Una Historia de Amor sin nombre

Maestra de música.

Cap. 2.

Las pequeñas cosas a veces me parecen un tanto difíciles de recordar, pero cada pequeño acontecimiento cuenta no importa si es bueno o malo.

 

En las fronteras del infierno, hasta los más valientes sienten frio. Se apodera de ti cada vez que la muerte pasa a tu lado, es como sentir un beso por primera vez. Un torrente de sensaciones inexplicables y al final lo único que distingues, es el frio recorriendo tu cuerpo. Solo unos pocos valientes disfrutan los besos llenos de amor en los labios de la muerte.

 

Aquella noche después de cambiarse, se fueron a dormir y justo como Santiago predijo acabó durmiendo como un oso y como Zuri dijo también roncando. Pero ni siquiera eso bastó para despertar a Zuri qué no estaba muy lejos de alcanzarlo en agotamiento. En la mañana mientras caminaban de regreso al fuerte, fueron interceptados por un grupo de cadetes de su propio batallón, quienes los separaron y tras darle una paliza a Zuri qué en vano procuró defenderse tanto como pudo, los encerraron a cada uno en una celda diferente. Santiago estaba cansado de gritar cuando por fin un soldado de mayor rango, que él conocía perfectamente bien, apareció.

  • Lo lamento Santiago, no se suponía qué te encerraran a ti, son unos idiotas.
  • Esto fue tu idea ¿No es así?
  • Eres hijo del capitán, los guardias me contaron qué te dejaste humillar por el don nadie de Lazcano, no puedes humillar a nuestro padre así.
  • Ya habíamos resuelto nuestras diferencias y no necesite tu estúpida intervención para eso.
  • Claro, pero ahora él luce más golpeado que tú, sal de allí.
  • ¿Dónde está Zuri?
  • ¿Lo llamas por su nombre? qué patéticos son los dos, debe estar en alguna de esas celdas.
  • Dame la llave.
  • Yo no la tengo tonto, debo irme, llegare tarde, mi padre no te castigara por perder a tu perro, no te preocupes.
  • Eres un idiota.

Santiago comenzó a buscar de celda en celda después de que su hermano se fue, cuando encontró a Zuri no pudo evitar sentir terror. Vio que la llave estaba dentro de la celda a su lado, quizás con la intención de que saliera cuando se pudiera levantar, pero estaba claro qué le tomaría un buen periodo despertar a menos que hiciera algo. Santiago sacudió la puerta con fuerza haciendo la mayor cantidad de ruido posible, hasta que alcanzo a escuchar un quejido.

  • Zuri ¿Me oyes? dime algo, por favor.
  • Cállate Santiago, me duele la cabeza.
  • Qué alivio, no estás muerto.
  • Zuri escúchame, la llave está a tu lado debes salir de allí.
  • No quiero salir, tu hermano tiene razón, tu padre no te castigara por perder un perro. Yo ya me canse de esto.
  • ¿De qué hablas? vamos sal de una vez.
  • No debí aceptar, debí negarme desde el principio.
  • Te sacaré de allí, bucare otra llave.
  • Déjame en paz zalamero, esto es bueno para ambos.
  • ¿Qué?
  • A ti te ascenderán y yo seré libre de irme antes, podré irme de esta ciudad y terminar con esta pesadilla.
  • Ya empiezas a decir sandeces, buscaré la llave.
  • No te atrevas.
  • Te llevare a tiempo, así tenga que cargarte, no voy a dejar qué te rindas.

En vano se cansó Santiago de buscar una réplica de la llave, si lo pensaba con calma, tenía sentido ¿Por qué tendría una celda dos llaves? Regreso entonces y se sentó contra la puerta de la celda.

  • Zuri, necesito que te levantes.
  • Déjame en paz Santiago, acaba de irte de una buena vez, mira, sino le dices a nadie que estoy aquí, moriré de hambre y nadie lo sabrá.
  • No es eso, es que mi hermano dijo algo más y tengo miedo de decírtelo, por eso necesito que te levantes y salgas de allí, porque si lo descubres entraras en pánico y te vas a lastimar.
  • No me vas a engañar con eso, déjame en paz.
  • Como quieras, dejaron una serpiente en la celda contigo imbécil.

La reacción fue justo la que Santiago esperaba, se apartó de la puerta justo cuando se abría, pero antes de que Zuri pudiera escapar le sujeto de los brazos antes de que se lastimara más.

  • ¡Calma! Te mentí, no hay nada allí.
  • ¿Qué?
  • Lo lamento pero no podía dejarte allí dentro.
  • Te matare miserable zalame…
  • ¿Zuri? No, no, por favor despierta, demonios.

Santiago se subió a Zuri al hombro, tratando de no causarle más daño. Se percató entonces de que estaba vendado bajó el uniforme, lo que de inmediato llamó su atención, pero tenía prisa, así que salió de allí y llegó hasta la oficina del capitán justo antes de que saliera.

  • Pero ¿Qué rayos les paso? ¿Qué le sucedió a Lazcano?
  • Pues a Damián le pareció divertido, hacer respetar al hijo del capitán.
  • ¿De que estas hablando?
  • Hizo golpear a Lazcano para que pareciera más golpeado que yo, porque a su parecer que yo sea tu hijo debe ser razón de temor.



Victoria Silva

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En el texto hay: romance, traicion, muerte

Editado: 23.01.2019

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