Volver a Amar. #3

Capítulo 11.

🦋Geraldine🦋

 


Entre bajo la ducha caliente, era diferente vivir aquí donde habían todas las comodidades que uno necesita, no me quejo de nada de esto, solo que sigue siendo raro. En mi antigua casa las duchas siempre eran heladas, la comida era escasa y algunas veces no había electricidad. Comienzo a enjabonarme el cuerpo con el jabón especial que he usado siempre.

Fue en una cita con la doctora, en donde me dijo que debo usar un jabón diferente a los demás, debido a mi sudor. Es difícil ser diferente, quisiera ser una adolecente normal... pero no puedo.

Con un suspiro agotado termino de bañarme, salgo de la ducha y seco mi cuerpo.

Hoy es miércoles, por lo cual voy a trabajar en la biblioteca y luego debo ir a cuidar a Nathan.

Estos días he ido como de costumbre, siempre encuentro a Cayden, es algo molesto yo lo ignoro todo lo que puedo pero debo admitir que me cae algo mejor que antes. Pero eso no significa que ya es mi amigo.

No necesito amigos, lo último que necesito es eso. Cindy es suficiente, no me imagino lo que pasara cuando muera puede ser dentro de unos años, meses o días, no lo sé. Pero cuando llegue ese día prefiero no tener que preocuparme por las personas que voy a lastimar. Cuando mi papá murió, dios, fue doloroso, horrible, no quiero que alguien pase eso por mi culpa.

Mi mamá... ella lo tomo de la peor forma, de tal manera que suicidarse fue su camino más fácil. Ahora no la culpo tanto por lo que hizo, yo también he intentado acabar con mi vida en varias ocasiones, pero no soy lo suficientemente valiente.

Para mí una persona que se suicida es una persona muy valiente y cobarde a la vez.

Tener la valentía de acabar con tu vida no la tiene cualquiera, pero a la vez comete un acto demasiado cobarde, preferir la muerte antes que resolver el problema no está bien pero es el camino más fácil.

Miro mis muñecas ya cicatrizadas jurando en vano no volver a cortarme de nuevo pero sé que eso no va a suceder, sé que lo volveré a hacer porque una vez que comienzas es difícil parar.

Me visto en el baño con un vestido que mi tía Celia me regaló, no suelo usar vestido ya que intento no llamar mucho la atención. Salgo del baño y me encamino a mi cuarto.

Lo primero que hago es buscar unas bailarinas azules que combinan con el color de mi vestido, y luego rebusco en mis cajones mi pulsera de trapo negra que tapa las marcas de mi muñeca.

Lo último que hago es secar mi cabello con la secadora y arreglarlo, maquillarme no lo hare, usar un vestido ya es un gran paso.

Salgo del cuarto con mi cartera y bajo las escaleras para toparme con mi tía leyendo una revista de moda.

Levanta su vista y sonríe.

—Vez, te dije que el vestido de la colección pasada te quedaría espectacular.

Sonrío apenada y bajo la mirada al suelo incomoda. Celia siempre viste como si fuera a salir, sale al trabajo pero hay días en los que no e igual sigue así de impecable.

Mientras yo solo quiero usar mis capuchas y algún pantalón.

—Gracias.


Me dirijo a la cocina y no sé qué comer, la verdad no tengo hambre. Agarro unas galletitas de vainilla de la mesada y voy junto a mi tía para besar su mejilla.

—Ya me voy —Murmuro despidiéndome.

—Ten cuidado, Ger.

Asiento con una sonrisa mientras salgo de la casa. Los miércoles no voy al colegio, es un acuerdo que converse con la directora cuando mi padre murió, consistía en que yo necesitaba ayudar a mí mamá con los gastos de la casa y trabajaría un día completo en el comercial donde trabajaba antes.

Pues ahora solo voy a trabajar desde las ocho hasta las dos luego almorzare e iré a cuidar a Nathan.

Cuando llego a la Universidad me apresuro en ir directo a la biblioteca. No quiero encontrarme con nadie en este momento, aunque no estoy de suerte.

Choco con alguien y sus hojas vuelan en todas direcciones... demonios.

Asustada por la reacción del joven levanto la mirada y veo que el muchacho me mira con una mueca de fastidió, pero luego de unos segundos me mira todo el rostro en lo que yo me ruborizo y comienzo a tomar todas las hojas para poder salir del lugar. Una vez que las juntos todas se las paso pero él no las agarra sigue mirándome.

—Tus hojas –Digo captando su atención, él parpadea y las toma—, Lo siento.

Cuando pienso salir pitando del lugar él me agarra de una mano y ese gesto me atemoriza por lo cual miro sus ojos verdes con recelo.

—¿Tus ojos son reales?

Eso es lo primero que sale de su boca. 
Frunzo el ceño apartando mi mano de golpe.

—Sí —Dije a secas—, con permiso.

No deje que me respondiera y seguí caminando pero él no tardo en volver a tomarme de la mano.

Giré y me puse frente a él.

—No me toques.

—Tranquila bonita —Dijo pasando una mano por su cabello rubio— soy Cameron, me preguntaba si no querías salir conmigo está noche.

Lo mire con una mueca ¿Así eran las cosas en la Universidad? ¿Pedir citas a extraños?

—No gracias.

Él me miró con el ceño fruncido nuevamente y decidí retomar mi camino. El tal Cameron decidió caminar al lado mío lo cual me puso nerviosa.

— ¿Eres de las difíciles?

Gruñí en respuesta.

—Me encanta.

Negué con la cabeza, este es peor que Cayden.

Cayden, mierda, si no salgo de aquí pronto el terminara encontrándome, esta Universidad es enorme pero siento que él me encontrara.

— ¿No eres algo joven para venir a la universidad?

—Ajá.

Sentía su mirada pero no le hice mucho caso.

—¿Eres siempre tan cortante?

Asentí.

—A mí me dijeron que las calladas son las que más hablan cuando están en la cam...

Pare de golpe.

—Cállate.

Sí antes solo estaba algo sonrosada ahora toda mi cara debía parecer un maldito tomate. Él se rió.



Mila Baez

Editado: 31.12.2020

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