Under My Wings

37-. Ilusa

Eve:

Aún no podía terminar de creerlo. ¡Al fin estaba de vuelta en la ciudad! Solo había pasado un mes desde mi partida, pero para mí, había sido una cruel y tortuosa eternidad. Aunque, dejando eso de lado, me alegraba saber que, luego de tanto tiempo, volvería a ver a mis amigos, y mejor aún, estaría nuevamente junto a Chris.

Hacía unos días, Brianna me contó que este había vendido su antigua casa para mudarse a lugar más sencillo, pero por fortuna, también pude averiguar su nueva dirección para hacerle una visita sorpresa. Sin embargo, cuando le conté a Luke que pensaba salir a caminar un rato, se empeñó en acompañarme, y fue tanta su insistencia, que finalmente accedí.

Me quería sobreproteger, como siempre. Al parecer, aún no quería asumir que ya había crecido y me las sabía arreglar muy bien sola.

Mi tío no ofreció objeciones, así que podría ir con tranquilidad. Solo había un pequeño problema: necesitaba quitarme a Luke de encima. Él y Chris no se llevaban nada bien, así que, por el bien común, lo mejor era mantenerlos separados.

Me coloqué frente al espejo y empecé a desvestirme hasta quedar en ropa interior. Luego, saqué toda mi ropa de la maleta y me dediqué a revolverla en busca de algo que me quedara bien. Entonces, alguien tocó la puerta de mi habitación repetidas veces.

—¿Ya estás lista? —preguntó Luke desde afuera.

—Aún no —contesté lanzando una camiseta blanca sobre la cama—. Espérame sentado en la sala, estaré allá en unos minutos.

—Vale, no te tardes mucho esta vez —agregó antes de irse.

Con cierta ilusión, observé la camiseta negra que Chris me regaló tiempo atrás, y por algún motivo, no pude reprimir una gran sonrisa. Me la puse, e inmediatamente, busqué algún pantalón que combinara con ella.

Después de unos minutos revolviendo aquella montaña de ropa, mi vista se posó sobre un pantalón de color blanco que ni siquiera recordaba haber empacado. Me lo probé frente al espejo y noté que me quedaba un poco ajustado, lo cual, realzaba bastante mi figura.

Justo lo que necesitaba.

Le eché un vistazo a mis zapatos, y sin dudarlo mucho, me decidí por los Converse negros.
Nuevamente, me puse de pie frente al espejo, y casi de inmediato, observé que mi piel estaba un poco pálida.

Rápidamente, busqué algo de maquillaje entre mis cosas, hasta que, por fin, logré conseguirlo. De inmediato, me apliqué un poco de rubor en las mejillas y delineador en el borde de los ojos.
No estaba acostumbrada a utilizar maquillaje, así que, al mirarme en el espejo, quedé un poco deslumbrada. Me veía hermosa.

Salí de la habitación y caminé hacia la sala, donde pude ver a Luke durmiendo profundamente sobre el sofá. Sentí la tentación de dejarlo ahí y largarme, no obstante, sabía que eso me metería en problemas.

—Oye, Luke —traté de sacudirlo para que despertara —¡Luke!

—¿Eh? —abrió los ojos, me miró de arriba a abajo y bostezó.

—Ya estoy lista, vámonos —le indiqué, señalando la puerta.

Él se frotó los ojos y observó su reloj por varios segundos.

—Vaya que te tomaste tu tiempo, enana, llevo una hora aquí sentado —gruñó, cruzando los brazos.

—Tú querías acompañarme —repliqué.

—Un momento —me miró fijamente a la cara—. ¿Es idea mía o estás maquillada?

—Eres demasiado lento —solté una carcajada—. Olvídalo, solo vámonos o se hará demasiado tarde para salir.

Lo ayudé a levantarse del sofá, y con la excusa de ir a comprar ropa en descuento, lo convencí de tomar un bus con rumbo a las afueras de la ciudad. Mi primo cedió sin problemas, y en unos quince minutos, ya estábamos en nuestro destino.

Según lo que me contó Brianna, Chris ahora vivía por esta zona. Solo faltaba deshacerme de Luke para dedicarme a buscarlo. Por el rabillo del ojo, distinguí una gran torre de televisión, y rápidamente, la reconocí como un punto de referencia.

Revisé el GPS de mi teléfono, y tras un vistazo rápido, confirmé que ya estaba bastante cerca del objetivo.

—Por aquí vi esa chaqueta —mentí, observando los alrededores—. Estoy segura de que era una de estas tiendas —Luke se limitó a asentir, pagamos nuestros pasajes, e inmediatamente, bajamos del bus.



Freider Korff

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Editado: 07.10.2019

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