Vehemente

Capítulo 38 Celos

A la mañana siguiente se repite el proceso, me voy con mi padre temprano a la empresa y Julián nuevamente me está esperando, esta vez con un café caliente. Sabe que me gustan mucho sobre todo en esta mañana tan fría. Las primeras señales de que el invierno se está acercando. Aún no comenzaremos con los trabajos en la empresa porque primero pintaremos los cuadros en el atelier de mi casa. Julián se reía de la situación, quien iba a pensar que después de cinco años trabajando en su atelier ahora estaríamos en el mío. Como los cuadros serán personalizados según el ambiente y la persona que trabaja en cada departamento, nos pasamos toda la mañana oficina por oficina tomando medidas y decidiendo el lugar más apropiado para ubicar las pinturas. La última oficina es la de Franco. Justo esta mañana no se encuentra y podemos trabajar sin problemas. Es aquí donde mas trabajo tendré, me llevará varios meses completar mi labor, es todo un desafío para mí... como él.

Para terminar de organizar los trabajos y la lista con materiales que faltan, nos vamos a la sala de juntas para estar más cómodos. Nos sentamos frente al ventanal con la puerta a nuestras espaldas que dejé abierta por si papá se le ocurre salir a ver donde estamos.

—Angelito, debo decirte algo importante —Julián me mira con cara seria, algo poco normal en él.

—¿Qué pasa? Cuéntame —le animo a hablar preocupada de que pueda tener un problema.

—Necesito tomarme la tarde libre. Tengo la despensa vacía y no quiero morir por inanición.

Río soltando una carcajada de alivio.

—¡Ay, claro que sí! Me asustaste, por un momento pensé que tenías un problema grave.

—Estaba bromeando. Te invito a almorzar. Ya tengo hambre —propone con entusiasmo y mira su reloj.

—Lo siento, Julián. Le prometí a mamá que iría a casa para almorzar con ella. ¿Por qué no vienes? Estaremos solas, papá no puede ir hoy.

—Me encantaría, pero tampoco puedo. Estoy con los minutos justos para almorzar, luego tengo una cita con la dueña del departamento.

—Lástima, ¿Lo dejamos para otra ocasión? Mamá tiene muchas ganas de conocerte.

Julián asiente complacido y yo me dispongo a terminar con las últimas anotaciones para el presupuesto. Entonces, uno de mis mechones decide escaparse y se desliza por mi rostro. Julián lo vuelve a acomodar en su lugar y me acaricia la mejilla con suavidad, ladea la cabeza y me contempla con insistencia. Lo miro de reojo sin decir nada, sé perfectamente que significa ese gesto, me lo dicen sus ojos risueños que tienen ese brillo especial de deseo. Su caricia es agradable pero prefiero fingir que soy "Doña Inocencia Perpetua Ingenuidad" y sigo escribiendo como si nada pasara. Pero a Julián nada lo desmoraliza y me sigue acariciando con el dorso de su mano. De pronto es interrumpido por una voz ronca que resuena a nuestras espaldas:

—¡Quítale tus manos de encima!

Sorprendidos, con Julián nos miramos por una milésima de segundo y nos giramos de inmediato para saber de quien provienen esas palabras tan duras. Franco está parado en la puerta, con el rostro serio y una arruga en la frente. Su intervención me parece totalmente fuera de lugar, ¿Cómo se atreve a reaccionar de ese modo? Enseguida, aparece la sonrisa burlona de Julián, esa que usa únicamente para sus comentarios ácidos. Mira hacia el ventanal otra vez y menea la cabeza como si lo que acaba de escuchar le pareciera insólito y atrevido. Corre la silla hacia atrás para ponerse de pie.

¡Ay no! Esto no pinta bien.

Antes de que se desate la tercera guerra mundial o una explosión más tóxica que Chernobyl, intento frenarlo y pongo mi mano sobre su brazo.

—Julián... —mi voz es una súplica, pero él me hace un gesto de alto con la mano.

—Tranquila, yo me encargo. —Se pone de pie y se gira para enfrentarlo, no está para nada intimidado—. ¿Cuál es el problema? —pregunta desafiante. Es tan extraño verle con esa expresión en el rostro. Está recto y lo mira fijamente dispuesto a todo.

Franco sin decir nada, avanza lentamente con la misma mirada desafiante. Parece una pantera acechando a su presa. Alarmada, me levanto de inmediato para intentar contener el inminente choque de machos dominantes. Mi corazón está a punto de sufrir un colapso imaginando los peores escenarios. Cambio de estrategia y me dirijo a Franco ahora.

—Franco... Por favor —utilizo un tono suave para intentar calmar los ánimos y lo miro suplicante. Franco desvía sus ojos hacia mí y la expresión de ellos cambia al instante, su rostro se transforma por uno más accesible. De una manera que no logro descifrar, nuestros ojos hablan secretamente; los míos le dicen que por favor no cometa una imprudencia y él parece comprenderlo. Le lanza una última mirada de advertencia a Julián y se va como si nada conservando la gracia felina al andar.

—¡Imbécil! Acaba de desafiarme —escupe Julián molesto.

—Julián, ¿Vas entrar en una pelea de gallos ahora? No eres así.

—Pero, Amanda. Acabas de ver su provocación. ¿Qué le pasa? ¿Por qué actúa así? —cuestiona con desconcierto.

—No lo sé, Julián. —Me encojo de hombros inocente. No quiero que Julián se entere que Franco fue ese hombre tan importante en mi vida, me sentiría avergonzada si lo supiera—. Supongo que es una actitud paternal, me conoce desde que tenía dieciocho años.

No puedo creer lo que acabo de decir.

—¿Actitud paternal? ¡Por favor! Era una evidente escena de celos. Pero por qué... acaso tú y él... —Sus ojos me examinan expectantes y con temor.

—¡Julián, como dices un cosa así! Yo no tengo nada con él, es mucho mayor que yo.

—Al parecer, eso a él no le importa. Es evidente que tiene sentimientos hacia ti, de lo contrario no hubiera tenido ese arranque de celos y no me vas a convencer de lo contrario. —Es obvio que la actitud de Franco despertó terrible sospechas en él. Y será muy difícil convencerlo de que se equivoca. Me juego la única carta que puedo usar a mi favor; la que respecta a mis sentimientos. Lo miro a los ojos he intento parecer lo más segura que puedo.



VanneDiazRosas

Editado: 12.01.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar