Vidas pasadas.

III

Cuando la joven había terminado de ayudar a Nuria con su aseo, otra más entraba por la puerta dejando bandejas con comida, luego de una reverencia salió del lugar.

-¿Y esto?.- dijo acercándose a la bandeja de plata colocada sobre una mesa de madera un poco sucia con polvo.

-Su cena mi lady.- respondió tímida la sirvienta, quién no conocía y como si le hubiese leído los pensamientos le dijo su nombre.-Saldré y la dejare comer sola, cuando termine puede llamarme o preguntar para que me busquen, yo me llamo Alba.-

-Hermoso nombre- pensó al ver como Alba salía de la habitación.

Se acerco a la bandeja y tomo la silla de madera para sentarse, era muy pesada para ser una silla, pensaba, ahora entendía el porqué por alguna razón había mucha gente tonificada, todo era extremadamente pesado. Fijo su vista en la bandeja, saliendo del tema de lo pesado de los muebles y vio carne casi cruda, una copa bastante grande de plata llena de, lo que le pareció cerveza por el olor, también había algunas frutas en otra copa un poco mas grande, se decidió por eso y luego se encargaría de decirle a la gente que cocinaba que eso hacía pésimo y que por eso se morían.

Comenzó a pensar, lo que sería haber nacido en esa época, por lo que sabía, y si acá no era tan diferente, no existían vacunas ni remedios, mucho menos operaciones, vivías si tenías suerte, si ella hubiese estado en ese tiempo cuando tenía doce años, seguro moría de peritonitis.
Había pestes terribles y acababa de darse cuenta de los parásitos que tendría la gente que comía esa carne casi cruda.

Comió algunas uvas y una manzana, probó la cerveza y era horrible, agria, trago como pudo y la dejo a un lado, llamaría a Alba, pero estaba tan cansada que se decidió por acostarse.

La cama era cómoda, aunque se estaba tapando con pieles de animales, mañana seguiría investigando este nuevo lugar.

***

Como era de esperarse, cuando llego a su hogar el servicio lo recibió debidamente, antes de volver con sus respectivas actividades.

Entro a su despacho donde estaba todo lo que había pasado en unos días que el no estaba, el lugar estaba perfectamente manejado y ordenado, como le gustaba, por un momento se pregunto donde estaría la mujer que compro, y si la habían tratado como ordeno.

***

Se había despertado temprano, se asomo por la puerta y no había nadie, así que salió cerrando sigilosamente la puerta, y como eran lugares oscuros, tomo una antorcha para guiarse.

Mientras más caminaba y veía, se sorprendía, solo había visto esas construcciones en museos, pero, en uso, con todas sus pertenencias, y alumbrado por antorchas, había pasadizos y golpeando paredes se dio cuenta que había lo que parecían habitaciones ciegas, o tal vez se entraba por algún otro lugar.

Paso por una puerta que se decidió a ignorar, pero conociéndose no podría, la abrió y alumbró con la antorcha, era un pasillo largo, oscuro, y apestoso -la curiosidad mato al gato, pero murió sabiendo- se dijo y siguió caminando cerrando la puerta tras ella.

Parecía interminable, pero el olor se iba haciendo más fuerte, era como, un animal putrefacto, y así hasta llegar a otra puerta, pero abierta, había una pequeña luz y escucho el ruido de utensilios.

  Asomo la cabeza y como no vio a nadie siguió, parecía una enorme biblioteca, los estantes eran enormes, había un pequeño entrepiso, podría decirse, para llegar a mas cantidad de libros y pergaminos, con algunas escaleras para lo mismo, siguió caminando y visualizo lo que sería una mesa con plumas y tinteros y algunas hojas desordenadas, las ojeo de reojo y parecían algo de medicina y ungüentos.

Camino hacia el lado derecho de donde venía el olor y fue tal el asco que retrocedió un poco para así poder tapar su nariz y acercarse. Eran cadáveres de animales disecados, un mortero, al seguir alumbrando la larga mesa, el horror era mas intenso, había manos, brazos y pies en el mismo estado, algunos cortados y otros con lo que parecían ser agujas.

-Creo que había dejado en claro que nadie no autorizado entraba aquí.- dijo una voz de ultratumba detrás de ella, mientras la sala se iba iluminando cada vez más, pues, había un candelabro arriba de ella y estaban encendiendo las velas.

Volteo asustada para ver un anciano encorvado, calvo, con prominente nariz y la cara toda arrugada.

-Lo siento.- dijo sin moverse del lugar, a menos que sea un viejo ágil, no era una amenaza.-Se que no tengo permiso ni nada, pero ¿podría ojear algunos pergaminos?.-

El hombre la miro, detenidamente, hasta responder.

-Con la condición de que me permitas, cuando termine la lectura, que me dejes ver tu brazo derecho.- dudo un momento, el vestido tenía mangas largas y solo se asomaban algunas insignificantes hojas del cerezo, que vista tendría, pero solo asintió, en ese momento solo sentía curiosidad.

Miro las separaciones, y decidió ir por los libros, giro para preguntar, pero el hombre había tomado asiento mientras escribía algo, así que se decidió a leer.



Mina Aquino

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En el texto hay: historia

Editado: 31.03.2019

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