Vehemente

Capítulo 29 Intromisión

Después de ese día en casa de Julián, cuando se atrevió a hablar abiertamente y sin pudor sobre sus intenciones conmigo, me he mantenido lo más alejada posible de él. No sin antes dejarle las cosas bien en claro por supuesto y me he mostrado fría e indiferente ante su presencia.

Podrán llamarme anticuada o amargada, me da exactamente lo mismo. Prefiero ser fiel a mi misma y a mis sentimientos. Además nunca me han gustado esos hombres que ven las relaciones amorosas solo como algo físico.

"eres tan distinta Amanda, fiel a ti misma"

Casi puedo escuchar la voz de Franco hablándome aquella vez en mi habitación, cuando me negué a estar con él a pesar de que lo amaba y Julián quiere tenerme con solo un chasquido de dedos.

—¡ JA! —resuena mi risa frente al espejo del baño— si ese Julián cree que me tendrá, ¡está muy equivocado! —digo desafiante como si lo tuviera frente a mi.

Si ya lo sé, estoy media loca. Desde que me separé de Franco he ido perdiendo un poco la cordura.

Envuelta en una toalla vuelvo a la habitación para prepararme. Hoy es el gran día de nuestro debut como asistentes en la inauguración de la exposición de arte. Una mezcla de ansiedad y nerviosismo revolotean en mi estómago.

Me pongo la vestimenta requerida, que es un blusa blanca y falda negra. Podía elegir cualquier estilo solo que conservara la formalidad. Escogí una blusa de cuello alto con botones y manga corta estilo princesa, una falda tubo de tiro alto que me llega a la rodilla y zapatos de tacón, para mi mala suerte eran parte del vestuario. Trenzo la parte superior de mi cabello guiándola hacia un costado y con el resto hago una coleta.

Antes de irme me miro frente al espejo por última vez, con una sensación de realización y satisfacción a la vez. Realización por ir cumpliendo mis sueños y satisfacción porque he estado tan ocupada estos días que poco y nada he pensado en "él".

Cuando llego al lugar, Julián me está esperando en la entrada, me mira de pies a cabeza sin disimular y con la típica sonrisita que usa cuando quiere decir una de sus irreverentes imprudencias. Lo apunto con el dedo y antes de que diga algo le advierto:

—¡No te atrevas a decir nada, no estoy de humor para aguantar tus bromas! —ríe con ojos maliciosos.

—Yo solo iba a decir que te ves muy senss... —lo miro amenazante—
... ssatamente elegante —ladea la cabeza divertido.

Nos presentamos con el encargado, quien nos da nuestras identificaciones y nos indica el lugar de la entrada donde debemos esperar a los invitados. Estoy con las manos temblorosas y sudadas, me cuesta controlar mi nerviosismo, intento respirar profundo pero solo me salen pequeños suspiros.

No acostumbro a interactuar con las personas siempre he sido introvertida, pero a Julián se le da con facilidad.

Él nota mi estado y con el ceño fruncido me pregunta extrañado.

—¿Qué te pasa Amanda?

—No puedo tranquilizarme, estoy terriblemente nerviosa —le cuento afligida, procurando respirar con calma.

Me aparta hacia un rincón y toma mi cara con sus manos, el cálido contacto me ayuda a relajarme.

—¡Tranquila! no estas sola... te voy a ayudar —lo miro a los ojos poco convencida— respira profundo y retén el aire lo más que puedas —me pide y luego añade— eso ayudará a calmar las pulsaciones de tu corazón.

Lo hago, repitiéndolo varias veces, increíblemente me funciona y mi corazón vuelve poco a poco a su ritmo normal.

—Ahora, gesticula así —vuelve a pedir y hace muecas exageradas con todo el rostro, no puedo evitar reírme de lo gracioso y ridículo que se ve.

—¿Y eso para que?

—Para que se relajen los músculos de tu rostro y no te veas con la expresión tensa... Hazlo —ordena serio.

Imito los mismos gestos que acaba de hacer y al ver las ridículas muecas se echa a reír con ganas contagiándome a mi también.

—¿Ves? Tu sonrisa es mucho más natural ahora. Cualquier cosa que necesites hazme una seña y yo voy a tu rescate ¿de acuerdo?

—De acuerdo —le respondo mucho mas tranquila.

Volvemos a nuestro lugar y sigo practicando los ejercicios de respiración, su presencia y seguridad también me ayudan a calmarme.

Todo transcurrió sin contratiempos, ¡enhorabuena!. Al inicio no teníamos que hablar, solo permanecer de pie mientras se daba el discurso de bienvenida por el curador, después las mismas personas que necesitaban ayuda acudían a nosotros lo que me facilitó mucho las cosas. Los invitados más importantes simplemente nos ignoraban, no necesitaban de nuestra ayuda.

Había tanta gente que siempre estuve ocupada con alguien, Julián a veces me miraba de reojo para saber cómo estaba, yo le respondía levantando mi pulgar. Saber que él estaba ahí para respaldarme aumentó mi autoconfianza. Fue una tarde agotadora pero muy entretenida, era gratificante poder ayudar y recibir las gracias de las personas. El tiempo se me pasó volando.

Antes de irnos hablamos un momento con el profesor Alberto, quien quedó muy satisfecho con nuestro desempeño y dedicación.

Al salir el aire frío me estremece, y es que no traje mi abrigo pues no sabía si tendría un lugar donde guardarlo mientras trabajaba.

Julián, me acompaña a la parada y al ver que yo no traje abrigo se quita su chaqueta y la pone sobre mis hombros, el calor me envuelve enseguida y le agradezco con una sonrisa.

—Gracias por ayudarme hoy, me sirvieron mucho tus consejos.

—No fue nada —dice, como si no hubiera sido la gran cosa— podríamos ir a tomar algo antes de volver, para celebrar nuestro debut. —propone, mientras acomoda la chaqueta que comenzaba a deslizarse por mi hombro.

—Me encantaría Julián, de verdad. ¡Pero estoy muerta!, estos zapatos me están matando y solo quiero llegar a mi cama a descansar.

—Si, en todo caso —reflexiona— Yo también estoy cansado y quiero llegar pronto a casa —replantea.

—Lo dejamos pendiente y aprovechamos de invitar a los demás para celebrar juntos —sugiero, con la firme intención de no quedarnos a solas.



VanneDiazRosas

Editado: 12.01.2021

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