miré indagar mi rostro, sus ojos buscando la más mínima cosa que le indicara que me hallaba mintiendo.

—No sé—soltó a la defensiva y su mandíbula se tensó tanto que me aseguré que eso debía de estar diciéndole—. ¿Será por el hecho de que no te he visto en todos estos días?—Sus cejas se alzaron con un movimiento irónico, su boca torciéndose en una amargado mueca—. No entraste a la clase que estamos juntos—Alzó uno de sus dedos, empezando a enumerar. Mis cejas se alzaron de puro asombro—. Te he esperado a la salida para llevarte a casa y nunca te encontré—Otro dedo—. Te llamé: no contestaste, te dejé mensajes para ver si querías que te recogiera: no me respondiste, y también te mandé otros más preguntándote dónde estabas ¿y adivina qué?—Me ladeó su cabeza, mostrándose con un humor verdaderamente apático—. Tampoco contestaste—Se respondió con sequedad—.  En una de las salidas fui a tu casa y llamé hasta el cansancio, pero nunca saliste...—terminó de decir como si eso hibiese sido algo realmente bastante bajo. Otro duro apretón de dientes, otro dolorosa tensión a su mandíbula—. Te juro que no sabía que pensar—Se acercó de una zancada hasta a mí y me miró con sequedad desde su altura. Y mis ojos pestañearon desconcertadas miradas sobre su rostro—. Sino me estabas evadiendo, entonces dime qué fue eso—dijo refiriéndose a toda mi falta de contestación. Apartó el rostro y luego volvió a posar una desesperada mirada sobre mí—. Solo tenía la certeza de que la ultima vez que nos vimos todo estaba bien—Sus ojos ahora apagados me miraron sin pestañear cuando levantó su mano y me ahuecó la mejilla con suavidad, pero sus ojos está vez pestañearon con pesada sorpresa para cuando di un paso hacia atrás y me alejé de su toque.

Apreté los dientes y tragué saliva, apartando la mirada arrepentida cuando me di cuenta de la razón por la que lo había hecho. Su gesto me había recordado al que había tenido con la chica, y la repetición del dolor que había sentido en ese momento me había hecho sentir malestar ante la similitud del toque.

»¿Qué sucede?—exigió con voz casi filosa—. Sí estabas escondiéndote de mí, ¿verdad?—Soltó una risa plana, carente de alegría. Esta vez sí que levanté los ojos y lo miré sorprendida. Una cosa es que me hubiese dolido lo que había pasado y otro muy diferente que yo hubiese planeado alejarme de él solo por que a él le gustará otra chica.

Solo ahora, que veía que Adrién de verdad se estaba creyendo eso, fue que aprecié lo desconcertada e incrédula que me sentía de que él estuviese en serio pensando eso de mí.

Lo sentía tan absurdo. Todo eso. Todo lo que se había imaginado y estaba pensando de mí.

Jamás, en todos estos días, se me había pasado por la cabeza que Adrién pudiese llegar a tan errada conclusión.

Tampoco creí que hubiese estado buscándome, al menos el sábado y el domingo no lo había hecho; por que recordaba perfectamente que esos días yo todavía tenía mi teléfono.

Suspiré, me froté el rostro y lo observé con una mirada que decía: ¿Es en serio todo eso?

—¿Me vas a hablar o no?

—¿Qué quieres que te diga?—Lo miré como si todo esto fuera algo insólito.

—No sé...¿qué tal si te limitas a decir que sí y luego me pides a la cara que me largue y te deje en paz?

—¿Qué?—Solté una risita aturdida—. No—Lo miré como si se hubiese vuelto loco y me acabase de pedir una reverenda estupidez—. ¿A qué se supone que voy a decirte que sí? ¿Estás zafado?—Me miró furioso y yo me encogí de hombros como si estuviera diciéndole que se lo merecía—. No estaba escondiéndome de ti. Todo está bien, al menos por mi parte—aclaré y él me miró desconfiado.

Solté otra risita, pero esta vez sí divertida. Sus ojos dejaron de estar entrecerrados y me miraron atentamente.

»No te di motivos para que pensaras eso de mí—Le empujé el hombro con mi dedo índice mientras le sonreía con diversión.

—¿No?—jadeó incrédulo y me miró como si yo no tuviese vergüenza de decir eso. Alcé mi ceja.

—No—dije terca y le di otro empujoncito a su hombro—. Bien. Todo aclarado—Frunció su ceño de nuevo—. Estoy ocupada. Adiós.

—Te llevo a casa y hablamos—planeó y me tomó de la muñeca antes de que me volviera.  

—No puedo—Me negué con el tono apurado mientras deshacía el agarre de sus dedos en mi muñeca—.Hablamos luego, Adrién—Me despedí y me volví empezando a caminar de nuevo.

—Si das un paso más, me estarás confirmando que en realidad sí que pasa algo—Su tono duro e inflexible me hizo detenerme.

Me volví hacia él y lo miré.

—Estás viendo cosas donde no las hay—Fruncí los labios en un gesto cargado de disgusto—. Estoy yendo tarde, Adrién—Le informé seria—. Ya dije que hablamos después. Tengo explicación para todo.

—Pues yo estoy diciendo que te llevo a casa.

—¡No voy a casa!—Sus ojos se volvieron finas rendijas.

—No pasa nada. Te llevo a donde vayas—Decidió con su voluntad de hierro. Se había vuelto inamovible, con su absoluta capacidad para resistir a todo con tal de hacerse con algo si verdaderamente lo quería. 
Resoplé exasperada.

—Terco—siseé con los puños apretados y miré la camioneta con los ojos encendidos por la furia y la impotencia.

Sin hablarle, comencé a caminar con pasos apretados y tensé todo el cuerpo ante la magnitud de mi enojo. Lo dejé tras de mí y me dirigí a la camioneta sin siquiera decirle nada.

—Bien, vamos—dijo tras de mí como si él no fuese el causante de mi mal humor.

Quitó los seguros a distancia y yo me subí a la camioneta con movimiento absolutamente controlados. Él, en cambio, mostró su también poco humor cuando se subió a su asiento y azotó con fuerza la puerta de la camioneta mientras su rostro parecía tallado en piedra.



Ade Arang

#17652 en Novela romántica

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Editado: 26.11.2020

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