Vidas pasadas.

XVII

A la madrugada lo único que se escuchaba, a lo lejos, por el horizonte, eran gritos, se veía fuego, y nada más.

Estaba sentada junto a Alba que le cepillaba el pelo, trataba de disimular lo más que podía su palidez, pero incluso sentía ganas de llorar, y como para no, no sabía si lo que planeo funcionaría, obviamente habría heridos, ¿cuánto duraría esta guerra?, ¿cuántos morirían?, no estaba segura si dormiría esa noche, o las que siguiesen.

***

Luciano nunca imaginó que pudiesen esperarlos tan listos, apenas se escucho el ruido de una rama comenzaron a llover flechas, los gritos y jadeos de los vikingos se escucharon en todo el lugar, los tenían rodeados.

Choques de espadas, gritos, salpicadas de sangre, caballos relinchando, ecos, sensaciones horribles.

No sabía si mataba a vikingos o sus compañeros, estaba tan oscuro que no diferenciaba a los suyos, algunas antorchas alumbraban los lugares por los que se movían sus portadores.

El olor a sangre, y el escenario tan pesado lo estaba matando, el solo blandia su espada y esquivaba con suerte algunos golpes.

Alexander se estaba desempeñando tan bien en la batalla, seguía al pie de la letra todo lo que Nuria decía, incluso comenzaron a ganar más lugar, estaba sorprendido.

Llegando los primero rayos de sol, logrando ver todo con más claridad, la adrenalina no lo dejaba sentirse agotado, pero el  peso que sintió no se lo sacaría nunca, el sinnúmero de cadáveres a su alrededor, humanos y caballos, sentía que estaba parado en el mismísimo infierno.

Ya quedaban pocos, de ellos, y de los vikingos, y en el último enfrentamiento, cuando todo parecía marchar bien, fue cuando vio un hacha atravesar la cabeza de Alexander. De todo el tiempo en el que estuvo peleando, nunca había quedado tan tieso, inmóvil, no podía ser, ni siquiera había pasado un día y ya perdieron a su líder.

Y con eso, los vikingos se fueron, arrastrando su cuerpo como trofeo, nadie pudo hacer nada, quedarse parados en medio de una batalla no era lo ideal, pero, ¿quién esperaría semejante giro?, ¿en qué momento pudo descuidarse de tal modo?.

El aprendiz de Mateo comenzó a fijarse en los heridos, así que ayudo, a los que podían salvarse, aunque eran pocos.

Los iban cargando en una carreta y los vendaban como podían, sería vergonzoso volver, con la cara baja y con el peso de la derrota sobre sus hombros.

***

Verlos llegar a los lejos, en menor número, con tantos heridos, la preocupó, y no solo a ella, Mateo salió disparado de su cueva.

Las noticias eran horribles, y no pudo evitar desplomarse al enterarse lo que le paso a Alexander.

La culpa que sentía era tan grande que no podía describirse.

Nunca lloró tanto, nunca sintió tal angustia, ni tanto resentimiento.

Solo fue hasta su habitación y se tiro en la cama, gritó, tiró todo, golpeo lo que pudo, nada alejaba la violencia, el odio, la furia de ese momento, ni siquiera el dolor.

Quería matar a todos, quería cortarlos a pedazos, no sabía porqué quiso tanto a Alexander, tal vez porque fue el único que confió en ella, pero eso no era lo importante, ahora, lo único que quería era venganza, por él, y por su pueblo, si estaba allí era por algo.

***

Magda y Erick tuvieron la pena de encontrar los restos de la batalla justo allí, cerca de la entrada a la capital.

-¿Compañeros tuyos?.- preguntó ella con una mano en el hombro de Erick que se encontraba arrodillado justo en frente de un cadáver.

-Si.- respondió tratando de disimular la pena.

Magda se agachó a su lado y toco la sangre, esos cuerpos estaban frescos, ni siquiera había pasado un día de esa batalla.

Miro a Erick, la expresión en su rostro era sombría, inexpresiva.

-Tenemos que llegar lo antes posible para saber que paso.- dijo levantándose y comenzando a caminar.

Magda solo lo siguió, atrás, quería dejarle espacio, sabía lo que era perder a alguien en esta situación.

Pero a pesar de su experiencia, nunca vio un escenario tan crudo, había caballos con el cuerpo y las patas cortadas, hombres que seguro le hirieron una pierna y luego le atravesaron el pecho, simplemente, más barbarico de lo que pudo imaginarse nunca.

Si este era el campo de batalla, no quería imaginar las torturas.

Mientras caminaba miraba el cielo, estaba tan bello esa mañana, a pesar de esa escena, había muchos pájaros volando en V, se acordó enseguida de su querida amiga, siempre recalcando sus amplios conocimientos, sonrió nostálgicamente, ¿se acordara de ella?, tal vez en su mundo se borro todo recuerdo de su persona, en parte esta bien, sería triste que su familia choque con su desaparición.

***

Mateo solo veía el horror, no sabía como curaría tanta gente, ni siquiera había lugar.

Los metieron a todos en un granero con camas de paja y telas improvisadas.

Algunas mujeres fueron a ayudar, iban y venían con agua, vendajes, ünguento y alcohol.

Había hombres que ya ni con un poder divino se salvarían, así que a esos los apartaron y dejaron que su familia, si los encontraban y con suerte, se despidieran de ellos.



Mina Aquino

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En el texto hay: historia

Editado: 31.03.2019

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